La música, una vía de comunicación

Tras el parto, el médico coloca al bebé sobre el pecho de su madre y éste se calma al oír su corazón, ya que ese ritmo le resulta familiar y le ayuda a sentirse seguro.

Además, los padres suelen adaptar su forma de hablar a los momentos de intimidad con el bebé. Y no solo la cadencia y la entonación de su voz, también los movimientos del cuerpo y de las manos, los gestos y miradas, los silencios, los grititos... Así crean un ambiente lleno de sonido y de afecto, en el que se comunican con su hijo, disfrutan y se divierten.

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El bebé siente predilección por esta relación “cara a cara”, cargada de “música” de una cadencia muy especial, y pronto responde con sonidos bucales, balbuceos, expresiones faciales y movimientos, en un intento de imitar los patrones del habla de sus papás.

Sin duda, en los primeros meses de vida, el sonido que más llama la atención del bebé es la voz de su madre, por eso se tranquiliza cuando ella lo acuna en brazos cantándole una nana. Este efecto también puede transmitirlo el padre, una vez que el bebé reconoce el sonido y el timbre de su voz. Y los beneficios se multiplican si acompañan el momento con caricias.

A veces los padres se agobian si no recuerdan la letra de la nana que quieren cantar a su hijo, pero esto carece de importancia. Para que surta efecto sólo han de procurar:

  • Que la melodía sea repetitiva, para que el bebé pueda memorizarla sin demasiado esfuerzo y la reconozca en el futuro.
  • Que incluya palabras fáciles de pronunciar y de entender (papá, mamá, nene, agua...).
  • Escoger un momento tranquilo, que permita una dedicación exclusiva. El bebé aún no capta las palabras, pero sí los sentimientos a través del tono: no debemos alzar la voz ni bajarla demasiado.

    A medida que pasan los meses, es bueno recurrir a las canciones infantiles de siempre, ya que tienen una calidad especial. Como son muy repetitivas, el niño puede anticiparse a lo que va a ocurrir y participa de forma activa: da “palmas palmitas”, gira las manos al son de los “cinco lobitos” o coge las de su mamá para moverlas con ella, mientras la mira atentamente y comparte su alegría.

    Estas canciones implican una relación directa con el pequeño y crean un clima íntimo, esencial para su buen desarrollo.

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    Es importante que los padres vocalicen mucho al cantar, porque el niño se fija en los gestos y en el movimiento de la boca y va tomando conciencia de las expresiones faciales que acompañan a las palabras, algo básico para aprender a hablar.

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