Por qué está de mal humor

Lleva una temporada que pasa de estar contento a ponerse insoportable. ¿Qué le ocurre? ¿Cómo debes actuar con él?

A veces los padres no reconocen en su hijo al niño tan tierno y encantador que fue en sus primeros años. Se enfada por nada, les habla mal y no entra en razón.

Conocer los posibles motivos de su actitud es básico para comprenderle mejor, evitar discutir con él y ayudarle a ponerse de buen humor.

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SE SIENTE FRUSTRADO

Entre los 5 y los 7 años el niño pasa por una etapa turbulenta que algunos psicólogos denominan “adolescencia de la primera infancia”.

Ya es más independiente de sus padres y su vida fuera de casa (el colegio, sus amigos, sus hobbies...) cobra mucha importancia para él.

Es normal que sobrevalore sus capacidades y que intente tareas que están por encima de sus posibilidades. Es su manera de aprender y de avanzar y la frustración que en ocasiones acompaña sus intentos es desagradable, pero sana.

Cuando le salga algo mal, no te extrañes si se pone de un humor de perros y te echa la culpa de su error.

Lo hace porque a nivel emocional aún es muy inmaduro. No hagas caso de sus comentarios y muéstrate paciente con él.

Si no quiere saber nada de ti y se aleja enfadado, déjale tranquilo hasta que se desahogue. Los niños necesitan vivir frustraciones para madurar.

Tu ejemplo es esencial para él, por eso debes mantener el autocontrol en cualquier situación que provoque su mal humor.

CANSANCIO, ESTRÉS...

La capacidad para tolerar las frustraciones disminuye cuando el niño está demasiado cansado. Se enfada a la mínima, se vuelve testarudo y protesta por todo.

El único remedio para solucionar esto es procurar que duerma más. Si tu pequeño se resiste cuando llega el momento de irse a la cama, avísale diez minutos antes, para que se vaya haciendo a la idea, y respeta la hora a rajatabla.

Y para evitar que se acueste de mal humor, convierte este momento en algo agradable (léele un cuento, dale un masaje...).

Otro motivo que pone de mal humor a los niños es que su larga jornada escolar hace que apenas les quede tiempo para jugar. Tenlo en cuenta y procura que tu hijo tenga todos los días un rato para distraerse a su aire.

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El juego libre ayuda a los niños a eliminar tensiones, asimilar experiencias difíciles, superar miedos y estar más felices.

Sea cual sea el motivo de su mal humor, convéncete de que es propio de su inmadurez, no de cómo le tratas (así te será más fácil ayudarle a superarlo), y procura que no estropee el ambiente en casa.

Habla con tu hijo y dile que sus arrebatos son molestos para todos. Acuerda con él que cuando se ponga insoportable deberá quedarse en su cuarto hasta que se serene.

Eso sí, una vez que se calme, dale un abrazo. Así irá entendiendo que para estar todos bien, cada uno debe aportar su granito de arena.

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