Aún se hace pis en la cama

Cerca de un 20% de niños de 5 años siguen mojando la cama. ¿Cuáles son las causas? ¿Cómo podemos ayudarles los padres?

En torno a los 2 años y medio los peques aprenden a controlar los esfínteres durante el día, y alrededor del tercer cumpleaños, muchos ya son capaces de mantenerse secos por la noche. No obstante, un porcentaje de ellos no consiguen controlar la micción mientras duermen.

Su problema, denominado “enuresis nocturna primaria”, puede deberse a varias causas, casi siempre físicas:

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  • La mayoría de las veces el niño tiene un sueño tan profundo que no se despierta aunque necesite hacer pis.
  • También puede ocurrir porque su vejiga todavía sea muy pequeña.
  • En otros casos se encuentra alterado el circuito nervioso que avisa al cerebro cuando la vejiga está llena y hace que nos despertemos.

    Por todo ello, y teniendo en cuenta la corta edad del niño, es el pediatra, antes que el psicólogo infantil, quien debe explorar al pequeño para determinar el origen de su problema.

    Diversas soluciones

    El sueño profundo, que constituye el motivo más habitual de la enuresis, es una característica hereditaria sobre la que difícilmente podemos influir. No obstante, si tu hijo tiene este problema, hay pautas que pueden ayudarle:

    • Procura que no beba mucho durante la cena ni antes de acostarse.
    • Levántale para hacer pis cuando te acuestes tú, aunque esté dormido.
    • Durante el día, cuando haga pis, dile que corte el chorro varias veces. Así aprenderá el “arte” de aguantar.
    • Establece un sistema de premios. Anota en un cartel los días que se levanta seco y cuando lleve varios seguidos, hazle un regalito.

      ¿Origen emocional?

      A veces ocurre que el niño vive unas experiencias que le afectan tanto que, aunque ya controlaba el pis por la noche, vuelve a mojar la cama. Sufre entonces “enuresis secundaria”. Es lo que le pasó a Enrique cuando sus padres se divorciaron y a Eva cuando se enteró de que es adoptada.

      Otros niños presentan este problema cuando se acaban las vacaciones y vuelven al colegio. En estos casos hay que dar tiempo al tiempo (es lo que necesitan los niños para asimilar las situaciones que más les desconciertan), mostrarnos pacientes con ellos y consultar con un psicólogo infantil si lo creemos necesario. Al superar el trauma, los escapes nocturnos dejan de existir.

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      En ambos casos (enuresis primaria y secundaria), los pequeños mojan la cama muy a su pesar, así que las críticas y los castigos solo sirven para angustiarlos. Ningún niño debe ser reñido ni ridiculizado por tener este problema. La comprensión y el no sobrevalorar sus escapes son las dos claves para conseguir que los pequeños dejen de empapar las sábanas.

      También es fundamental evitar que esta dificultad les frene en sus contactos sociales. Si el niño quiere dormir en casa de un amigo, hay que permitírselo, avisando a la familia con la que se va a quedar para que cubran el colchón de su cama con un empapador. No hay ningún motivo para que el pequeño se sienta avergonzado. Si le tratamos con naturalidad, no sufrirá por su problema.

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