"Tienes que masticar más"

Lograr que los niños coman despacio y que mastiquen mucho cada bocado es la mejor manera de evitarles molestias de estómago.

El reflejo de masticar aparece en el niño en cuanto comienzan a salirle los primeros dientes. Por eso a los 2 años, cuando ya tiene la dentadura completa, está preparado para masticar y puede comer prácticamente de todo.

La masticación es tan importante para él como la succión para el lactante. No sólo le ayuda a triturar los alimentos para poder ingerirlos y digerirlos mejor, sino que además estimula el desarrollo de su mandíbula, fortalece sus encías, contribuye a que su dentadura se mantenga sana e influye en el crecimiento de su cara.

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Si no se estimula esta musculatura, se irá debilitando y el desarrollo de la cara tal vez no sea todo lo armonioso que debería. Otra ventaja de masticar bien los alimentos es que se segrega más saliva, cuya acción bacteriana elimina los posibles gérmenes que pueden estar presentes en los alimentos.

COMER JUNTOS Y SIN TELE

Si tu hijo come en un abrir y cerrar de ojos, traga sin apenas masticar y bebe poco durante las comidas, no sólo se está privando de las ventajas que podría reportarle una buena masticación, sino que puede atragantarse y sufrir digestiones pesadas y problemas de gases. Estos trucos pueden serte útiles:

  • Los niños aprenden por imitación, así que la mejor manera de enseñarle es dándole buen ejemplo. Procura comer con él al menos una vez al día y cuando mastiques, exagera mucho tus gestos y hazlos lentamente. Demuéstrale que comes despacio, sin prisas, así intuirá que él debe hacer lo mismo.
  • Habitúale a comer sin ningún tipo de distracción. Si lo hace delante de la tele comerá por inercia, deprisa y sin masticar. Lo mejor es aprovechar este momento para hablar con él.
  • Mientras esté comiendo, recuérdale que beba agua. Esto le obligará a parar y le ayudará a ensalivar mejor.

    EN LA MESA, TRANQUILIDAD

    Muchas veces somos los adultos quienes exigimos a los niños que coman rápidamente. Las prisas por llegar a tiempo al trabajo o a la guardería nos impiden dejar que los pequeños se tomen su tiempo para saborear los alimentos y esto puede acabar produciéndoles ansiedad y habituándoles a comer deprisa siempre.

    Es importante que crees un ambiente relajado durante las comidas. Aprovéchalas para planear el fin de semana con tu pequeño o para escuchar juntos música tranquila.

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    A veces los niños comen rapidísimo porque saben que nada más terminar les espera algo placentero, como ver la televisión o ir a jugar con su amiguito de la puerta de enfrente. Procura romper esta asociación.

    Para ello puedes fijar otra actividad para el final de la comida, como ayudarte a quitar la mesa. Los primeros días protestará, pero luego se acostumbrará y así conseguirás que coma con más calma.

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