Preparado para lanzarse a hablar

Los niños de 18 meses emplean 10 o 12 palabras para expresarse. Sin embargo, en el siguiente semestre pasan a dominar más de 200. Dada su asombrosa capacidad para aprender a hablar, ¿es necesario ayudarles en este aprendizaje?

Tu hijo cada vez manifiesta una mayor curiosidad por conocer lo que le rodea: su modo de preguntarte es señalando con insistencia el objeto de su interés y balbuceando una pregunta incomprensible, pero con un significado evidente: “¿qué es eso?”.

Al responderle con un monosílabo le ayudas a ampliar su vocabulario, pero si además le explicas que “eso” es de cierto color y sirve para tal cosa, le facilitas la comprensión del lenguaje.

CON UNA SOLA PALABRA FORMA UNA FRASE ENTERA

Los sustantivos son los primeros términos que utilizan los niños. Enseguida aprenden los nombres de las personas, animales, comidas y objetos de su entorno más cercano. Estas primeras palabras tienen múltiples significados y pueden constituir por sí solas una frase.

Los gestos y la expresión de la cara del pequeño ayudan a desvelar el significado.

Alrededor de los 24 meses empiezan las frases telegráficas de dos y a veces hasta tres palabras, como “nene bueno” o “mamá tero agua”. Pasado el segundo año hacen su aparición los posesivos y las frases negativas.

Hay niños que con 18 meses saben utilizar bien hasta 50 palabras. Otros, sin embargo, no emplean más de cuatro o cinco términos. Ambos casos son normales y es seguro que los niños del segundo grupo conocen y entienden muchas más palabras de las que utilizan.

Que sean más callados no significa necesariamente que sean menos inteligentes, porque hay numerosos factores que influyen en la conquista del lenguaje: el carácter del pequeño, si tiene hermanos o es hijo único, si va a la guardería o se queda en casa, si sus padres hablan mucho o son personas que prefieren escuchar...

ESCUCHARLE MUY ATENTOS Y CELEBRAR SUS AVANCES

Otros dos aspectos fundamentales en este aprendizaje son la cantidad de tiempo que los padres conceden al diálogo con su hijo y la riqueza del vocabulario que utilizan.

También influye mucho que los padres manifiesten ilusión e interés por escuchar lo que sus hijos quieren contarles, aunque más de la mitad de su intervención sea ininteligible.

Hay dos señales inequívocas de que el pequeño empieza a mostrarse interesado por el lenguaje:

  • Que repita la última palabra o sílaba de todo lo que se le dice.
  • Y que trate de expresar sus ideas o intente preguntar cosas soltando parrafadas en su idioma particular. Por tanto, no hay por qué preocuparse si el niño, a los 18 meses, sólo dice papá, mamá, nene y agua, siempre que entienda la mayor parte de lo que le decimos y muestre deseos de hacerse entender y de interactuar con los demás.

    Cuando hable, tendrás que hacer un esfuerzo por demostrarle que le entiendes, aunque sus expresiones sean casi indescifrables, porque pronunciar bien no es nada sencillo y para aprender a hacerlo correctamente hace falta tiempo, entrenamiento y buenas dosis de ánimo por parte de los padres.

    La manera de ayudar a tu hijo a pronunciar bien es muy sencilla: no imites su lengua de trapo y no le desanimes. Por el contrario, cuanto más le animes valorando su esfuerzo y corrigiéndole sin que lo note, antes y mejor aprenderá a hablar.

    BIEN POR LOS MONÓLOGOS EN SOLITARIO

    Si tu pequeño está solo en su dormitorio y le oyes parlotear incesantemente y repetir una mezcla de palabras reales y sonidos inventados, no le interrumpas: a todos los niños les encanta escucharse cuando están aprendiendo a decir sus primeras palabras, y este juego favorece el entrenamiento de la pronunciación y el uso del lenguaje como forma de expresión.

    En otras ocasiones se trata de auténticas “conversaciones” que los pequeños entablan con sus muñecos, algo que les ayuda a demostrar sus sentimientos y a comprender mejor a los demás, a la vez que constituye una práctica de socialización estupenda.

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