¿Y esto de qué color es?

Aunque percibe los colores desde hace mucho tiempo, tu pequeño tiene que aprender a reconocerlos y a distinguir unos de otros. Gracias a tu imaginación y perseverancia lo logrará divirtiéndose mucho.

Según los expertos, el niño puede aprender a identificar los colores desde los 18 meses.

Su primer acercamiento al mundo cromático viene determinado por los estímulos que recibe del adulto.

Somos nosotros quienes le enseñamos a discriminar unos colores de otros. Así aprende a diferenciarlos y puede empezar a atribuir cualidades cromáticas a los objetos.

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Al principio interiorizará este aprendizaje siguiendo nuestras indicaciones.

A base de repetirle el nombre de un color y de señalarle objetos que lo contengan, lo memorizará. En definitiva, lo aprenderá imitando.

Luego conseguirá entender y asimilar dichas nociones cromáticas gracias a su proceso natural de maduración cognitiva.

Hay niños que aprenden los colores con 2 años y otros que siguen confundiéndolos con 4. No pasa nada, no es algo que tenga que ver con el nivel de inteligencia.

JUEGOS CROMÁTICOS

Hay muchos estímulos con los que puedes enseñar los colores a tu hijo:

Aprovecha las situaciones cotidianas para recordarle de qué color es cada cosa: “voy a ponerte la camisa azul”, “el tomate está muy rojo”...

Juega con él a coger los objetos que sean del mismo color (piezas de construcción, lápices, pinzas...).

Cuando le hables, procura hacer alusión al color de los objetos: “¿puedes traerme el bolso verde?”, “¿has visto mis zapatos negros?”.

Adapta el “veo, veo” tradicional a los colores. Le encantará.

Enséñale canciones que hagan referencia a los diferente tonos.

Cómprale un cuento para colorear y no te extrañes si pinta cada cosa como le apetece (el cielo rojo, el jardín azul...). Poco a poco irá ordenando su paleta interior de colores.

LA AFECTIVIDAD CUENTA

En el aprendizaje del entorno, el niño se rige principalmente por criterios afectivos.

Por eso el tono y la intención que utilicemos al referirnos a cada color influyen en su forma de asimilarlos y en las connotaciones positivas o negativas que el pequeño atribuye a cada color.

No es lo mismo decirle “¡vaya un gorro rojo que te has puesto!”, con cierta acritud, que comentarle con alegría “¡qué gorro rojo tan bonito llevas!”.

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Hay que tener mucho cuidado con esto para evitar que el niño, debido a nuestros comentarios, rechace los alimentos colorados, o se asuste al ver a alguien vestido de rojo.

Con el tiempo él mismo irá perfilando sus preferencias e irá asociando los colores a situaciones agradables o tristes.

Pero de momento lo ideal es transmitirle la idea de que todos los colores son preciosos.

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