Los beneficios de que tu hijo invite a sus amigos a casa

Tu hijo se encuentra en una edad en la que le encanta estar con otros pequeños y pasar el mayor tiempo posible con ellos. Por eso insiste incluso en invitarlos a vuestra casa, una experiencia muy positiva para él.

A los 4 años el niño ya sabe cómo entablar amistad con otros pequeños.

“¿Te vienes a mi casa a merendar y a jugar con mis muñecas?”, pregunta Elena a su amiga Esther, con una enorme ilusión, mientras montan en los columpios.

“¿Es que todavía no habéis jugado bastante?”, apunta su madre, “llevamos toda la tarde en el parque”.

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MÁS MADUREZ EMOCIONAL

¿Te suena esta escena? No te sorprendas de que tu pequeño tenga tantas ganas de estar con otros niños.

A su edad ya dispone de ciertas habilidades sociales que le facilitan el contacto con sus coetáneos:

  • Le resulta más fácil compartir sus juguetes porque su sentido del “yo” está mucho más asentado que hace un año, cuando dejar sus cosas equivalía casi a prestar una parte de sí mismo. Y porque se ha dado cuenta de que prestar no significa perder.
  • Ahora sabe negociar y hacer tratos (“tú eres la mamá que llega de trabajar y yo el bebé que quiere el biberón, ¿vale?”). Y también es capaz de renunciar a una idea con tal de que el juego prosiga. A esto se une que ha ganado mucha fluidez verbal. Ya dispone de unas 1.500 palabras para expresar lo que quiere.

    El peor insulto para un niño de 4 años es “ya no eres mi amigo”.

    Por primera vez en su vida son importantes las opiniones de personas distintas a sus padres y el contacto con sus amigos se ha convertido en algo muy valioso, ya que a través de ellos se descubre a sí mismo.

    Gracias al “toma y daca” con los otros pequeños va dándose cuenta de cómo se relaciona él, cómo reacciona ante las frustraciones, qué puede hacer para salirse con la suya...

    Y también se percata de cómo se comportan los demás. Por todo ello es bueno que, si a tu hijo le hace ilusión, invites a un amiguito suyo a vuestra casa.

    SONRISAS Y LÁGRIMAS

    A pesar de sus ganas de tener a su amigo en casa, no es raro que al poco rato de estar juntos se peleen o discutan.

    Por eso debes vigilarlos y estar al tanto. Estas pautas te ayudarán cuando los ánimos se calienten:

    • Deja que cada uno te cuente su versión de lo ocurrido. Muchas veces esto basta para que sigan jugando tranquilos. Y si no, ofréceles alguna solución, como jugar primero a lo que quiere uno y luego a lo que le gusta al otro.
    • Proponles un descanso, como merendar o ver una película. Jugar juntos les exige mucha energía y es lógico que después de pasar un tiempo juntos, terminen cansados. El agotamiento merma su capacidad para aguantar frustraciones, por eso no conviene alargar las visitas más de dos horas.
    • Si se enzarzan en una pelea, sepáralos y anímales a solucionar su problema con palabras. A esta edad todavía es normal que recurran al lenguaje no verbal, pero aun así, cada pelea, cada reconciliación y cada rato que pasan juntos es una nueva oportunidad para fomentar su sociabilidad.
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