Mi familia y yo

La madre, el padre, los abuelos, los hermanos, los tíos... Cada uno ejerce un rol concreto en la familia. Interaccionando con todos ellos, el pequeño gana autonomía y seguridad y aprende valores tan fundamentales como la tolerancia o el respeto.

El entorno familiar es una especie de “mini” sociedad para el pequeño.

Sus integrantes (padre, madre, hermanos, abuelos, tíos, primos...), con su manera de actuar y de tratarle, le enseñan formas de comportamiento, virtudes y, por qué no decirlo, también algún que otro defectillo.

CADA UNO EN SU LUGAR

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Cada uno ocupa su lugar dentro de este contexto y con cada uno el niño establece relaciones diferentes.

En los primeros años (especialmente en los dos primeros) la madre supone un apoyo importantísimo para él.

Depende totalmente de ella para satisfacer sus necesidades más básicas (de sueño y de estar alimentado, limpio y acompañado).

Sus constantes cuidados y su amor incondicional le transmiten una seguridad que resultará fundamental en su evolución futura.

También la presencia del padre resulta enormemente beneficiosa para el bebé.

Cuanto antes empiece el niño a sentirse cuidado y arropado por él, antes fluirá entre ellos una relación de cariño y confianza, que reforzará mucho su autoestima.

En cuanto a sus hermanos, creciendo junto a ellos el peque aprende a competir, a superarse, a tolerar la frustración y también a jugar y divertirse sin reclamar a sus padres.

Los abuelos, por su parte, le proporcionan un concepto más amplio de la familia, al tiempo que le muestran las ventajas de ser paciente y tolerante con todos.

Y, por último, los tíos y los primos refuerzan su sentido familiar y enriquecen su mundo con nuevas perspectivas y formas de hacer las cosas.

Todos ellos constituyen un contexto cercano, en el que el pequeño se siente suficientemente arropado para evolucionar como persona.

Los estímulos que el niño recibe en este entorno conforman su visión del mundo, sus gustos y su carácter, factores que le van haciendo independiente y autónomo.

Para que este desarrollo sea más sencillo y positivo conviene crear un entorno familiar estructurado, en el que cada uno tenga muy claro cuál es su papel (los padres son padres, no colegas; los abuelos constituyen una ayuda muy importante, pero no son los responsables de educar al nieto...), y evitar los grupos de poder (si la madre se alía con el hijo frente al padre, es seguro que aparecerán conflictos, y si los niños hacen “panda” con el padre para oponerse a la madre, también).

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UN CONTEXTO PACÍFICO

Además, es fundamental procurarle a diario un ambiente relajado y tranquilo, en el que no haya tensiones ni discusiones acaloradas.

La calma transmite seguridad y hace que las normas resulten más lógicas y fáciles de comprender.

Si además viene acompañada por ciertas dosis de buen humor, madurar será mucho más sencillo y agradable para el peque.

La risa, la alegría, las bromas… manifiestan autoestima personal y empatía con los otros.

El hecho de que estén presentes en el día a día ayuda al pequeño a ser más sociable y a aprender más rápido.

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