¿El calor quita el apetito al niño?

Estas pautas te ayudarán a evitar que las comidas de verano se conviertan en un campo de batalla.

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D.R.
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¿Con el calor come peor?

En verano los niños queman menos calorías porque, al no hacer frío, no necesitan energía para mantener su temperatura corporal; como consecuencia, tienen menos hambre. Y si además hablamos de niños mayores de 2 años, que requieren menos alimento porque ya no crecen tan rápido como antes (el crecimiento se ralentiza a partir de los 12 meses de vida), la disminución del apetito se hace más evidente y se convierte en un asunto de preocupación para sus padres.
Si estás viviendo esta situación con tu hijo, ya ves que existen causas fisiológicas que la explican. Tenlo presente y evita preocuparte por ello, ya que lo único que hacen las tensiones en torno a las comidas es reducir más las ganas de comer del pequeño. En lugar de ello, pon en práctica estas pautas.

Mantén un horario

No pasa nada si lo cambias, adelantándolo o atrasándolo, respecto al que hacéis en invierno. Pero intenta que no varíe cada día, o el organismo de tu hijo no “sabrá” cuándo debe tener hambre. Por otra parte, ahora que pasáis más tiempo al aire libre y las costumbres se relajan, es fácil que el niño pida algún snack en un establecimiento por el que paséis. Si siempre se lo das se creará un mal hábito, porque asociará las salidas con alimentos con calorías vacías (patatas fritas, bollos...), que le quitarán el hambre para las comidas principales.

Comed en familia

Y a ser posible, al aire libre, en un lugar que se encuentre a la sombra. La comida debe ser un momento para estar reunidos en buena armonía. Si tu hijo te pide permiso para levantarse al terminar su plato, dáselo; a los niños no les va bien la sobremesa porque su naturaleza los empuja a moverse.

Déjale participar en los preparativos

Como poner la mesa o decorar la ensalada, con rodajas de pepino, tomate o rábano. Hará que se sienta orgulloso de ayudar y comerá con más ganas. Otra buena idea: ofrecerle platos divertidos, en los que la comida tenga formas curiosas como una cara con ojos (tomatitos cherry), nariz (una aceituna sin hueso) y orejas (dos rodajas de huevo cocido) logrará que comer sea un juego.

Prepárale solo un plato

Si es rico en hidratos de carbono, proteínas y vitaminas, es suficiente para el niño. Con el calor suelen ir muy bien las recetas a base de arroz o de pasta, mientras que los guisos de lentejas y garbanzos suelen ser más apetecibles cuando hace frío. Si tu hijo solo quiere comer los primeros, no te agobies; como pertenecen al mismo grupo alimenticio, no es problema que se decante solo por alguno de ellos.
En este sentido, la Academia Norteamericana de Pediatría afirma que para el niño pequeño es suficiente si cada dos o tres días come algún producto de cada uno de los grupos alimenticios (lácteos, frutas, verduras, carnes, pescados y cereales).

Alíate con las ensaladas

Frías y a base de pasta (mejor incluso cuando es de figuritas o de colores), arroz o lentejas, combinados con trocitos de tomate, zanahoria cocida, atún en conserva, maíz, guisantes...

No olvides los alimentos ricos en sales

Se pierden con el sudor. Esto se compensa dando al niño alimentos como la carne, el queso, el pescado y los huevos (ojo, estos últimos solamente en casa o en sitios que te ofrezcan la máxima garantía).

Dale tentempiés nutritivos

De modo que te asegures de que está bien alimentado si, a pesar de los consejos anteriores, en las comidas principales come poco. Buenas ideas para el tentempié de media mañana o de media tarde: un minibocadillo con huevo, tomate y queso; un yogur con frutos secos picaditos; unos palitos de zanahoria con crema de queso; un vasito con trocitos pequeños de frutas variadas y galletita picada...

Elige helados adecuados

Son un buen postre o merienda, siempre que el niño no abuse de ellos y no sustituyan a la fruta. Los que tienen leche como base aportan más calcio y proteínas, y los de hielo apenas tienen calorías. También puedes hacerlosen casa, con yogur y frutas o con agua y zumo.

Descubre la merienda cena

Si tu hijo cena muy poco, opta por ella; adelantando la hora, es probable que se alimente mejor. Una opción: un bocadillo, una pieza de fruta y un yogur, quesito o fiambre.

Sobre todo, no le obligues a comer

Es contraproducente. Todo niño nace con una capacidad innata para regular la ingesta de alimento (sabe intuitivamente lo que necesita su cuerpo). Si te preocupa que esté mal alimentado, pésale de vez en cuando para comprobar si realmente come tan poco como te parece; normalmente es menos alarmante que la sensación materna.

La Academia Norteamericana de Pediatría mantiene esta regla: los padres deciden qué, cuándo y dónde come el niño y él decide cuánto come y si come; así se respeta su sensación de hambre. Yo añado una afirmación: un niño que está activo, juega, corre y al que se le ve contento, está bien alimentado.

Bebidas que alimentan

Además de poner en práctica estos trucos para aumentar su apetito y de optar por alimentos apetecibles, conviene que te asegures de que bebe el agua suficiente y que le des otras bebidas sanas.

Buenas ideas

Batidos. Al estar hechos de fruta (fresa, naranja, sandía, manzana...) y leche, resultan de lo más nutritivos. Y los niños se los toman genial en verano. Intenta no añadir azúcar.

Zumos caseros. Son refrescantes y fáciles de beber y con ellos te aseguras de que el niño toma vitaminas y minerales.

Horchata. Dásela de vez en cuando y no antes de comer, porque sacia mucho.

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