Así debe ser la cena del niño

Aporta a tu hijo los nutrientes necesarios para su desarrollo y le ayuda a descansar mejor. Por eso es tan importante no descuidarla.

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D.R.
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Parte esencial de la dieta

La cena debe ser más liviana y fácil de digerir que la comida del mediodía, por un motivo muy simple: después de cenar nos vamos a dormir y una comida pesada dificulta el sueño. Por esta misma razón, procura que tu hijo meriende todos los días: si no, llegará con mucha hambre a la cena y comerá en exceso.

Y nunca dejes que se vaya a la cama sin cenar, porque dejará de tomar unos nutrientes que necesita. Además, si no cena es fácil que el hambre le despierte a horas intempestivas de la noche y que, por lo tanto, le impida descansar bien.

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Variada y en familia

Otro consejo importante es que la cena complemente la comida del mediodía, para que la dieta sea equilibrada. Si tu hijo come en el colegio, pide que te faciliten el menú escolar. Así sabrás lo que toma por el día y cómo actuar en consecuencia por la noche.

Para que tu hijo no se aburra de cenar siempre lo mismo, prepárale platos variados no sólo de contenido, sino también de texturas. Si un día le haces menestra, la noche siguiente no le ofrezcas las verduras de la misma manera, dáselas en ensalada, sopa o puré. También debes tener en cuenta las necesidades específicas de tu hijo cada día.

Por otro lado, como es posible que esta comida sea el único momento del día en el que coinciden todos los miembros de la familia, merece la pena organizarse un poco e intentar hacerla todos juntos, en beneficio de la convivencia familiar.

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Sin estos alimentos

Hay alimentos estupendos para otras horas del día, pero poco adecuados por la noche porque dificultan el sueño. Y otros que conviene evitar siempre. En todo caso, al preparar la cena a tu hijo, prescinde de...

- Guisos fuertes y excesivamente condimentados. El pepino, el ajo y el pimiento son especialmente indigestos.
- Precocinados. Llevan aditivos, muchos de los cuales desvelan, por lo que no convienen a estas horas.
- Fritos muy aceitosos. Nada más sacarlos de la sartén, ponlos sobre un papel secante para que absorba el exceso de grasa. Gracias a este sencillo truco le sentarán mucho mejor a tu hijo.
- Frutos secos. Muy energéticos, idóneos para el tentempié de media mañana o para la merienda, pero no para cenar. Del mismo modo, el chocolate aporta energía, pero es excitante y puede producir insomnio.
- Refrescos con burbujas. La acumulación de gases y la cafeína, si la llevan, le impedirán dormir bien.

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Con estos ingredientes

Para acertar siempre con las cenas de tu hijo, opta por darle platos ligeros y de fácil masticación, como éstos:

- Entrantes. Son recomendables los caldos y las sopas de pasta, las cremas y los purés claritos, las patatas cocidas, las verduras guisadas y la lechuga.
- Segundos platos. Deben ser menos contundentes que los de la comida: una carne ligera como el pavo y el pollo o un pescado suave como la pescadilla o el gallo. Las croquetas, las empanadillas y las varitas de pescado rebozadas o empanadas suelen tener mucha aceptación entre los pequeños.
- Por otra parte, los huevos, ya sea en tortilla, cocidos, rellenos o pasados por agua, son otras opciones excelentes para los niños.
- Postre. Alterna las frutas con los lácteos. Si tu hijo no acepta bien la fruta, dásela en forma de compota, de batido o de zumo. Y si no le apetece el postre nada más terminar de cenar, acostúmbrale a tomarse un vaso de leche tibia antes de irse a la cama, porque también la leche induce al sueño.
- De todas formas, no te empeñes en que el pequeño tome siempre un entrante, un segundo plato y un postre, porque no es necesario.

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