Claves de la alimentación del niño de 1 a 3 años

Descubre qué debes tener en cuenta para que tu hijo coma lo que necesita... y lo haga con gusto.

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D.R.
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Sin agobios

Es posible que algunos niños de entre uno y tres años empiecen a tener menos apetito y un bajo interés por la comida. Si es el caso de tu hijo, no te agobies. Conviene recordar que no hay ningún problema en que consuma muchas calorías en unas comidas y menos en otras siempre que el consumo calórico global esté dentro de lo normal.

Menos calorías, más proteínas

A esta edad, las necesidades calóricas son menores debido a que el crecimiento es más lento. Sin embargo, se produce un aumento en las necesidades de proteínas por el crecimiento de los músculos y otros tejidos. Para que no tenga ninguna carencia, toma nota de las recomendaciones dietéticas que desarrollamos a continuación.

Rechazo por los nuevos sabores

Si el niño muestra dificultad para masticar ciertos alimentos o rechazar nuevos (un proceso denominado neofobia alimentaria), se recomienda ofrecer alternativas, con diferentes sabores, texturas y colores, sin forzarle y, dentro de lo posible, dejarlo a su elección. Es frecuente que haya que llegar hasta los 8-10 intentos antes de que el pequeño acepte ese nuevo alimento.

Sin distracciones

Es recomendable acostumbrar al niño a comer en familia o con otros niños si la comida la realiza en la guardería. También es aconsejable que la comida se desarrolle alejada de juegos o distracciones como la televisión. Se puede intentar que coma solo, usando los cubiertos. En todo caso, es conveniente dedicarle el tiempo necesario durante las comidas para que aprenda a usar los cubiertos, el vaso... a la vez que disfruta.

La hidratación

La recomendación de consumo diario de agua para esta franja de edad es de 1,3 litros aproximadamente, que es el total de sumar el agua que proviene de los alimentos y la que los niños beben. Digamos que haciendo la resta, un niño de estas edades debería beber, más o menos, unos 0,9 litros/día, que equivalen a unos cuatro vasos de agua. Estas estimaciones son aproximaciones y en todo caso será el pediatra el que pueda darnos unas directrices más exactas.
Cuando los niños salen de casa, es recomendable que lleven una botella de agua con ellos, ya que no siempre hay fuentes cerca y la deshidratación es un peligro que se ha de procurar evitar.

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