¿Tu hijo come peor en verano?

Es normal. Aplica las pautas y trucos que te proponemos y te asegurarás de que está bien alimentado.

 

Publicidad - Sigue leyendo debajo
Cubre sus necesidades nutricionales

Con la subida de las temperaturas, el apetito de los niños disminuye. Y es normal: el calor aumenta su sensación de sed y les produce sequedad y pastosidad en la boca casi de continuo... Así, ¿cómo van a tener hambre?

Sin embargo sus necesidades nutricionales son las mismas que en las demás épocas del año; a ello se suma que pasan más tiempo jugando al aire libre y que, como los días son más largos, también se acuestan más tarde, por lo que están sometidos a un enorme desgaste calórico y no pueden estar sin comer.

Un poco de psicología

Para que no te agobies por la inapetencia de tu hijo, te damos algunas pautas muy eficaces con las que lograrás que esté bien alimentado.

- A la hora de darle de comer, procura ponerle un solo plato (así evitarás que se agobie al pensar que tiene que tomarse un primero y después un segundo) y sírveselo en un recipiente grande, para que tenga la sensación de que le has puesto una ración más bien escasa.
- Además, debes asegurarte de que su comida es equilibrada y completa e intentar que le entre “por los ojos”. Parece difícil, pero no lo es. Para conseguir todo esto, lo más acertado es que le sirvas la carne o el pescado de un modo colorista, es decir, adornado con las frutas, verduras y hortalizas de temporada.

Publicidad - Sigue leyendo debajo
Publicidad - Sigue leyendo debajo
Respecto a los horarios...

En verano es normal vivir sin estar pendientes del reloj. Pero ojo: muchos de los problemas estomacales habituales en esta época (diarreas, empachos...) se deben sobre todo al descontrol con las comidas, así que intenta seguir un horario regular con la alimentación de tu hijo.  De este modo, además, cuando llegue la hora de comer su estómago empezará a segregar más jugos gástricos y tu pequeño se sentará a la mesa con más ganas.

Una cierta rutina

En este sentido, aunque las rutinas no sean las mismas que el resto del año es fundamental evitar que un día coma a la una del mediodía y otro a las cinco de la tarde, que se salte una comida y haga la siguiente muy abundante, que se quite el hambre a base de chucherías, que pique a deshoras lo que le apetece...

Además, conviene ir complementando adecuadamente lo que come a lo largo del día para que siga una dieta equilibrada y controlada por ti en todo momento. Por ejemplo, es normal que en vacaciones se levante más tarde que cuando tiene que ir a la guardería o al colegio y que por esta razón no le dé tiempo a tomarse un tentempié a media mañana. Sin embargo, si le das una merienda-cena en el parque o en la playa, puedes ofrecerle una pieza de fruta o un vaso de leche antes de irse a la cama.

Publicidad - Sigue leyendo debajo
Publicidad - Sigue leyendo debajo
Ofrécele bebidas y platos frescos

Otro detalle importante es que le des comidas frías de por sí (ensaladas, gazpachos, entremeses...) y si no, que se hayan enfriado después de prepararlas (cremas, purés, arroces...). Los platos calientes sirven para templar el cuerpo y en esta época del año no hace falta. Además, producen una mayor sensación de saciedad que los fríos y, dado que tu pequeño no tiene hambre, es algo que conviene evitar.

También es muy acertado que aproveches su sensación de sed para proporcionarle alimentos líquidos como zumos y sorbetes, en lugar de darle refrescos envasados con burbujas (sólo aportan calorías vacías y gases). Dáselos fresquitos (pero no helados) para que le apetezcan más y procura hacerlos con las frutas, verduras y hortalizas propias de esta época del año (sandía, nísperos, melocotones...), mezcladas con las que podemos encontrar siempre, tales como plátanos, manzanas, peras... Así incrementarás las vitaminas y minerales de su dieta sin que él apenas se dé cuenta y mantendrás su organismo bien hidratado, además de mejor alimentado.

Agua, fundamental

Una bebida exquisita, nutritiva y muy típica del verano es la horchata. Tu hijo podrá tomarla si ya ha cumplido 1 año (no más de un vaso diario). Es fuente de minerales (hierro, calcio, potasio...) y de vitaminas (C y E), favorece el proceso digestivo y, como no lleva lactosa, es ideal incluso para los niños con intolerancia a la leche.

En cualquier caso, recuerda que estas bebidas y comidas líquidas nunca deben sustituir a la leche (para que te hagas una idea, entre el primer y el quinto año tu pequeño deberá tomar como mínimo medio litro diario) ni al agua, que es imprescindible para evitar deshidrataciones, sobre todo si tu hijo ha estado expuesto al sol (en la playa, en la montaña, en la piscina, en el jardín...) o ha hecho mucho ejercicio. Intenta que beba al menos un vaso de agua todos los días.

Publicidad - Sigue leyendo debajo
Publicidad - Sigue leyendo debajo
¿Y si coméis fuera con el niño?

Quizá os apetezca más llevaros la comida a la playa, a la piscina o al campo. En cualquier caso, hazlo en una neverita portátil, que conserve los productos a la temperatura idónea y que los mantenga a salvo de posibles contaminaciones. Déjala siempre a la sombra y ábrela sólo cuando sea estrictamente necesario.
Si preparas un puré a tu hijo, acuérdate de que tienes que esperar a que se temple antes de introducirlo en el termo. Si lo echas caliente es mucho más probable que los microbios proliferen y se malogre. Ten en cuenta también que tanto el embutido como las latas y los zumos se conservan mejor en envases que aún no han sido abiertos que en los que ya has utilizado.

Y para que todo salga bien, ese día recurre al picnic de toda la vida: bocadillos de fiambre, pollo asado, empanada gallega, filetes empanados, ensalada (lávala y alíñala justo antes de comerla), frutas y helados.

Buenas y malas opciones

Los tarritos son una opción ideal para los bebés, porque son muy fáciles de transportar y no se malogran a pesar del calor. Por el contrario, evita los fritos, los huevos, las salsas, las cremas y la nata.

Como consejo final, aprovecha las comidas veraniegas informales para dar a probar a tu hijo alimentos nuevos y, cuando sea posible, déjale cogerlos con los dedos (a todos los niños les encanta hacerlo). De esta manera, al estar en un ambiente distendido y ver que su padre y tú disfrutáis con lo que habéis preparado, es muy probable que se anime y coma con más ganas.

Publicidad - Sigue leyendo debajo
Publicidad - Sigue leyendo debajo
Ojo a las intoxicaciones

Además de ser regular con sus horarios y elegir bien sus alimentos, hay otras pautas para dar de comer correctamente a tu hijo y lograr que le siente genial lo que tome:

- Evita que las carnes y los pescados crudos entren en contacto con otros alimentos que vas a darle sin cocinar (frutas, hortalizas...).
- No uses el mismo utensilio para cortar o manipular alimentos crudos y cocinados. Por ejemplo, el tenedor con el que bates el huevo para hacer la tortilla a tu hijo no debe ser el mismo con el que luego se la das y el que utilizas para echar el filete crudo a la sartén debe ser diferente al que llevas a la mesa.
- No dejes en la encimera de la cocina los alimentos preparados y sin tapar más tiempo que el imprescindible para que se enfríen y así, una vez que estén fríos, ya puedas meterlos en la nevera.
- Añade al agua donde vas a lavar los ingredientes de la ensalada un chorrito de lejía específica para tratar los alimentos y unos minutos después, acláralos muy bien poniéndolos debajo del chorro de agua fría.
- Pela la fruta pero, para que no pierda vitaminas, hazlo justo antes de dársela a tu pequeño.
- Una costumbre muy agradable en el verano, que suele despertar el interés de los niños por la comida, es salir a comer a una terracita. A vuestro hijo le encantará, pero para evitar intoxicaciones elegid un local de total confianza (¿está limpio?, ¿tiene una mampara que protege los alimentos que están en el mostrador?) y aun así, evitad pedir mariscos crudos y alimentos que lleven huevo y/o nata en su elaboración.
- Las ensaladas deben estar muy bien lavadas (pide al camarero que se asegure de ello) y la carne y el pescado totalmente hechos, pero sin llegar a churrascarse.

Publicidad - Sigue leyendo debajo
Publicidad - Sigue leyendo debajo