Un buen desayuno, esencial

La primera comida del día es la más importante: aporta los nutrientes necesarios para que el niño desarrolle su actividad física e intelectual a lo largo de la mañana y contribuye a que la dieta diaria sea equilibrada.

 

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Claves para esta comida tan importante

El desayuno debe aportar el 25% de la energía diaria para que el niño pueda mantener una actividad física e intelectual adecuada.

La fórmula ideal que recomiendan los expertos es un desayuno compuesto de un lácteo (aporta calcio y proteínas), cereales o pan (hidratos de carbono que proporcionan energía) y fruta (contiene vitaminas y además, fibra).

Sin embargo, un elevado número de niños no realiza de forma correcta esta comida. Así, diversos estudios indican que muchos escolares salen de casa sin haber ingerido ningún alimento y no toman nada hasta la hora de la comida, lo que puede perjudicar a sus niveles de azúcar en sangre.

Para que el niño aprenda a comer bien y realice un desayuno correcto es imprescindible que los padres fomenten buenos hábitos y den ejemplo.

- Enseña a tu hijo a desayunar todos los días, sin prisas, sentado y en un ambiente agradable.
- Anímale también a asumir tareas, como colaborar en el trabajo de poner y quitar la mesa para esta comida. Lo que no debes hacer: dejar que desayune solo delante de la televisión.

Cantidad y calidad

La cantidad de desayuno que debe tomar el niño es variable en función de la edad, el peso y la actividad que desarrolle. No necesita lo mismo un pequeño de 2 años que uno de 4, ni uno inquieto que otro más tranquilo.

Ten en cuenta la fórmula básica de desayuno (lácteo, cereales o pan y una fruta o su zumo) y aplica con sentido común la cantidad que acepte tu hijo.

Alrededor del año deja de darle la leche de la mañana en biberón y dásela en vaso (250 ml), al principio con un puñadito de cereales o una galleta, cantidad que incrementarás a medida que crezca.

Y no te olvides de la fruta, si es poco comilón puedes comenzar por darle medio vasito de zumo natural.

Una recomendación: añadir más cantidad al desayuno no debe suponer perder calidad. Es decir, evita darle productos de bollería o con exceso de calorías.

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¿Y si no quiere desayunar?

Muchos padres se encuentran con el problema de que sus hijos no quieren desayunar porque a esa hora de la mañana rechazan cualquier alimento.

¿Qué hacer? Se deben revisar los hábitos del niño, tanto de sueño como de alimentación.

- Asegúrate de que duerme lo necesario. Por regla general, si duerme bien se despertará con hambre y si se levanta con sueño, se mostrará inapetente. La solución es simple: acostarlo antes por la noche.
- No debe tomar cenas copiosas. Si hace una cena tardía y copiosa, el pequeño no tendrá ganas de desayunar, pero si la cena es ligera y temprana, se levantará con apetito.
- Ofrécele alimentos saludables. Observa si hay algún alimento que le ofrezcas en el desayuno y que no le guste. Lo sabrás si el resto del día también lo rechaza. Si es la leche, puedes alternarla con otros lácteos como yogur, cuajada, queso fresco, etc, o alegrarla con cacao en polvo. Entre las frutas tienes una amplia variedad y el modo de ofrecérsela puede ser en zumo, al natural, en macedonia, cocida en compota, en tartas... En cuanto a los hidratos de carbono, existen muchas variantes: pan, galletas, cereales de bebé, cereales de desayuno, arroz con leche, bizcocho casero, etc.
- Haz que sea un desayuno “bonito”. Para que le resulte más apetecible, pon una mesa con una cesta de frutas, una jarra de zumo, panes de distintas clases y cereales en tazas de colores. La vajilla que utilicéis también es importante: busca tazas y platos con motivos infantiles y colores vivos. Si no tenéis tiempo de poner la mesa por la mañana, una solución es dejarla preparada por la noche, pero sin los alimentos que necesitan refrigeración.
- Desayunad en familia. Los expertos también aconsejan que el desayuno se realice así, dedicándole al menos 20 minutos, para establecer bien el hábito y dar ejemplo a los hijos. Si por horarios no podéis desayunar todos juntos, hacedlo al menos uno con el niño y aprovechad los fines de semana para los desayunos en familia, sentados a la mesa.

¿Y si a pesar de todo algún día tu hijo no quiere desayunar? En ese caso, prepárale un tentempié algo más contundente para que lo tome en el recreo (un batido de yogur y frutas con unas galletas, o una porción de queso con tostada y una fruta, o un mini bocadillo de queso y jamón con un zumo).

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Si no desayuna, más tendencia al sobrepeso

Paradójicamente, los niños que habitualmente no desayunan tienen más probabilidades de padecer en el futuro sobrepeso e incluso obesidad.

¿Cuál es la razón? Se debe a que, cuando el niño está muchas horas sin comer, llega con demasiada hambre al almuerzo, lo que le incita a comer más cantidad.

Otra causa reside en el metabolismo del organismo: cuando se mantiene muchas horas en ayuno, interpreta que hay escasez de alimento y acumula grasas como reserva.

Una ventaja más de que el niño desayune es que resulta más fácil equilibrar su dieta a lo largo del día. ¿Por qué? Porque tiene menos tendencia a picar entre horas y a tomar alimentos poco nutritivos pero con muchas calorías (patatas fritas, bollería, etc.).

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