"Mi hijo no come bien"

¿Cuáles son los principales problemas con los que te puedes topar en la alimentación de tu hijo y cómo solucionarlos?

 

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Una buena pauta educativa

Enseñar a los hijos a comer bien (porque en definitiva se trata de eso, de enseñar) plantea muchos retos. Unas veces los niños se niegan a probar algo solo porque es nuevo, otras miran el plato como si les esperara un suplicio...

Al final, según José Manuel Moreno, coordinador del Comité de Nutrición de la Asociación Española de Pediatría, la mayoría de los problemas se solucionan con una buena pauta educativa.

La regla básica es no obligar a tu hijo a comer nada a la fuerza, pero sí insistir para que su dieta sea rica y sus hábitos, correctos. La constancia será tu principal baza ante las siguientes situaciones.

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Rechaza los purés

A partir de los 6 meses empieza la introducción de la alimentación complementaria.  Probablemente tu bebé acepte bien la llegada de los cereales, pero cuando toca comenzar con el puré de verduras... eso es otra cosa.  

Qué hacer

No te alarmes, su rechazo es normal. Hasta ahora solo había probado el sabor dulce de la leche (o de los cereales) y ahora le ofreces un sabor nuevo y con una textura distinta. Necesita probarlo muchas veces para llegar a aceptarlo. Empieza dándole dos cucharaditas de puré cada día y luego ve aumentando la cantidad; o añádele una cucharada de cereales en polvo para hacerlo más dulce, o dáselo en un plato infantil para que se anime a terminar el puré y ver qué dibujo aparece al fondo...  

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Las comidas se eternizan

Es un problema que acaba con la paciencia de cualquiera. Pero la realidad es que cada niño tiene su ritmo y que algunos, ya sea porque tienen menos apetito o porque no les interesa la comida, van más lentos.

Qué hacer

- La regla básica es poner un tiempo para la comida, que ronda la media hora. “Todo lo que no haya comido en ese tiempo ya no lo va a tomar, y seguir insistiendo solo conducirá a enfados. La comida estará fría, vosotros hartos, él cansadísimo... Hay que cortar con ello”, recomienda José Manuel Moreno. Pasada esa media hora, retira el plato de la mesa con calma, sin enfadarte ni hacer ningún drama. Simplemente, dile al niño que se ha agotado el tiempo de comer porque hay que hacer otra cosa (ir a dormir, etc.). Poco a poco, sin apenas darse cuenta, irá cogiendo un ritmo mejor y os ahorraréis peleas.
- Por el camino, dos consejos. El primero (sobre todo si el problema suele darse a la hora de la cena): comprueba que no os sentáis a la mesa muy tarde y que, por esta causa, el niño está demasiado cansado. El otro: asegúrate de que no pica entre horas, porque eso hará que llegue saciado a la comida.

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Le cuesta acabarse el plato

Tu hijo es de los que siempre negocian para intentar dejar “un poco” de lo que le pones? ¿Te parece que no come suficiente? Según el pediatra, en la mayoría de los casos no es que los niños coman poco, sino que “comen poco para la idea que tienen los padres de lo que sería necesario”. Es decir, quizá la cuestión resida en que le estás dando demasiada cantidad, en lugar de ponerle menos y dejarle repetir.

Qué hacer

- Dentro de un orden, deja que él decida la cantidad. Es capaz, como los adultos, de saber cuándo está saciado. Y para que tú te quedes más tranquila, apunta en un papel todo lo que come a lo largo del día durante una semana y muéstraselo a su pediatra. ¿Es suficiente? Seguramente te sorprenderá el resultado.
- Un sencillo truco para animar a los niños malos comedores que se asustan ante el plato lleno: en vez de servir la comida en un plato pequeño a rebosar, hazlo en uno grande, de forma que lo vea medio lleno. La cantidad es la misma pero tu hijo pensará “con esto puedo”.

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No quiere fruta, verdura ni pescado

Nada más oír cómo los nombras tu hijo se niega a probarlos, por sistema. Es desesperante, pero tranquila, ármate de paciencia y ten en cuenta que existen maneras de conseguir que se los coma

Qué hacer

- No elimines estos alimentos de su dieta pero actúa con calma. Si un día le das algo y no lo quiere retira el plato (no lo cambies por otra cosa) y vuelve a ofrecérselo en unos días.
- Facilítale la tarea preparándolos de forma apetecible. Un plato de espinacas hervidas sin más siempre será más difícil de aceptar que acompañadas con algo, salteadas con jamón, o en croquetas, por ejemplo. La fruta pelada y cortada a trocitos puede quedar muy bonita en el plato y al niño le gustará ver tantos colores.
- El mayor estímulo para tu hijo eres tú y la actitud que demuestras. Por eso, según el pediatra, dar buen ejemplo siempre funciona: “En el fondo los niños acaban comiendo lo que ven que sus padres comen en casa”.

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Solo come delante de la tele

Comer distraído (ya sea viendo la tele o jugando con algo que le distraiga de este acto) es un mal hábito que debes evitar. Quizá te resulte más cómodo que lo haga así, porque el niño prácticamente ni se entera de que está comiendo, pero no olvides que la alimentación es una cuestión de educación que requiere centrarse en ello y adquirir unos hábitos concretos, y éstos incluyen el modo y el lugar de comer.

Qué hacer

- Puede que al principio te cueste cambiar esta costumbre, pero sé perseverante. Dile que hoy veréis los dibujos antes de la comida porque quieres que ese rato sea para los dos.
- Después siéntate con él a la mesa, aprovecha para comentar las cosas del día, pregúntale qué ha hecho en la guarde... A tu hijo le encantará que le dediques toda tu atención.

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Le gustan muy pocas cosas

Es normal que tu hijo rechace un alimento concreto porque no le gusta su textura, su sabor o su color (la “manía al verde”, por ejemplo, es típica de los 3 años). Seguro que a ti también hay algo que no te gusta. Si le pasa con una o dos cosas pero come bien lo demás, tranquila. Pero si solo acepta dos o tres comidas (pasta, sándwiches...) y le das siempre lo mismo por no discutir, hay un problema.

Qué hacer

- No limites su dieta: ofrécele nuevos sabores o formas de cocinar a menudo. Puede que algo que no le gusta ahora le encante dentro de unos meses, cuando lo haya probado más.   
- Homogeneizar sabores para ocultar algo no es lo mejor. Tu hijo debe aprender cómo saben las cosas y cuanto mayor se haga, más difícil le será conseguirlo. El esfuerzo ahora es crucial: “A partir de los 24 meses es muy importante reforzar la variedad. Está demostrado que los sabores que descubres de pequeño son los que mantienes toda la vida y una dieta variada en la infancia condiciona que también lo siga siendo en la edad adulta”, explica el doctor José Manuel Moreno.
- Si es necesario, llévale al pediatra para que te ayude en su “educación nutricional”.

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¿Puedo motivarle con premios?

A tu hijo le cuesta comer algo o acabar su ración... Hoy te das cuenta de que ha hecho un esfuerzo y te preguntas si debes recompensarle.

- La norma es clara: vale reconocer el esfuerzo, pero solo si se hace desde la perspectiva afectiva. Con frases alentadoras como “qué contenta estoy contigo, pareces un niño mayor”, seguidas de un abrazo, un beso... Incluso con pequeños premios del tipo “leer más rato el cuento nocturno”. Todo esto sí es válido. El error sería caer en recompensas materiales o de comida. Es decir, nada de “si te acabas el plato te compro una golosina”, porque estaríamos dándole a entender que el plato es un castigo y la golosina, el regalo.

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¡No quiero tomarlo!

En torno a los 2 o 3 años, los niños viven la llamada etapa del “no”. Tu hijo ha crecido y quiere ser más autónomo. Esa fase de rebeldía incluye la comida y le lleva, por ejemplo, a rechazar algo que normalmente tomaba sin problema.

Qué hacer

“Lo mejor que puedes hacer es evitar ese alimento durante unos días, hasta que se le pase el rechazo a tomarlo. No se trata del alimento en sí, lo que quiere es medirse a ti”, explica el pediatra.

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Es importante combatir malos hábitos

“Al año de edad, el niño debería comer prácticamente lo mismo que el resto de la familia. Pero para ello hay que seguir una dieta saludable”, dice nuestro asesor.

Sin embargo, no es así: un estudio de la Asociación 5 al Día concluye que un 63% de los niños de entre 5 y 14 años no consumen verdura a diario, y que un 40% no comen fruta.

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¿Por qué ahora no tiene apetito?

Suele ocurrir hacia los 12-18 meses de edad: el niño experimenta un bajón en su apetito. Se debe a que durante el primer año el bebé crece mucho: triplica el peso con el que nació y su talla aumenta unos 20 centímetros.

En cambio, durante el segundo año este crecimiento se ralentiza y el niño entra en una fase en la que necesita tomar menos alimento.

Qué hacer

Lo primero no agobiarse ni perder la calma. Hay que comprobar de forma periódica que el niño está bien de peso y talla. Si el pediatra no encuentra un estancamiento importante o un ritmo de crecimiento ralentizado, es que todo va bien.

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