Evita estos errores al dar de comer al niño

Algunos son de sobra conocidos, otros te sorprenderán. Evitarlos te ayudará a que tu hijo esté bien alimentado desde los primeros meses.

 

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Aprender a comer bien

Para crecer sano, tu hijo necesita tu cariño, tus cuidados... y que le enseñes a comer bien. Gracias a tu ayuda, día tras día irá adquiriendo buenos hábitos alimenticios y desterrando aquellos que no le convienen. Enseñarle a hacerlo no es fácil, pero si desde el principio le acostumbras a llevar una dieta equilibrada, contribuirás decisivamente a su adecuado desarrollo físico y psíquico. Y para conseguirlo, es importante que conozcas también los errores que debes evitar al alimentarle. Estos son los más frecuentes.

Seguir un horario estricto de tomas

En sus primeras semanas, los bebés tienen que mamar a demanda (cuando lo reclaman), sin seguir un horario estricto. Poco a poco ellos mismos se van regulando y sus horarios se vuelven más "organizados". Si llora y sospechas que su lloro se debe a que quiere comer (descarta antes que lo haga porque esté mojado, le duela la tripa, necesite compañía...), no te preocupes por el hecho de que "no le toque" y ponle al pecho.

Añadir más cazos de leche al biberón

Ya sabes que la OMS aconseja alimentar al bebé con lactancia materna en exclusiva durante los 6 primeros meses y a partir de ahí, esta complementada con otros alimentos.

Si por la razón que sea decides dar a tu hijo biberón, recuerda que no respetar la proporción de un cacito de leche en polvo por 30 cc de agua y añadir más leche de la estipulada “para que el niño engorde” provoca que sus riñones, aún inmaduros, tengan que trabajar más y más rápido, con los problemas que ello puede acarrear. Por eso es esencial que respetes las cantidades establecidas por los expertos.

Dejarle el biberón en la cuna

Es un error cada vez menos frecuente, pero conviene recordarlo. Si ofreces zumos a tu hijo con biberón (cuando pueda tomarlos), no debes dejárselo nunca en la cuna. Este hábito puede acabar provocándole caries en los dientes de leche, que le ocasionarán molestias y afectarán a la salud de sus piezas definitivas. 

Introducir alimentos antes de tiempo

Durante los primeros meses, la leche es el alimento ideal y suficiente para el bebé, no necesita nada más. Introducir los cereales, las frutas o las verduras demasiado pronto puede ocasionarle molestias digestivas. Una vez que el pediatra te aconseje diversificar su dieta, ve acostumbrándole a cada alimento de uno en uno y poco a poco (dándoselo sólo a probar), por si alguno le sienta mal.

El pediatra también irá autorizando, entre los 9 meses y los 3 años, la edad de introducción de los alimentos que podrían provocarle alergia o intolerancia si los toma antes de tiempo: el huevo, el pescado blanco, ciertas frutas (fresa, kiwi, melocotón...), el pescado azul, la leche de vaca, las legumbres, embutidos, frutos secos...

Salar sus purés o endulzar sus papillas

Las papillas y los purés no resultan sosos para el pequeño, aunque a los mayores nos lo parezca, porque su percepción de lo dulce y lo salado es muy diferente.
Hasta que cumpla el año, no añadas azúcar ni sal a sus comidas, y a partir de entonces hazlo con moderación. Y no solo por salud, también para educar su sentido del gusto: de este modo contribuirás a que aprenda a saborear todos los alimentos.

Impedir que se manche al comer

Tu pequeño necesita hacerse más autónomo en todo, también en la comida. Así que ármate de paciencia y no caigas en errores tan comunes como regañarle porque se mancha, impedirle coger comida con los dedos (le ayuda a conocer y aceptar los alimentos) o negarle el uso de su cuchara: para aprender a usarla, primero ha de hacerlo mal, luego regular y después... ¡perfecto!

Retrasar el inicio de la masticación

A partir de los 7-8 meses, ve pasando menos sus purés y acostumbrándole poco a poco a los “tropezones”; dale también alimentos para chupar y masticar (galletas para su edad, pechuga de pavo...).
La razón es que seguir alimentándole con el biberón cuando ya tiene edad para comer con cuchara o dándole todo triturado en purés cuando ya debería empezar a masticar puede causarle deformaciones en el paladar, en los maxilares o en los dientes.
Además, si favoreces que tu hijo avance en este aprendizaje evitarás que se siga percibiendo a sí mismo como un bebé.

Darle de comer siempre aparte

Es normal que con él sigas otro horario y que le des de comer un poco antes o un poco después que vosotros. Pero a partir de los 12 meses, o incluso antes, es importante que le incorpores a la mesa familiar, sentado en su trona, en algunas comidas. Así, al ver cómo coméis vosotros, puede imitaros e ir aprendiendo buenas maneras.

Obligarle a terminar todo el plato

Como los adultos, los niños no tienen todos los días el mismo apetito. Además, a partir de los 12-18 meses se produce una disminución de este, algo normal porque el ritmo de crecimiento no es tan alto como en el primer año. Por eso, acepta que a veces no pueda con todo lo que hay en el plato y no te enfades para que lo termine (se puede insistir, pero no obligar). Retírale el plato sin darle importancia, no le eches un pulso de poder.

No darle fruta “porque no le gusta”

Es bueno que se acostumbre a comer alimentos de todos los grupos, para que no le falten nutrientes esenciales. Puede que haya alguna fruta o alguna verdura que no le guste (no le obligues a tomarla, dásela a probar más adelante). Pero si rechaza todas en su conjunto, conviene que adoptes estrategias para enseñarle a apreciarlas.
Aprovecha la variedad que existe en el mercado para buscar las que mejor respondan a sus gustos (de sabor, de textura...) y busca distintas formas de preparación (prepárale una rica macedonia llena de color, hazle un buen batido...).

Utilizar la comida como premio o castigo

Recurrir al “si no comes, no me quieres” no es lo recomendable para que un niño aprenda a alimentarse bien. Y, además, hace que el pequeño asocie la comida con algo negativo y forzado. Algo similar ocurre cuando le prometemos un postre muy bueno si se toma el primer plato (implícitamente le decimos que este está malo) o cuando le amenazamos con mandarle a la cama sin cenar.
Lo ideal es convencerle asociando la comida a su cuerpo, a su salud (“si comes serás muy fuerte”), no a recompensas externas. Y emplear ejemplos positivos que le motiven (“a los futbolistas les encanta esto...”).

Darle vitaminas por tu cuenta

Solo el pediatra puede determinar si un niño necesita algún complejo vitamínico suplementario, en cuyo caso sí hay que dárselo. Ten en cuenta que las vitaminas que mejor se asimilan, y que están en su justa medida, son las que se obtienen de los alimentos. Si tu hijo tiene un peso adecuado, ves que tiene ganas de jugar y sigue una dieta equilibrada y variada, aunque en ocasiones te parezca que es algo escasa, no necesita ningún complejo vitamínico añadido.

Darle tres comidas al día

Conviene que tome cinco comidas al día en vez de tres. Porque su estómago es aún pequeño, porque así asimila mejor los nutrientes y porque se ha demostrado que contribuye a prevenir la obesidad, es preferible que sus comidas sean menos abundantes y se repartan en más colaciones.
Lo ideal: desayuno, tentempié de media mañana, comida, merienda y cena. Además, es importante ser regular en los horarios.

Llevarle al cole sin desayunar

Es el comienzo de la jornada y tu pequeño necesita coger fuerzas para afrontar con éxito la actividad escolar. Conviene que le levantes con tiempo para que desayune sin prisas: lácteo, cereal, fruta y algo de proteína. Y no te olvides de prepararle un bocatín para tomar a media mañana; si no, es muy probable que llegue a la comida con ansiedad, por lo que comerá más rápido y digerirá peor los alimentos.

No darle fruta de postre a diario

El postre ideal para el día a día es siempre una fruta, por el aporte vitamínico que representa. Acostumbra a tu hijo a tomarla a diario y reserva las natillas, flanes, helados, etc., sobre todo si son industriales, para algunas ocasiones especiales.

Optar en la merienda por un bollo

Estos productos tienen un exceso de azúcares y grasas saturadas. Una buena opción son los sándwiches o bocadillos variados, preparados en casa con ingredientes sanos: pechuga de pollo, jamón, quesos frescos o poco grasos, tomate natural, lechuga... Acompáñalos con una pieza de fruta.

Dejarle “picar” entre horas

El estómago necesita descansos, por lo que no es bueno que el niño esté picando a todas horas, basta con las cinco comidas que hace al día. Aun así, si alguna vez cuando se acerca la hora de comer te pide que le des algo, no recurras por sistema a las socorridas galletitas. Mejor ofrécele un trozo de manzana, de zanahoria... o prepárale un zumo natural.

Darle “chuches” con frecuencia

A la mayoría de los niños les encantan, pero es importante reservarlas para las ocasiones especiales. La razón es que le quitan el apetito y le aportan muchas calorías vacías, grasas saturadas, aditivos químicos... y nulo alimento. Un buen sustituto, que a tu hijo le encantará, pueden ser los frutos secos (a partir de 2 años, y muy picaditos), ya que aportan fibra, grasas beneficiosas y vitamina E.

Darle de cenar muy tarde

Además de procurar que la cena sea frugal (y que no se repita en ella el tipo de proteína animal que ha tomado en la comida), es conveniente que se la des como mínimo una hora antes de que se vaya a la cama. Así dejas tiempo suficiente para que el niño haga la digestión y no se acueste con sensación de pesadez o dolor de tripa. Y si al acostarle tiene hambre, dale un vaso de leche calentita. ¡Dormirá genial!

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