Cocinar para niños (sin saber freír un huevo)

La primera vez que entré en una cocina fue una calamidad. Afortunadamente, he aprendido mucho y mi hijo no recuerda mis desastres culinarios. Os cuento los trucos que me ayudaron a "sobrevivir".

 

Publicidad - Sigue leyendo debajo
En la cocina hay dos tipos de madres...

...las que cocinan como Arguiñano y las que no saben freír un huevo. Las primeras legan a sus hijos una memoria gustativa maravillosa y unos buenos hábitos alimenticios.

Yo soy (era) de las segundas. Hasta dónde llegaba lo mío que, después de dar a luz, encontré refugio en la lactancia no sólo debido a las propiedades de la leche materna y al especial vínculo que se crea con el niño, también porque no tenía que entrar en la cocina. Fue una época muy feliz que acabó a los seis meses, cuando la pediatra insistió en introducir la alimentación sólida.

Publicidad - Sigue leyendo debajo
Publicidad - Sigue leyendo debajo
Mi primer puré

Así llegaron a mi vida los purés. Mi madre me dio cuatro instrucciones muy sencillas: frutas y verduras fresquísimas y de temporada (más baratas y más ricas), mucha higiene en la cocina, la sal es mala y el aceite de oliva, bueno.

De ella también aprendí que el mejor método de cocción es aquel que te permita cocinar los alimentos en el menor tiempo posible y con la menor cantidad de agua. Yo utilizaba la olla a presión, y guardaba el caldo sobrante para aclarar los purés si salían demasiado espesos.

Echar un poco de leche en el agua de cocer para conseguir una textura más cremosa, añadir una cucharadita de aceite de oliva virgen en los purés justo antes de triturarlos y seguir las instrucciones de la pediatra fueron otros de los trucos que jamás me fallaron.

Publicidad - Sigue leyendo debajo
Publicidad - Sigue leyendo debajo
La lista de la compra

De mis primeras incursiones en el arte de cocinar me quedó para siempre la costumbre de ir al mercado.

Es la causante de que mis listas de la compra fueran un poco especiales: yo apuntaba las categorías (dos clases de verduras, tres tipos de fruta, un pescado) y luego elegía los productos de temporada, que tienen mucho más sabor y nutrientes, o los que estaban de oferta, que también hay que pensar en la cuenta corriente.

Publicidad - Sigue leyendo debajo
Publicidad - Sigue leyendo debajo
El secreto de los fritos

Lo confieso, mis primeras experiencias con los fritos se limitaron a freír o calentar lo que mi madre me preparaba. Sus croquetas, por ejemplo, que son deliciosas. Ahí aprendí que hasta los fritos tienen su secreto.

Es importante que las croquetas (o los calamares o las varitas de merluza) se sumerjan en aceite ya caliente, en una sartén no muy grande y más bien honda. Las croquetas se deben freír de pocas en pocas piezas para mantener la temperatura del aceite. Cuando las saques, deposítalas en un colador grande y ponlo encima de un cazo.

Después ya puedes ponerlas en un papel de cocina que absorba la grasa. Si las pasas directamente al papel de cocina, la grasa que sueltan las ablanda por el lado que apoya en el papel.

Publicidad - Sigue leyendo debajo
Publicidad - Sigue leyendo debajo
Fue antes el huevo

En mis primeros tiempos también tiraba mucho de huevos (tortilla de patatas, revueltos, huevos rellenos...) y conservas (en lata o vidrio) de atún, caballa o sardinas (uno de mis hits: sardinas con tomate o en escabeche sobre una patata cocida chafada, con cebolleta, cebollino y aceitunas picadas).

Y sé que hay que terminar lo que ha sobrado de la lata o del frasco en las 24 horas siguientes a la apertura, para que no pierda propiedades.

Publicidad - Sigue leyendo debajo
Publicidad - Sigue leyendo debajo
Lentejas que no dejas

En esos tiempos como cocinera también me harté a hacer lentejas. ¿El secreto de unas buenas legumbres?

Que estén en remojo 8-12 horas, en agua fría (excepto los garbanzos, que requieren agua templada). Si después las envuelves en un paño mojado, tu hijo las digerirá mejor.

Lo mejor, acompañarlas de cebolla y especias como laurel, comino, anís o romero. Y no pongas sal al agua, ya que endurece la piel.

Publicidad - Sigue leyendo debajo
Publicidad - Sigue leyendo debajo
Viva el papillote

Una forma de cocinar fácil y sana y que yo siempre utilizo para los pescados son los papillotes.

La merluza, el salmón o los filetes de lenguado envueltos en papel de aluminio, con su pizca de sal, cebolleta, hierbas aromáticas y un chorrito de aceite de oliva virgen, se hacen en minutos al horno y sin manchar la cocina.

Publicidad - Sigue leyendo debajo
Publicidad - Sigue leyendo debajo
Todo por la pasta

Medidas que nunca olvido al hacerla: un litro de agua –con un chorro de aceite de oliva– por cada 100 gramos de alimento. En cuanto rompe a hervir se añade un poquito de sal y la pasta. Y se remueve de vez en cuando para que quede suelta.

Para saber si está “al dente”, saca un macarrón o un espagueti, pártelo por la mitad y comprueba que en el interior queda un pequeño hilo de pasta de color diferente. ¿Que después te ha sobrado salsa de tomate? Métela en la nevera en un bote de cristal cubriendo su superficie con aceite de oliva crudo.

Y para acabar, ¿qué se me resiste? Sobre todo, la repostería, mi asignatura pendiente. Pero ésa es una historia que contaré en otra ocasión.

Publicidad - Sigue leyendo debajo
Publicidad - Sigue leyendo debajo
Medidas para conservar alimentos

- Pastas, arroces, cereales, o harinas, una vez abiertos, se conservan en recipientes herméticos en un lugar seco.
- En el frigorífico, los alimentos no deben tocar la pared del fondo de la nevera y hay que dejar espacio entre ellos. En la puerta, las bebidas, salsas y huevos. En la parte superior, los alimentos que requieren menos frío (quesos, embutidos). En la central, yogures y lácteos. Abajo, la carne y el pescado. Y en los cajones, frutas y verdura.
- No congeles la comida aún caliente, etiquétala con la fecha y el tipo de alimento y descongela siempre en la parte de arriba de la nevera.

Publicidad - Sigue leyendo debajo
Publicidad - Sigue leyendo debajo
Anécdotas de 3 expertas

Para escribir este reportaje he contado con la ayuda de tres blogueras que hoy saben mucho de cocina... pero también fueron inexpertas:

- La primera vez que quise hacer pasta no tenía espaguetis y se me ocurrió poner fideos. Total, era pasta...¡Qué cosa más mala! Mi primer bocata fue de huevos revueltos con salchichas y quesitos y triunfó. (Beatriz Abellán, del blog Pintando una mamá)
- Me encanta improvisar y nunca hago una receta igual. Cuando empezaba a hacer repostería, mi madre me dijo que siguiera al pie de la letra las instrucciones. En mi casa presumen de haber probado el peor flan de la historia (hecho por mí) y el mejor del mundo (también mío). (Raquel Bermejo, Petit-On)
- Mi primera experiencia en la cocina fue en 2º de EGB. Hice un brazo de gitano de galletas con leche y chocolate. Mi truco desde siempre es cocinar el doble. Así luego congelo y tengo la comida hecha. Y otro: camuflarlo todo con la salsa de los macarrones. (Ana María, Cocinando entre olivos)

Publicidad - Sigue leyendo debajo
Publicidad - Sigue leyendo debajo