Trucos de otras madres para que tu hijo coma

Si las comidas con tu hijo son una batalla, toma nota de estas ideas que utilizan otras madres para que acepte mejor los alimentos.

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Crea buen ambiente en la comida

Matilde, Sevilla: “Procuro que haya un ambiente relajado comiendo. Nada de móviles, de televisión ni de discusiones. Y pongo música melodiosa. Así mis hijos comen con más calma y apetito.”

Por qué funciona: El ambiente influye mucho en el apetito. Con una buena atmósfera conseguimos que el niño asocie comer con algo agradable. Esta relación positiva se quedará en su memoria y con el tiempo será capaz de disfrutar de este momento.

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No fuerces al niño a comer todo

Carmen, A Coruña: “Cuando mi hija estaba empezando con las papillas, solía forzarla a comérselo todo. Y muchas veces la niña terminaba vomitando. Dejé de insistir durante dos semanas y ante mi asombro no había perdido peso. Ahora no come más, pero por lo menos no lo devuelve.”

Por qué funciona: Igual que no puedes forzar a un niño a dormir, tampoco es bueno obligarle a comer. Empieza con apetito y se detiene cuando llega a la sensación de saciedad (incluso después de unos bocados). Si le obligas a comer más, se le alterará esa sensación de saciedad, lo que puede conducir a una futura obesidad. Además, si tiene un temperamento fuerte puede acabar vomitando. El truco de pesar al niño antes y después de aplicar el método de no insistir durante varias semanas ayuda a saber si está creciendo bien.

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Comed con él en familia

Susana, Barcelona: “Mi madre siempre nos decía que comer se hacía en familia. Yo sigo con esta costumbre y noto que mi hija, de 15 meses, come más cuando nosotros lo hacemos con ella.”

Por qué funciona: Desde el primer año de vida los niños aprenden a base de imitación. Ver hacer algo a sus padres los anima a imitar su conducta. Por tanto, comer en compañía de los padres, mientras él también lo hace, es un aliciente estupendo para el niño con poco apetito. Esta es la razón por la que muchos peques comen mejor en el comedor de la guardería o del colegio que en casa.

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Dale raciones de comida pequeñas

Marisa, Guadalajara: “A mi hija, de 2 años y medio, le pongo poca cantidad en el plato. Cuando lo termina y pide más, hago un poco de teatro. ‘Ah, ¿mi niña quiere más?’. Le aplaudo, se queda muy contenta y repite.”

Por qué funciona: Es un buen truco. La niña decide repetir y esto la refuerza en su sensación del “yo”, algo muy importante en esta etapa en la que necesita afianzar su personalidad. Muchos roces entre padres e hijos se deben a esto: la madre (o el padre) quiere imponer su criterio y el niño el suyo. Es una lucha perdida y la comida se convierte en un campo de batalla. Debes tener en cuenta que es importantísimo no entrar en esta lucha.

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Evita que esté cansado al comer
Getty Images

Laura, Valencia: “Notaba que mi hijo, de 18 meses, no cenaba bien porque llegaba al final del día agotado. Ahora procuro que duerma un rato por la tarde, sobre las 18.00 h. Cuando llega la hora de cenar parece que tiene más ganas.”

Por qué funciona: Evitar que el niño llegue a la hora de cenar con cansancio y sueño es importante, ya que este factor suele interferir en su apetito. La mayoría de los niños comen peor cuando están agotados y con sueño (aunque en ocasiones, a una minoría les da por comer más cuando están muy cansados).

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Anímale a comer con juegos

Carmen, Albacete: “Junto al plato de mi hija, de 25 meses, coloco un bol con compota de manzana. Mientras ella se entretiene poniendo la compota por encima de su comida, yo le voy dando cucharadas”.

Por qué funciona: Es mejor que el niño coma conscientemente, por eso no es bueno distraerle con la tele. Sin embargo, el truco de jugar (hacer el avión con la cuchara, por ejemplo) puede quitar tensión, siempre que ese juego le centre en lo que come. El momento de la comida debe ser placentero. El buen humor da apetito y el malo lo quita.

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Camufla alimentos que no le gustan

Miranda, Soria: “Para que mi hija se coma las verduras, hago tortilla: de espinacas, de judías verdes… O las bato y las mezclo con salsa de tomate; así se las come con gusto”.

Por qué funciona: Mezclar las verduras con otros alimentos ayuda a que se familiarice con ellas, pero es mejor hacerlo solo por un tiempo. Ve quitando poco a poco el alimento que varía su gusto para que conozca el auténtico sabor. Puedes darle pocas cucharadas al principio e ir aumentando.

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Sustituye algunos alimentos

Melanie, Madrid: “Me agobiaba que mi hijo de 25 meses rechazara ciertos alimentos, como las lentejas o las espinacas, hasta que un día leí que no tiene por qué comer de todo, siempre y cuando coma algo de cada grupo alimenticio. Por ejemplo, ahora lo que hago es que, en vez de lentejas, le doy arroz, y en vez de espinacas le doy brécol, que le encanta.”

Por qué funciona: No hay alimentos imprescindibles, solo grupo de alimentos imprescindibles. Mientras que el pequeño coma algo de cada grupo alimenticio, no hay problema. Además, hay que tener presente que los gustos del niño aún no están determinados; irán cambiando, a veces de un día para otro, o a lo largo de su infancia.

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Si no le gusta probar alimentos nuevos...

Ramón, Castellón: “Mi hija, al ver algo nuevo en el plato, gira la cabeza y deja de comer. Antes insistía en que lo probara, aunque fuera sólo una cucharada. Ahora no insisto y noto que ella misma se interesa por lo que ve en mi plato. Lo prueba y al día siguiente lo acepta en el suyo.”

Por qué funciona: Muchos niños rechazan lo desconocido sin probarlo; es lo que llamamos neofobia, una reminiscencia de nuestros antepasados que temían lo desconocido por miedo a que fuera venenoso. A los niños les gusta lo conocido; por eso piden siempre el mismo cuento o seguir la misma ruta al colegio. Pero también les intriga lo nuevo (neofilia) y con el tiempo ese interés acaba ganando a la resistencia.

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Prepara con tu hijo la comida

Mara, Castellón: “A mis hijos les encanta ayudar en la cocina. Ponen tomates cherry en la ensalada, queso rallado en la pasta. Y si hacemos pizzas, les ponemos ojos, nariz y boca. Luego jugamos a que nos lo comemos.”

Por qué funciona: Está comprobado que ayudar en la preparación de la comida como un juego les abre el apetito. Seguramente se debe al elemento lúdico, que es su manera natural de aprender.

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