En casa come mucho peor

El comedor del colegio es la salvación para muchas madres. Saben que allí su pequeño come bastante bien. Pero ¿por qué no lo hace en casa?.

Se calcula que uno de cada cuatro niños come mal. Una parte de estos pequeños son de poco comer.

Se trata de un rasgo genético; muchas veces los propios padres o uno de ellos también fueron malos comedores en su infancia. No se puede cambiar esta característica, pero sí se puede aprender a abordar este tema con calma, como veremos ahora.

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Otra parte de estos niños inapetentes sólo comen mal durante una etapa, que suele darse en algún periodo de los cinco primeros años.

Y es que a los niños tan pequeños les aburre sentarse a la mesa a comer, porque lo que quieren es jugar, moverse, explorar...

MENOS PRESIÓN

Estos niños suelen comer mejor en el colegio o en casa de sus amigos y familiares que con sus padres.

En ello influyen varios factores: el ambiente es más relajado en estos entornos que en su propio hogar y, centrándonos en el colegio, la cuidadora del comedor no puede controlar a todos los niños, por lo que la presión para comer es menor.

Además, su actitud es más estricta: el niño debe comer lo que dicta el menú del día y no hay otros platos. A esto se une que al ver comer a los otros niños, se anima a imitarlos.

Y sentarse a la mesa tampoco resulta tan aburrido porque, en cierta manera, sus juegos se interrumpen menos.

PAUTAS QUE NO FALLAN

Si tu hijo come mejor con los demás que contigo, hay varias pautas que debes aplicar para evitar que sus comidas sean una batalla entre vosotros:

  • Procura que el ambiente a la hora de comer sea distendido y agradable.
  • Ponle un plato con poca cantidad. Si le echas poco podrá repetir, lo que le hará sentirse “mayor” y autónomo, igual que comer solo con su cubierto.
  • Si no quiere lo que hay, ofrécele el segundo plato o el postre, pero no le hagas otra cosa. Así impides que sea él quien decida su menú.
  • Evita el chantaje emocional. Frases como “si no comes, no me quieres”, le confundirán. Un niño come porque tiene hambre, no para agradar a su madre.
  • No prolongues sus comidas. Un margen de 15 o 20 minutos es suficiente para que termine. Si empieza a jugar con los alimentos, retírale el plato y no le obligues a comer más. Si lo haces es fácil que acabe vomitando y que coja aversión al momento de comer, lo que disminuirá su apetito aún más.
  • Habitúale a hacer cinco comidas livianas al día, en vez de tres copiosas. Las tolerará mejor.
  • Elimina de su dieta las bebidas gaseosas, la bollería y las chuches. Estos alimentos apenas nutren, pero sacian.
  • De vez en cuando, invita a algún niño a comer en casa. Ser el anfitrión animará a tu hijo a comer mejor.
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    Para no angustiarte cuando tu pequeño se deje en el plato parte de lo que le has puesto, piensa que todos los niños nacen con un instinto de supervivencia que les lleva a comer lo que necesitan. Que esté contento y activo es la mejor señal de que toma lo que precisa. Aunque sea poco, es suficiente.

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