Otras reacciones del niño ante la comida

Todos tenemos épocas en las que perdemos un poco el apetito, siempre bajo la influencia del tiempo y de nuestro estado de humor. No te impongas para que coma porque entonces qerrá oponerse para reafirmar su "yo".

Se eterniza y no acaba

Hay niños muy lentos comiendo porque les cuesta más aceptar otras texturas y masticar. Respeta su ritmo.

Si se le “hace bola”, deja que la eche y enséñale a cargar poco, masticar bien y tragar antes de continuar.

Otros se llenan con poquito y no quieren más, y también es importante respetar su sensación de saciedad.

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Algunos errores que conviene evitar son: rogarle para que acabe cuanto antes, prometerle premios, amenazarle, castigarle horas ante el plato, dejarle sin postre o sentirte ofendida porque no le gusta lo que le has preparado.

Es buena idea... Retirarle el plato sin dramas ni muestras de preocupación y pasar al siguiente o al postre (que sea sano), cuando lo toméis los demás. Evitar que pique entre horas.

Habla con el pediatra... Para comentarle la situación y decirle que te gustaría aplicar esta norma durante 21 días, no obligarle a seguir comiendo si no quiere, y volver pasado este tiempo a la consulta.

Puede que cuando lo hagas compruebes que, aunque te parezca que ha comido poco, no ha perdido peso.

Tiene poco apetito

El apetito es variable, cada día tiene el suyo. Y cada persona. En épocas de calor es lógico que se pierda un poco (necesitamos comer menos y beber más).

Y conviene saber que todos los niños pasan por “baches” en los que comen menos o comen peor: a los 6 meses, cuando empiezan con la cuchara y los sólidos; hacia los 10 meses, cuando quieren comer por sí mismos, con el tenedor o con los dedos; a los 12 meses, cuando su crecimiento se ralentiza y necesitan menos cantidad; o hacia los 2 años, cuando su necesidad de movimiento les impide estar mucho tiempo sentados.

Además, un motivo muy frecuente a partir de los 2 años es la respuesta emocional del niño a la presión ansiosa de sus padres para que coma.

En esta edad necesita oponerse a ellos para reafirmar su “yo”. Y ante la presión, su negativa a comer se agravará y puede aprender a utilizarla como un arma de manipulación en la guerra de las comidas.

Es buena idea... Si está feliz, juega y duerme bien, aceptar que durante una temporada coma menos.

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Habla con el pediatra... Si la inapetencia se prolonga hay que consultarle por si existe un problema de salud (celiaquía o falta de hierro).

En todo caso, ten presente que el médico vigila la evolución del niño y su curva de peso y si cree que necesita vitaminas, minerales o un estimulante del apetito, se los prescribirá.

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