Leche y zumos

Tu pequeño también necesita beber leche (es el alimento imprescindible para el crecimiento de sus huesos): como poco, medio litro diario, además de los derivados lácteos que incluyas en su dieta, tales como yogures, natillas, besamel, quesitos...

El pediatra te dirá qué tipo de leche necesita (entera, semidesnatada, de crecimiento...), dependiendo de su percentil.

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En general, no conviene que quites la sed a tu hijo sólo a base de leche, por varios motivos: porque llena mucho y si se sacia, es probable que deje de tomar otros alimentos que también son básicos para su desarrollo; porque el exceso de calcio puede interferir en la absorción del hierro de otros alimentos y, por último, porque puede estreñirle.

Otra bebida muy saludable para el niño de esta edad son los zumos, ya que le aportan vitaminas, le ayudan a reponer los líquidos que pierde a través del sudor y favorecen el funcionamiento de su sistema intestinal.

La cantidad recomendada por los pediatras es de dos zumos al día, no más.

Y es que si tu hijo se quita el hambre a base de zumos, no querrá tomar otros alimentos necesarios para su crecimiento y, además, puede sufrir diarrea.

Lo ideal es que le ofrezcas los zumos preparados en casa nada más hacerlos, para evitar la pérdida de vitaminas. No les eches azúcar, ya que la fruta es dulzona. Así no le saciarán tanto y le dañarán menos los dientes.

Si estáis fuera de casa, de excursión o de viaje, no dudes en recurrir a los zumos envasados; aunque, eso sí, que sean de una marca conocida que te ofrezca garantías y, a ser posible, que no lleven azúcar añadido.

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