Chucherías sanas, todo lo que debes saber

En vez de prohibir a tu hijo que coma chucherías, ponle límites y elige para él golosinas sanas o elabóralas tú en casa.

A casi todos los niños les encanta comer golosinas. Seguro que tu hijo no es una excepción y te pide que le compres alguna un día sí y otro también. ¿Se la niegas o sucumbes a sus deseos? No es fácil decir “no”, sobre todo cuando la mayoría de los niños de su alrededor tienen una chuchería en la mano.

Pero siempre hemos oído que tomar muchas golosinas no es bueno. Entonces, ¿cómo actuar? Los especialistas recomiendan controlar el consumo de “chuches” (sin prohibirlas), elegir las más saludables y tener presentes los siguientes aspectos.

A partir de los 3 años

Cuanto más tarde el niño en probar las golosinas por primera vez, mejor. “Muchas veces son los propios padres quienes incitan a su hijo a comer chuches porque les hace gracia y luego no son capaces de decir no”, explica Nerea Cenoz, dietista-nutricionista del Centro Nerea Cenoz Nutrición, en Pamplona.

Lo recomendable es no dárselas hasta que las pida por socialización (si va a un cumpleaños, o si las toman todos sus amigos). Y, en todo caso, no ofrecer caramelos, chicles o gominolas a niños más pequeños de 3 años porque pueden atragantarse.

Elegir las más sanas

Los expertos coinciden en que las mejores golosinas son las que están hechas a base de ingredientes naturales (frutas o zumos). Pueden estar elaboradas con azúcar, fructosa o sorbitol (los niños no deben abusar de este último, que en grandes cantidades tiene efectos laxantes) o incluso con sal.

En todo caso, si quieres empezar a dar golosinas a tu hijo, lo mejor es que se lo comentes al pediatra; él te dirá si debes seguir alguna pauta, por ejemplo si está muy gordito, o evitar algún ingrediente si sufre una alergia o algún trastorno concreto (según estudios de la OMS, hay determinados aditivos que pueden provocar reacciones adversas en personas predispuestas).

Cuestión de placer

Las golosinas no son importantes desde el punto de vista nutricional (las calorías que aportan son “calorías vacías”), por lo que deben considerarse sólo placer. “Debemos dárselas al niño pensando que son algo agradable y que hay que asignarlas en cantidades pequeñas e intentar que elija las más naturales”, aconseja la experta.

Por ejemplo, el componente principal de las gominolas son los azúcares sencillos, que se absorben rápidamente en el organismo: glucosa, fructosa y/o sacarosa, que representan alrededor del 75%; también contienen un 5% de proteínas procedentes de la gelatina utilizada para darles forma y el resto es agua. Además, les añaden aditivos para dar color, sabor y olor. Su valor energético es de unas 350 kilocalorías por 100 gramos.

Ojo a la higiene dental

Un problema de las golosinas es que pueden producir caries. La razón es que al comerlas aumenta la acidez de la saliva y con ello disminuyen las defensas naturales de la boca, dejando el camino libre a las bacterias. La saliva vuelve a ser neutra al cabo de 20 minutos, por eso es tan importante que el niño se lave bien los dientes inmediatamente después de comerlas.

Pero hay que poner un límite en la cantidad y en el tiempo de consumo: si el niño sigue comiendo gominolas y caramelos sin parar prolongará el proceso, por eso conviene que no esté más de 15 o 20 minutos tomándolas.

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