Cómo introducir la carne en la dieta del niño

¿Desde cuándo puedes empezar a incluir la carne en la dieta de tu hijo? ¿Qué le aporta? ¿Cuánta y cuál puedes dar a los más pequeños? A continuación resolvemos éstas y otras dudas que pueden surgirte.

A partir de los 6 meses el pediatra te aconsejará que tu bebé empiece a comer carne, un alimento que le va a aportar proteínas de alto valor biológico, hierro, vitamina B, niacina y ácido fólico.

Su aparato digestivo ya ha madurado lo suficiente para digerirla bien y ahora la necesita (unos 30-40 g al día son suficientes en su primer año de vida) para obtener energía y evitar problemas de anemia.

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Pero cuidado. Según un estudio realizado con niños de entre 1 y 3 años, el 90% de ellos consumen más del doble de las proteínas que necesitan, un exceso que parece estar relacionado con el sobrepeso en los años posteriores.

Como desde que los niños empiezan a comer casi de todo las proteínas están presentes en muchos alimentos que son básicos en su dieta (leche, huevos, pescado...) lo mejor es pesar la carne y darles la cantidad exacta indicada por su médico.

Cómo introducirla

Para iniciar a tu pequeño en la carne debes hervirla junto con las verduras hasta que esté tierna y triturar todo muy bien, hasta obtener un puré fino. Por lo general, la carne que primero se ofrece a los bebés es la de pollo (libre de piel y grasa), por ser más digestiva.

Diez días después ya podemos darles ternera (sin grasa), potro y pavo. También conejo, siempre y cuando los trocitos estén totalmente limpios de huesecillos.

En cuanto a las carnes más grasas, como el cordero y el cerdo, que resultan más difíciles de digerir, “yo suelo recomendarlas a partir de los 7 u 8 meses, pero escogiendo siempre las partes más magras”, explica Mª Dolores Gurrea Sampedro, pediatra del Hospital Nisa 9 de Octubre, de Valencia.

Según su color las carnes pueden ser blancas y rojas. El tono depende de la cantidad de mioglobina (un pigmento rico en hierro), pero el contenido en proteínas apenas varía de unas a otras.

Lo ideal es tomarlas con verduras y frutas ricas en vitamina C, que favorecen la absorción del hierro.

Carnes recomendadas

Pollo: ideal para comenzar

Su sabor neutro hace que sea muy bien aceptada por los bebés y que combine a la perfección con frutas dulces. Es una de las carnes más digestivas y que más proteínas contienen (26%), aunque aporta poco hierro (1,3 mg). Su contenido en grasa (8%) y en colesterol (80 mg) es bajo.

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Ternera: primero la blanca

El motivo es que es más suave y digestiva que la roja. Una vez que el niño la acepta bien podemos empezar a darle ternera roja, que es más abundante en hierro. La ternera es la carne que más proteínas contiene de todas (28%) y, entre otras ventajas, aporta poca grasa (12%) y poco colesterol (80 mg).

Cerdo: elige lomo y solomillo

Las partes más tiernas del cerdo son el lomo y el solomillo. Antes de comprarlos, comprueba que no llevan grasa infiltrada (lo sabrás porque carecerán de hilitos blancos).

La carne de cerdo aporta un 25% de grasa y unos 100 mg de colesterol. Es rica en proteínas (24%), pero pobre en hierro (1,2 mg).

Otras opciones: cordero y potro

Puedes dar cordero a tu hijo si es lechal (es el más tierno) y si eliges para él la parte más magra (la pierna). También puede comer potro; tiene menos proteínas que otras carnes, pero mucho más hierro.

¿Y si es alérgico?

Si tu hijo tiene alergia o intolerancia a las proteínas de la leche de vaca tampoco debe tomar carne de ternera, porque contiene proteínas similares.

Y si aún le das el pecho, debes eliminar de tu dieta cualquier alimento que lleve proteínas de vaca. “Cuando estos niños se inician en la alimentación complementaria hay que evitar que consuman leche y carne de vaca, pero sí pueden tomar el resto de carnes”, aclara Mª Dolores Gurrea.

En cualquier caso, asegúrate de que la carne que compras para tu hijo es magra y carece de nervios, para que no se atragante. Y procura ofrecerle cada día una clase distinta, para que siga una dieta más variada.

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