Las pautas del éxito

Aprovecha la hora de la comida para inculcar a tu hijo buenos hábitos a la mesa. ¿Quieres ideas concretas y prácticas? Aquí te las ofrecemos.

UTILIZA JUEGOS

Convertir las comidas en juegos para que al niño le resulten agradables es buena idea. Pero han de ser entretenimientos que estén centrados en la comida, que no le distraigan. Puedes comprarle una vajilla con dibujos para que tu peque los vaya descubriendo a medida que termina el puré. O darle un plato combinado de arroz, trocitos de zanahoria y huevo (todo cocido) con guisantitos pequeños, y animarle a comerlo con los dedos. ¡Seguro que tu hijo se lo pasa genial y te lo pide otro día! Y puedes recurrir al avión que llega a su boca, o a las cucharadas de “ésta por papá, ésta por mamá...”, juegos clásicos que gustan mucho a los bebés.

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RECOMPENSA SU ESFUERZO

Si tu niño tiene más de 2 o 3 años y come casi siempre lo mismo porque rechaza los alimentos nuevos, puedes hacer un tablero de puntos y colgarlo en la nevera o en la pared: cada plato lleva asignado un número de puntos y si se lo come, anotas los puntos en el tablero. Al final del día, si ha comido bien y tiene un número determinado de puntos, puedes darle un premio (una pegatina, leerle un cuento, un pequeño juguete...). Ten en cuenta que la diferencia entre un “chantaje” y una recompensa es que el primero se ofrece en plena trifulca y la segunda se pacta antes.

NO CEDAS A SUS CHANTAJES


Hay niños que recurren al chantaje a la hora de comer. “Si no pones la tele no me acabo el plato”, suele ser una de sus frases favoritas. Si el tuyo lo hace y cedes lograrás que se termine lo que le has puesto, pero habrá aprendido que puede utilizar la comida para lograr lo que quiera. Además, con la distracción de la tele no apreciará lo que está tomando. “No hay que ceder a sus chantajes. Y se debe desligar el hecho de ver la televisión del momento de la comida. Si hemos trabajado el hábito de comer como algo agradabley gratificante y no como una obligación, nos será fácil desmontar esos pequeños chantajes de los hijos”, explica Ferrán Martínez Gómez.

En definitiva, la próxima vez que sientes a tu hijo ante su plato recuerda que tú ya sabes que comer (bien) es un placer. Ahora te toca transmitírselo a él.

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