Los mejores sandwiches para niños

Hay mundo más allá del clásico sándwich mixto. ¿Has probado a hacerlos de rosbif, hawaiano, de pollo o dulce? Alimentan y a tu hijo le encantarán.

Si se te acaban las ideas a la hora de preparar la merienda de tu hijo, no desesperes. Además de la fruta, los lácteos, las galletas... tienes un buen aliado en los sándwiches. Puedes ofrecérselos una o dos veces por semana, a partir de que el niño tenga 2-3 años.

La base de este alimento es el pan, más concretamente el de molde. Se elabora con harina de trigo (puede ser integral), sal, levadura y agua. También puede contener trazas de huevo, lácteos, salvado o grasas vegetales. Su nutriente principal son los hidratos de carbono, especialmente el almidón, fuente de energía importantísima para los niños, en constante actividad física.

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Este valor energético es similar al del pan blanco normal. Lo que sí varía es el contenido graso. Mientras que el pan blanco de barra aporta aproximadamente un 1,5% de grasas, el de molde ronda el 5%, aunque la cantidad exacta varía de unas marcas a otras. Es muy interesante comparar las etiquetas, ya que algunas incluyen como ingrediente el aceite de oliva, mientras que otras utilizan aceites vegetales, sin especificar. Merece la pena decantarse por los primeros.

EN LA VARIEDAD...

Está el gusto. Existen todo tipo de panes para hacer sándwiches: de molde blanco, integral (estupendo si el niño es estreñido), sin gluten (para celíacos), sin lactosa (para intolerantes a esta sustancia)...

Pero el secreto principal para que un sándwich sea sano está en su interior; esto es, en rellenarlo con alimentos ligeros y nutritivos a la vez. Sobre todo si tu peque tiene sobrepeso, evita en la medida de lo posible los embutidos grasos, tipo chorizo, salchichón, salami... Y los condimentos como las salsas calóricas. Puedes utilizar ocasionalmente una pequeña cantidad de mayonesa, preferiblemente light, para potenciar el sabor. ¿Y qué ingredientes son los mejores? Fiambre de pavo, jamón de york, lechuga, tomate, atún, queso fresco... Aquí encontrarás muchas recetas interesantes.

BIEN CONSERVADOS

Los sándwiches tienen tres puntos a su favor muy interesantes: se mastican con muchísima facilidad, los niños pueden tomarlos en cualquier sitio mientras siguen con su actividad y su pan se conserva bastante mejor que el de barra. Para que permanezca en óptimo estado el mayor tiempo posible, mételo en la nevera. También puedes congelarlo, aunque es importante hacerlo justo cuando acabes de comprarlo para que no pierda nada de su frescura.

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Y si le ofreces al niño una forma original de tomar el sándwich, el éxito estará garantizado: puedes dárselo en triángulos pequeños (cuatro por rebanada), o enrollado, o sin corteza... O, más original aún: compra el pan sin cortar, saca con un cuchillo fino toda la miga en bloque, dejando la corteza hueca, corta las rebanadas, rellena los sándwiches y colócalos dentro de la corteza, como un recipiente. Les encantará.

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