Los cereales en la dieta de tu hijo

Ayudan al bebé en su crecimiento y proporcionan al niño energía sana y duradera, tanto física como mental. Por eso los cereales, en sus diversas preparaciones, son un alimento genial.

Durante sus primeros 3-6 meses de vida el bebé se alimenta sólo de leche, que cubre todas sus necesidades nutricionales.

Pero a partir de esa edad, cuando lo diga el pediatra, tendrás que empezar a introducir otros alimentos en su dieta, comenzando por los cereales.

Por su riqueza en hidratos de carbono, vitaminas, proteínas y minerales, este alimento hará que tu hijo crezca con salud y pleno de energía.

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Los cereales son las semillas o granos de las plantas gramíneas. Su estructura está formada por un núcleo rico en almidón (hidrato de carbono), cuya absorción lenta y gradual aporta al organismo energía durante largo tiempo, que a su vez está cubierto por unas finas capas con mucha proteína.

El germen es rico en vitaminas, proteínas y hierro. La cáscara, llamada salvado, contiene mucha fibra. Por eso se dice que son semillas de salud.

Los más adecuados para el bebé

Cuando introduzcas los cereales en la dieta de tu bebé, lo normal es que lo hagas con papillas de arroz, maíz o tapioca, cereales sin gluten, que no generan intolerancia.

El gluten es una proteína que se encuentra en el trigo, la cebada, la avena y el centeno. Algunas personas no toleran esta proteína, causante de la enfermedad celiaca, que es hereditaria y afecta a uno de cada 100 niños (al doble de chicas que de chicos).

En estos casos el intestino se inflama y provoca una mala absorción de los alimentos. “La reacción característica es la crisis celiaca, cuyos síntomas son barriga hinchada, diarrea, caída del cabello, piel seca y un estado de malestar permanente en el niño”, ilustra la doctora Margarita Pich Rosal, gastroenteróloga pediátrica de la Clínica Teknon de Barcelona.

“Durante muchos años se pensó que cuanto más tarde se introdujera el gluten en la dieta, menos celiacos tendríamos. Hoy esta teoría ya no es válida. Lo aconsejable es incluirlo poco a poco para que el niño lo tolere mejor”, explica la doctora.

Por eso, tras los cereales sin gluten, en el sexto o séptimo mes (si lo autoriza su pediatra) puedes añadir una cucharadita de cereales con gluten a la papilla o al biberón, y aumentar una cucharada más cada semana durante el siguiente mes. Y es que, según Pich, “empezar a los 9 meses dándole de golpe todos los cereales con gluten es peor”.

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Desde que tome estos cereales con gluten podrás darle también un trocito de pan para que lo mordisquee, vigilándole para que no se atragante.

Los cereales de esta etapa, con o sin gluten, se dextrinan e hidrolizan para que sean más digeribles, ya que el intestino del bebé aún es muy inmaduro y sensible.

El aporte nutricional de estas harinas es muy alto, porque están constituidas por hidratos de carbono y enriquecidas con vitaminas y minerales adicionales.

“Tienen la ventaja de que se deshacen muy bien en la leche. Y aunque el bebé aún no tiene ‘cultura del paladar’, se queda lleno y con la sensación de estar a gusto. Lo disfruta”, cuenta la pediatra.

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