Alimentar a tu hijo con conservas

Todavía existen muchos prejuicios respecto a las conservas, y más todavíaa la hora de dárselas a los niños. ¿Por qué, si pueden ser muy sanas y nutritivas?

La Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición afirma que en cualquiera de sus presentaciones (en latas, en botes o en frascos de cristal), las conservas pueden ser tan saludables como los platos elaborados en casa, siempre que sean de calidad, estén perfectamente embalados y respetemos la fecha de caducidad.

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Prueba evidente de ello son los tarritos específicos para bebés, a partir de los 4 meses.

Las conservas son muy cómodas de transportar y almacenar, es dificilísimo que se pasen de fecha (lo que permite hacer la compra una vez al mes), se preparan en un momento, evitan el uso de recipientes en la cocina y, complementándolas con productos frescos, permiten elaborar el menú de toda la familia sin caer en la monotonía y facilitando la tarea de proporcionar una alimentación sana, completa, variada y equilibrada.

Y las ventajas de este tipo de envasados no terminan aquí.

Según la experta en nutrición y cocina Cris Lincoln, autora de libros como Cocinar con latas y Cocina para niños (ambos en Ed. El País Aguilar, 17,90 € c/u):

“El proceso de conservación aplicado a la comida envasada en latas, botes y frascos de cristal elimina todo tipo de gérmenes nocivos y mantiene intactas las cualidades nutricionales del producto.

Tanto las proteínas como el caroteno y las vitaminas A, D, E y K se preservan intactas, incluso las vitaminas hidrosolubles C y del grupo B se mantienen mucho mejor en las conservas que en los productos que venden como frescos”.

Una vez en casa, coloca las conservas en el lugar más adecuado, según su embalaje. Las latas, en las baldas de una estantería, a temperatura ambiente, alejadas de cualquier fuente de calor. Y los frascos de cristal, en un armario, protegidos de la luz y del calor.

A la hora de dárselas a tu hijo, elige el tamaño de lata o frasco que se adecúe a sus necesidades, según la ración que se vaya a comer.

Y si sabes de antemano que te va a sobrar parte del contenido, prepara sólo lo que vayas a dar a tu pequeño y guarda el resto en la nevera, en una tartera con cierre hermético.

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Lo malo de dejarlo en el bote es que si el metal se oxida, puede soltar residuos que contaminarían el alimento.

Y el inconveniente de dejarlo en el frasco de cristal es que estaría más expuesto a la luz que si lo conservas en la tartera, y ya sabes que la luz favorece la pérdida de vitaminas.

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