Los beneficios del huevo en la dieta de los niños

Es rico en vitaminas, proteínas y minerales. Y, pese a su mala fama, no dispara el nivel de colesterol. El huevo es un alimento... ¡redondo! Por eso no debe faltar en la dieta habitual de los más pequeños, desde los 10 meses de edad.

¿Sabías que un huevo alimenta lo mismo que un filete o que un vaso de leche? Moreno o blanco (depende de la raza de la gallina, pero nutren igual), contiene proteínas de alto valor biológico, vitaminas A, E, D y del grupo B, y minerales como fósforo, selenio, hierro, yodo y zinc. También aporta folatos, pequeñas cantidades de ácido graso Omega 3 y sólo 80 calorías por unidad.

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Y es la principal fuente de colina, nutriente que favorece el desarrollo del cerebro, un motivo por el que tampoco embarazadas y madres lactantes deben privarse de este alimento.

Cómo empezar a dárselo al niño

Ana Isabel Sánchez, experta en nutrición y fundadora de la Asociación Española de Alérgicos a los Alimentos y al Látex (Aepnaa) aconseja introducir el huevo en la dieta a los 10 meses; si bien, cuando el niño presenta alergia a otros alimentos, como la leche, hay que esperar hasta los 15 meses, porque es frecuente que los pequeños con intolerancia a las proteínas de la leche de vaca tengan también alergia al huevo. En este caso será el alergólogo quien valorará la incorporación de este alimento en la dieta infantil.

La forma de iniciar a tu hijo en este nuevo alimento debe ser pausada y nunca en la cena, porque al dormirse después no te percatarías de una posible reacción.

Comienza añadiendo un cuarto de yema cocida en su puré de verduras del mediodía y si lo tolera bien, en la semana siguiente añade otro cuarto; así hasta que en un mes llegue a tomarse la yema entera. Posteriormente haz lo mismo con la clara. De este modo, cuando tu hijo cumpla un año habrás incorporado el huevo entero en su dieta habitual. A partir de entonces puedes darle dos o tres a la semana, hasta que sus necesidades nutricionales sean mayores.

Al principio, al mezclarle el huevo con el puré, no se percatará de que está tomando un nuevo alimento. Sin embargo, a medida que vaya creciendo, empezará a disfrutar de este nuevo producto en sus distintas preparaciones: en tortilla, asado, revuelto, escalfado... Recuerda que no debe tomarlo frito antes de los 3 años, y menos aun por la noche, porque puede resultarle muy pesado.

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Los huevos de codorniz, que parecen estar hechos a la medida de los más pequeños, suelen tener aceptación entre ellos. Su aporte nutritivo es muy semejante a los de gallina, pero, ojo: cómpralos sólo en establecimientos de confianza, porque al carecer de legislación propia, no ofrecen tantas garantías al consumidor como los de gallina.

A vueltas con el colesterol

El presidente de la Fundación de Hipercolesterolemia Familiar, el doctor Pedro Mata, asegura que “el huevo es un buen alimento, fácil de tomar y bastante digerible. Muchas veces, mis pacientes con colesterol alto se extrañan cuando les digo que pueden tomar huevos. Su sorpresa se debe a que siempre se asocia el consumo de huevos con el aumento de colesterol, y esto hay que matizarlo. Los niños y adultos con hipercolesterolemia pueden tomar tres y hasta cuatro huevos a la semana, frente al huevo diario que pueden consumir los adultos que no padecen este problema y los niños en general a partir de los cinco años.”

Pero aunque la relación huevos-colesterol es un mito que hay que desterrar, tampoco debemos irnos al otro extremo. Así que, antes de hacer una tortilla o un revuelto a tu hijo, piensa en los alimentos que ha tomado ese día y si llevan huevo en su composición (rebozados, natillas...), prepárale otro menú, porque el huevo “que no se ve” también cuenta.

Y otra cosa: no le des en la misma comida un filete o unas legumbres como primer plato y un huevo de segundo; serían demasiadas proteínas. Para que su menú sea equilibrado dale el huevo con verdura, o con arroz, o con patatas...

Comprueba su calidad y estado

Además de nutritivo, el huevo es un alimento muy delicado, por eso la Unión Europea se ha encargado de definir las características que lo hacen apto para su consumo.

Cuando vayas a comprar huevos, desecha los que no estén bien almacenados, los no etiquetados y los que no tengan la cáscara marcada, porque esto te impide conocer su procedencia. Tampoco debes aceptar los que estén sucios o rotos.
Por el contrario, no desconfíes de que en los puntos de venta no mantengan los huevos refrigerados. Lo hacen para evitar los cambios bruscos de temperatura. Éstos producen humedad en la cáscara, eliminando su capa protectora natural y facilitando la entrada de microorganismos en el huevo.

En casa, guárdalos en el frigorífico, en el lugar destinado para ellos, y saca sólo los que vayas a usar de inmediato. El Instituto de Estudios del Huevo insiste en la importancia de no dañar la película protectora de la cáscara, por lo que únicamente debes lavar este alimento unos instantes antes de utilizarlo.

Y si alguna vez tienes dudas sobre su frescura, sumérgelo en agua: si se hunde, es fresco; si flota, no.

Al ser un alimento tan versátil, seguro que encuentras la manera de que tu hijo se lo coma con ganas. Prueba con las recetas que te explicamos a continuación. Tienen mucho éxito entre los niños y el tuyo no tiene por qué ser la excepción.

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