Tu hijo se eterniza comiendo

Hay varios motivos por los que tu hijo puede pasarse una eternidad delante de su plato, sin acabar de comer.

Antes de que la comida se convierta en una situación tensa sigue nuestros consejos.

A cada causa, su solución

Puede que tu hijo tarde tanto en terminar su ración porque se empeña en comer solo. Si es así, déjale que lo haga, también puedes darle una patata frita o una croqueta, para que la sostenga en la mano y le vaya dando mordisquitos mientras tú le ayudas con la comida “de verdad”.

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Si el problema radica en que no le gusta lo que le has puesto, mezcla ese alimento que le desagrada con otros que sí acepta bien, para enmascarar su sabor. Por ejemplo, si odia el pescado, trocéalo, mézclalo con patatas fritas y prepáraselo en tortilla.

Si rechaza la verdura, utilízala como un ingrediente más de las croquetas. Y si se le resiste la carne, dásela picada y revuelta con los espaguetis, o empanada y partida en tiras.

Quizá lo que ocurre es que le aburre comer. A su edad es algo muy normal: prefiere estar corriendo y jugando que sentarse a la mesa. Para amenizarle la comida, preséntale sus raciones de forma creativa y divertida.

Por ejemplo, si le has preparado puré de patata, haz con él una cara: raya una zanahoria y colócala a modo de pelo, pon dos aceitunas sin hueso como si fueran los ojos y, con media rodajita de tomate, dibuja una enorme sonrisa.

También es buena idea que le compres platos que tengan el fondo decorado: descubrir qué dibujo se esconde debajo de la comida es un buen aliciente para que se apresure (al menos un poco) en terminar lo que le has puesto.

En ocasiones, el niño se eterniza comiendo para llamar la atención de los padres. Si crees que éste es el caso de tu hijo, intenta averiguar qué le ocurre y procura dedicarle más tiempo diario en exclusiva.

Es probable que así, a partir de ahora, empiece a comer con más ánimo y rapidez.

Apaga la televisión

Lo que no debes hacer es permitir que tu hijo vea la televisión mientras come.

Una cosa es enseñarle un trabalenguas, recitarle una poesía o cantarle una canción para alegrarle la comida, y otra que le ofrezcas una actividad que le haga olvidarse por completo de que tiene que comer, o todo lo contrario, que le haga comer por inercia.

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Además, si tenéis la tele encendida durante las comidas, él no concebirá estos momentos como una ocasión estupenda para charlar con su padre y contigo y os perderéis las vivencias que ha experimentado a lo largo del día.

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