Cómo hacer que tu hijo coma pescado y que le guste

Es nutritivo, digestivo y muy saludable. Por eso conviene incorporar el pescado a todas las dietas, incluida la de los niños, lo que no siempre resulta fácil.

Muchas madres se preguntan por qué el pescado se introduce tan tarde en la dieta del bebé, siendo tan nutritivo y digestivo y de textura más blandita que la carne y algunas verduras, que el pequeño empieza a comer meses antes. Y la respuesta es muy sencilla: para prevenir posibles alergias e intolerancias.

Publicidad - Sigue leyendo debajo

Desde los nueve meses el sistema inmunológico del pequeño se fortalece, por lo que el riesgo de que este alimento le siente mal disminuye notablemente.

Primero el pescado blanco, luego el pescado azul

Así que ya sabes: empieza a dar pescado a tu hijo sobre los nueve o los diez meses. Comienza por el blanco (merluza, gallo, pescadilla, mero, lenguado, trucha, lucio, bacalao...), de sabor más suave y con menos grasas, por lo que se digiere mejor que el azul (boquerones, sardinas, atún, anchoas, bonito, breca, salmón, caballa...). Deja éste para cuando tu pequeño cumpla los 18 meses, al menos. En ambos casos, dale muy poca cantidad (al principio, un par de pinchadas es suficiente) y deja pasar unos días entre la introducción de un tipo de pescado y otro, para comprobar que lo tolera sin problemas.

Las cualidades nutritivas del pescado lo convierten en uno de los alimentos más saludables durante el crecimiento. Es riquísimo en proteínas de alto valor biológico (regeneran los tejidos), calcio, fósforo, yodo, hierro, vitamina D y algunas vitaminas del grupo B.

El pescado azul, además, contiene vitamina A, hierro y ácidos Omega 3, que ayudan a prevenir posibles problemas de corazón. Y las espinitas laterales de los boquerones y de los chopitos constituyen una fuente muy importante de calcio (son tan diminutas que no producen atragantamientos y se digieren sin dificultad).

Por todo ello, procura que el pescado no falte en la dieta de tu pequeño y siempre que puedas, dáselo para cenar, mejor que para comer. La carencia de tejido conjuntivo (es la red de sostén en la que se ubican las células adiposas), característica tanto del pescado blanco como del azul, hace que se digiera enseguida, evitando la pesadez de estómago y facilitando la conciliación del sueño.

Publicidad - Sigue leyendo debajo

Pautas para que el pescado salga muy bueno

Para que siempre que lo prepares te salga fenomenal, recuerda estas pautas:

  • No pongas el pescado en la plancha hasta que esté ardiendo. Evitarás que se haga mucho por un lado y se quede prácticamente crudo por el otro.
  • Tampoco lo eches a la sartén hasta que el aceite esté muy caliente. Si está frío, el pescado se desmenuzará.
  • No cuezas el pescado siempre en agua. Cuécelo en algún caldo casero y te quedará mucho más sabroso.
  • Sálalo después de cocerlo. Si lo haces antes, perderá sus jugos y quedará reseco (los niños no deben tomar sal hasta después del primer año).

    No obligues a comer pescado a los niños

    Si a pesar de tus esfuerzos, tu pequeño rechaza el pescado, prueba a dárselo congelado, sin piel ni espinas y con formas atractivas para él: las varitas y los bocaditos de merluza, los filetes de lenguado empanados y los trocitos de bacalao rebozados le gustarán. También puedes recurrir a los tarritos de farmacia elaborados con pescado y al paté de atún, ambos de textura y sabor muy suaves, pensados específicamente para que a los niños les cueste menos aceptar este alimento.

    Otras opciones para que lo coma con gusto es dar al niño el pescado camuflado.

    Y si continúa rechazándolo, no insistas más, porque si le obligas a tomar pescado acabará odiándolo. Incrementa en su dieta los alimentos ricos en proteínas, como la leche, la carne, los huevos y las legumbres y olvídate de los peces por el momento. Los niños son imprevisibles y quizá, pasado un tiempo, el pescado se convierta en uno de sus platos preferidos y se empeñe en comerlo todos los días.

    Publicidad - Sigue leyendo debajo