La leche: imprescindible en la dieta diaria de tu hijo

Ahora que tu pequeño ya puede comer casi como el resto de la familia, no te descuides: aunque ha empezado a tomar otros alimentos ricos en calcio, la leche aún continúa siendo imprescindible en su dieta diaria, para que pueda seguir creciendo a lo alto y tan sano y fuerte como su padre y tú deseáis.

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D.R.

A los 12 meses tu hijo necesita, como mínimo, medio litro de leche diario (dos vasos grandes), que le aporta unos 600 mg de calcio, además de los derivados lácteos (batidos, quesos de untar, yogures...) y otros alimentos ricos en este mineral que ya toma habitualmente (legumbres, pescados, verduras verdes...). Y es que, aunque ahora lleva una alimentación más variada, la leche sigue siendo fundamental para que pueda crecer de forma armónica y saludable.

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La idónea para él

Dale leche de continuación. La normal de vaca es mejor que no la tome hasta los dos años, porque puede provocarle intolerancia y problemas digestivos e intestinales. Además, su escaso aporte en hierro y en vitamina C puede producirle déficit de estos nutrientes.

Mónica Mancina, enfermera pediátrica de Atención Primaria, nos comenta: “Yo siempre aconsejo la leche de continuación, tipo dos, hasta los dos años, porque está adaptada a las necesidades nutricionales del niño y a su aparato digestivo, que todavía no está completamente desarrollado”.

Hace años, al introducir la leche de vaca en la dieta de los más pequeños se recomendaba rebajarla con agua, pero actualmente los especialistas han dejado de aconsejar esta práctica, porque pierde muchos nutrientes. Además, el organismo asimila mejor el calcio si éste es ingerido con cierta cantidad de grasa. Por este mismo motivo, cuando empezamos a ofrecer leche de vaca a los niños (sobre los dos años), no debemos dársela desnatada, sino entera.

Si a tu pequeño no le gusta la leche o se aburre de ella, puedes dársela disfrazada con cereales. También es buena idea añadirle una galleta triturada.

Otro truco que a veces funciona es mezclarla con fruta batida. Las frutas que mejor combinan con la leche son el plátano, la pera y la manzana. Hasta que te dé permiso el pediatra, no le eches kiwis, fresas, albaricoques ni melocotones, porque pueden provocarle alergia.

Ten en cuenta también que a partir de los 18 meses ya podrás darle la leche disfrazada con una cucharadita de cacao soluble especial para bebés.

¿Y si la rechaza?

Si alguna vez no le apetece tomar leche, puedes sustituirla por derivados lácteos, como yogures normales, yogures líquidos, queso fresco, petit-suisses, quesitos y postres lácteos específicamente elaborados para los más pequeños.

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Además, procura incrementar en su dieta los alimentos ricos en calcio que sean aptos para su edad, como pescado blanco, acelgas, cardo, puerro... Y no te olvides de echarle un puñadito de legumbres en su puré verde.

Aun así, “es importante que, aunque no le guste, el niño beba al menos un vaso de leche diario”, aconseja Mónica Mancina. Piensa que para conseguir la cantidad de calcio que le aporta un vaso de leche, unos 300 mg, tiene que tomarse dos yogures o tres quesitos en porciones, y no es fácil que un niño pequeño se coma todo esto. Además, el calcio que aportan la leche y los derivados lácteos se asimila mucho mejor que el obtenido de otros alimentos.

Y en caso de que a tu hijo le encante la leche, procura que no beba más de un litro diario (cuatro vasos grandes), porque el exceso de calcio puede acabar produciéndole problemas renales. Además, la leche sacia mucho y si se quita el hambre con ella, luego no querrá tomar otros alimentos que también son necesarios durante el crecimiento.

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