7 errores que conviene evitar

Tan necesario como aplicar pautas eficaces es evitar actitudes que afecten a la buena marcha del proceso.

Ofrecerle otra comida

A veces los niños se niegan a tomar la comida que tienen delante y exigen otra cosa, o no quieren comer nada que no sea su plato favorito... Si tu hijo lo hace es importante que no cedas: cuando el plato está en la mesa no es adecuado buscar otra alternativa “para que al menos coma algo”. Quizá te solucione la cena de una noche, pero a la larga es contraproducente. “Si no quiere lo que hay, que no coma, así de simple. Puede que durante dos o tres días coma poco, pero no pasa nada. Tiene que entender que debe aceptar lo que le proponen sus padres y que algunos días le gustará y otros no”, aconseja Montse Domènech.

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Obsesionarse

Los niños tienen un radar infalible para detectar el estado de ánimo de sus progenitores. Si te pones nerviosa, él se contagiará de tu actitud o se reafirmará en su oposición.

Descartar alimentos

No dejes por imposible ningún alimento: seguro que encuentras alguna forma de cocinarlo que le guste a tu hijo. Si un pescado entero no le apetece, prueba con pasta con atún o croquetas de bacalao. Eso sí, si pese a haber probado de distintas formas con algo, tu hijo lo rechaza rotundamente, déjalo y vuelve a intentarlo unos meses más tarde.

Obligarle a comer a la fuerza

Sólo lograrás que asocie la comida a un mal rato. No hace falta que siempre deje el plato limpio; si ha comido un poco y ya no tiene más apetito, otra vez comerá más. Y si un día se niega a comer, no le obligues; quizá no se encuentre bien.

Dejarle picar entre horas

Es un mal hábito y, normalmente, sinónimo de tomar chucherías. Aunque tu hijo no haya comido bien, no le des nada al cabo de un rato para que así tenga algo en el estómago: lo aceptará, pero le quitará el hambre para la próxima comida.

Homogeneizar sabores

Aprovechar los purés para añadir esa verdura que no le gusta, camuflar gustos con salsas... Alguna vez puede ser necesario recurrir a este truco. Pero conviene que, en todo caso, sea una excepción, ya que así el niño no se acostumbra a probar cosas nuevas y va cogiendo manías que cada vez costará más eliminar.

Llenarle el plato a rebosar

La visión de un gran plato lleno puede desanimar a un niño mal comedor; es mejor presentar un plato ligero y añadir algo más si quiere repetir. Además, ten en cuenta que a veces se tienen expectativas poco realistas respecto a la cantidad que debe ingerir un niño. Por ejemplo, preparar primero, segundo y postre puede ser demasiado, sobre todo en una cena. En su lugar, es mejor optar por un único plato combinado.

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