Los 7 secretos del éxito

En la comida hay mucho de psicología, por eso es tan conveniente tener presentes una pautas para lograr nuestro objetivo: que nuestos hijos coman de todo.

Mantener una actitud positiva

Haz de la comida un momento agradable y, cuando hables de alimentos, enfócalo bien. En lugar de decir al niño “te guste o no, hay espinacas”, puedes decir “hoy hay espinacas, ¡qué buenas!”. De vez en cuando, tiéntale con un alimento que estés comiendo diciendo algo como “esto me encanta, ¿quieres probarlo?”. Te sorprenderá el resultado.

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Darle novedades poco a poco

Los expertos recomiendan que la incorporación de nuevos alimentos a la dieta del bebé se haga a intervalos de dos o tres días. Se actúa así para evitar problemas si el niño es alérgico a alguno, pero también es eficaz para acostumbrarle a los nuevos sabores. A medida que crece hay que actuar igual: ten en cuenta que muchas veces los niños rechazan una comida sólo porque no la conocen, así que es mejor acostumbrarle a descubrir alimentos poco a poco (por ejemplo, añadiendo unas cucharaditas de la nueva comida a una que ya le gusta).

Dejarle participar

Hacia los 6 meses tu hijo podrá coger algunos alimentos con las manos. Permíteselo, aunque se manche. Y cuando le des la cuchara, quizá intente llevarse algún trozo a la boca él solo. Deja que lo intente aunque la mitad acabe en el suelo. Entra dentro del proceso de aprendizaje y le hará interesarse por la comida.

Motivar en vez de regañar

Un halago o un comentario positivo será un estímulo mayor para tu hijo que una reprimenda. Si está haciendo un esfuerzo para comerse la sopa, refuerza esa acción con algún mensaje agradable. Al verte feliz, lo repetirá. Por otro lado, los incentivos son un buen recurso porque motivan al niño, así que en alguna ocasión ofrécele pequeñas recompensas a su esfuerzo, como leer un cuento juntos. Eso sí, es importante que la idea surja de ti, no de él.

Actuar con flexibilidad

No se trata de que el niño decida el menú, pero si de vez en cuando le dejas elegir ciertas cosas, se sentirá valorado. Antes de la cena, puedes preguntarle si prefiere judías o acelgas, por ejemplo; de todos modos comerá verdura, que es el objetivo, y lo hará más convencido. Tampoco es negativo recurrir alguna vez a pactos: si un día no consigue acabarse el plato, utiliza fórmulas como “acábate esta mitad”, o “sólo dos cucharaditas más”. De esta forma verá que le entiendes y eres flexible, pero que eres tú quien marca la pauta.

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Ponerle las cosas fáciles

Por ejemplo, si un plato le cuesta, ofréceselo en la comida mejor que en la cena, cuando está más cansado. O si tu hijo es de los que se cansan de masticar y “hacen bola” con la carne, una buena solución es presentarla en forma de albóndigas o croquetas; tendrá el mismo valor nutritivo y él se la comerá mejor.

Recurrir a la imaginación

A menudo los niños dejan de comer porque se aburren. Amenizarles la comida o presentar el plato de forma atractiva son formas de evitarlo. Prueba con una sopa de pasta de letras o animalitos, o un pescado con verduritas colocadas en forma de arco iris... y háblale sobre ello.

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