Enseñar a comer a los niños

Conseguir que tu hijo coma de todo y que además lo haga con gusto es posible. Sólo debes evitar algunos errores e insistir en los aciertos.

Comer es un instinto, pero comer bien es un hábito que se aprende. Igual que enseñamos a nuestro hijo a vestirse solo o limpiarse los dientes, podemos acostumbrarle a vivir el momento de la comida como algo agradable, a no eternizarse delante del plato...

Eso sí, estas actitudes no se aprenden de la noche a la mañana, forman parte de un proceso educativo que exige tiempo y constancia. Y además, como todo hábito, si el niño no lo adquiere durante los primeros años de vida le costará más esfuerzo en el futuro.

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La cara positiva es que si comenzamos a enseñárselo a nuestro hijo desde que es bebé, contamos con muchísimas posibilidades de tener éxito. “Está demostrado que los niños que de pequeños han probado sabores distintos, de mayores no tienen manías con la comida”, explica la pedagoga Montse Domènech, autora de ¡A comer!

Las bases de la buena o de la mala educación en torno a la comida comienzan a establecerse alrededor de los 5 o 6 meses del bebé, con la introducción de la papilla de frutas o el puré de verduras.

Hasta entonces el niño sólo había probado leche (materna o adaptada), papilla de cereales y, quizá, zumo de naranja. Como eran sabores dulces, en general los aceptaba bien. Pero ahora las cosas cambian: empieza a probar otros sabores y en muchos casos los rechaza. A esta edad ya tiene sus preferencias y seguramente te las deja muy claras: cierra la boca, gira la cara, escupe... ¡Sus recursos son infinitos! Aquí es donde entras tú.

“Como pediatra he observado a muchos bebés que no comen papillas de frutas o de carne, ‘porque no les gusta’. Ahí ya ha empezado una mala educación”, dice Pedro Frontera, jefe de Pediatría del Hospital Universitario La Fe de Valencia y autor del libro Enséñame a comer.

La técnica para educar bien en este sentido es siempre la misma: ofrecer los alimentos de forma positiva, insistiendo pero sin llegar nunca a forzar al niño y, pasado un tiempo determinado, retirar el plato esté como esté. Y las claves del éxito son la paciencia y la repetición. Lo importante es que el pequeño vaya probando distintos sabores, aunque sea poco a poco; una sola cucharadita puede ser una gran victoria.

“Conviértete en un moscón insistente y, sobre todo, no des importancia al hecho. ¿No quiere comer algo? No pasa nada, ya probarás en otra ocasión”, resume el doctor Frontera.

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Puedes aprovechar además la capacidad que tienen los niños de aprender por imitación. Por ejemplo, si en casa nunca hay un frutero con piezas apetecibles, será difícil que el pequeño pida fruta de postre. Y si coméis siempre lo mismo no querrá probar sabores nuevos. En cambio, si ve que coméis de todo y que disfrutáis de este momento, para él será normal actuar así.

“Un estudio concluyó que los niños con hermanos mayores que comen bien, aprenden más fácilmente a hacerlo”, comenta Montse Domènech. En todo caso, si quieres enseñar a comer a tu bebé o reeducar a tu hijo que come mal, ponte manos a la obra y recuerda qué actitudes son un acierto y cuáles debes evitar.

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