Tu actitud le ayuda mucho

Si las comidas son para ti los peores momentos del día, una buena idea es que intentes cambiar tu modo de afrontar la situación.

  1. Piensa en tu infancia. Reflexiona sobre tus recuerdos de las comidas cuando eras pequeña. ¿Te presionaban para comer? ¿Había ambiente de tensión? Anótalos en un cuaderno. Describe luego cómo te hubiera gustado que fueran las comidas y visualízalas.
  2. Analiza el presente. Reflexiona sobre cómo transcurren las comidas con tu hijo y sobre cómo querrías que fueran. Visualízalas. Piensa qué pasos debes dar para que sean así y anótalos. Será tu plan de campaña. Empieza a llevarlo a cabo, pero apunta antes el peso actual de tu hijo.
  3. Observa el resultado. Al cabo de una semana de seguir el plan, pesa a tu hijo. Seguramente hayas dejado de insistir y utilizar tus trucos habituales. Si no ha perdido peso, vas por buen camino (tu hijo, ahora sin presión, no come menos que antes). Si ha perdido menos de 1 Kg (o un 10% de su peso), tranquila: son fluctuaciones normales. Si ha perdido más de 1 Kg, habla con el pediatra.
  4. Si te cuesta hacerlo...Si te sientes incapaz de cambiar tu forma de afrontar esta situación, sopesa la posibilidad de que tu hijo coma en el colegio o de que sea el papá o la abuela quien se encargue de esta tarea. Esto romperá la tensión y abrirá paso a una dinámica diferente.

    Cuando acudir al pediatra

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    En ciertos casos el niño come mal por un motivo que debe ser consultado con el pediatra. Habla con él si notas alguno de estos síntomas:

    • El bebé rechaza el pecho por sistema. Puede deberse a una mala postura al mamar, a que tiene hongos en la boca, a que está resfriado o tiene dolor de oídos que se acentúa cuando come…
    • El niño pierde peso de forma brusca. O no hay una evolución adecuada en su percentil (no debes fijarte en las fluctuaciones mínimas, sino en las grandes tendencias). Consulta con el pediatra para que descarte una posible enfermedad.
    • Tiene a menudo vómitos y diarreas. Puede ser síntoma de una alergia a la leche de vaca o de intolerancia al gluten. En este último caso suele haber otros síntomas: el niño no crece bien, está triste y sin ganas de jugar...
    • Sale corriendo cada vez que ve el plato. Suele ser un juego, pero si notas que lo hace con angustia, mantente atenta. Puede que viva la comida con mucha presión.
    • Hay una pérdida de apetito repentina. Puede deberse a una enfermedad (si es así, recobrará el apetito en cuanto se ponga bueno). Pero a veces se produce por un trastorno emocional (problemas en el cole, tensión en la familia...). Si ésta es la causa, el niño estará muy irritable, llorará por todo, dormirá mal...
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