A la hora de comprarlos

A LA HORA DE COMPRARLOS

La condición más básica para que un congelado se mantenga perfecto es no romper en ningún momento la cadena del frío.

Para evitar este riesgo, cuando hagas la compra déjalos para el final y en cuanto los saques del arcón donde están expuestos (debe estar a –18 ºC), mételos en una bolsa isotérmica (las venden en el mismo establecimiento).

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Si vas a tardar más de una hora en llegar a tu domicilio, es mejor que te pongas de acuerdo con el personal del establecimiento para que te manden los congelados a casa. Así evitas que se descongelen por el camino.

Puedes comprar los congelados a granel o empaquetados. Si te decantas por la primera opción, acude a un establecimiento de confianza, que te garantice que el producto ha sido debidamente tratado desde su congelación hasta que ha llegado a tus manos.

Las empresas que comercializan estos productos tienen que cumplir unas normas muy estrictas y cuentan con todos los medios necesarios para realizar el proceso de ultracongelación y garantizar así una total calidad (la ultracongelación consiste en congelar rápidamente el producto recién recolectado, pescado o sacrificado, a –30 ºC, para mantener intactas todas sus cualidades).

Elige productos bien empaquetados y con un etiquetado claro, donde figuren la composición, la elaboración, algunas sugerencias de presentación y la caducidad.

Rechaza los que tengan el envase roto o sucio y también los que estén empapados, con escarcha o con el contenido apelmazado, pues es una señal evidente de que han sido descongelados.

Tampoco debes comprar los que estén por encima de la línea que indica cuál es la carga máxima del congelador.

LA CADENA DE FRÍO

La “cadena del frío” es un sistema formado por todos y cada uno de los pasos que constituyen el proceso de congelación, desde su origen hasta su consumo.

Si se rompe en alguno de sus “eslabones” (producción, transporte, almacenamiento, venta o mantenimiento en casa), la calidad del producto se ve afectada.

¿Sabes por qué? Porque la formación de cristales de hielo debida a la congelación del agua que contienen los alimentos puede deteriorarlos.

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Sin embargo, este proceso es inversamente proporcional a la velocidad de congelación: si el alimento se congela rápidamente, se forman menos cristales y, por tanto, la posibilidad de que el alimento se eche a perder es ínfima.

Ahora bien, cuando se rompe la cadena del frío y se produce una descongelación y una posterior recongelación, aparecen más cristales y, aunque el alimento no se estropea, pierde muchos nutrientes y su textura se modifica; es decir, alimenta menos y al prepararlo queda demasiado seco o muy blando, lo que aumenta las probabilidades de que los niños lo rechacen.

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