Sí a los congelados

Los alimentos frescos no siempre son mejores que los congelados. Sabiendo cuáles comprar y cómo conservarlos y cocinarlos, estos últimos son una opción saludable para toda la familia.

Para proporcionar a los niños una alimentación óptima, nada mejor que los alimentos frescos.

Pero seamos realistas: muchas veces, desde que se recolecta la verdura o se sacrifica al animal que vamos a consumir hasta que llega a la mesa, el producto fresco ha perdido más propiedades que si lo hubieran congelado nada más recogerlo.

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Por eso, si no estás segura de la frescura del alimento que vas a comprar o si no vas a dárselo a tu hijo en las próximas 24 horas, es mejor que lo adquieras congelado.

TODAS SUS VENTAJAS

La congelación industrial es una técnica muy precisa que permite que los alimentos lleguen al consumidor en perfecto estado: impide la proliferación de los microorganismos, ayuda a mantener casi intactas las cualidades nutritivas de los productos y conserva muy bien su color, sabor, textura y olor.

Numerosos estudios realizados por nutricionistas concluyen que estos productos son adecuados para los niños no solo por los nutrientes que les proporcionan, sino porque les facilitan la aceptación de los alimentos que menos les gustan.

En el caso del pescado, por ejemplo, las variedades pensadas para ellos no contienen espinas.

En cuanto a las verduras, al ser todas regulares y del mismo tamaño y presentar un color muy vivo, suelen resultarles más atractivas que las frescas.

Las carnes y pescados congelados específicos para niños se comercializan en piezas menudas (nuggets, varitas, bocaditos...), con idea de que puedan cogerlas con los dedos, y en ocasiones presentan formas divertidas para que los peques, al tiempo que toman lo que necesitan, se diviertan comiendo.

Otras ventajas que ofrecen estos productos son:

  • Ayudan a llevar una dieta completa y equilibrada por su enorme variedad como es la mediterránea.
  • La mayoría pueden cocinarse sin descongelación previa, por lo que son prácticos y resolutivos.
  • Pueden almacenarse durante mucho tiempo, lo que permite hacer la compra una vez al mes.
  • Salen más económicos que los productos que compramos como frescos, ya que no necesitan lavarse y se aprovechan al máximo (entre un 30% y un 40% de la carne y el pescado frescos y un 20% de algunas verduras se va en desperdicios).
  • El pescado congelado no presenta riesgo de anisakis. Además, la congelación ayuda a conservar sus proteínas y sus ácidos grasos omega-3.
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    Como todo, el tema que nos ocupa también tiene sus excepciones y hay alimentos que no conviene adquirir congelados: ni los que pueden conseguirse en cualquier época y se conservan bien a temperatura ambiente ni el pescado azul menudo (boquerones, sardinas...), porque pierde sabor y textura.

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