No mastica, engulle

Muchos niños pequeños se tragan los trozos de comida casi enteros. Para evitar sustos y molestias estomacales, hay que habituarles a masticar bien.

"Mi hija comía muy rápido. En un abrir y cerrar de ojos devoraba el plato, por lo que se atragantaba a menudo".

"Además, tenía muchos gases y se quejaba de dolor de tripa con bastante frecuencia”, nos cuenta la madre de Laura, de 26 meses.

Como vemos, enseñar a los niños a desmenuzar la comida es vital para su salud y su desarrollo.

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UNA NECESIDAD SANA

Y es que los beneficios de la masticación son innumerables:

  • Ayuda a los pequeños a triturar los alimentos para poder ingerirlos, digerirlos y asimilarlos mejor.
  • Estimula la producción de saliva, una barrera que protege los tejidos bucales frente a los microorganismos, previene las caries y envuelve los alimentos con el fin de hacerlos más suaves y evitar que, al pasar por el estómago, dañen sus paredes.
  • Favorece el desarrollo de su mandíbula y fortalece sus encías, lo que a su vez contribuye a que su dentadura se mantenga sana. Y también influye en el desarrollo armónico de su cara.

    Durante el proceso de la masticación, los labios, la mandíbula, las mejillas y la lengua trabajan con una perfecta y minuciosa coordinación de movimientos.

    También los dientes realizan un trabajo determinante: los incisivos penetran en el alimento y lo sostienen, mientras los molares lo trituran.

    CALMA Y RAPIDEZ

    Tras un atragantamiento, por lo general es suficiente con dar agua al pequeño para que vuelva a respirar con normalidad.

    Pero si no puede hablar y se congestiona, es evidente que está teniendo problemas para coger aire.

    En este caso no debemos meterle los dedos en la boca para buscar el objeto que le está causando la asfixia (podríamos empujarlo y provocar una obstrucción aún mayor), sino practicarle la maniobra de Heimlich.

    Consiste en sentar al niño en nuestro regazo, su espalda contra nuestro pecho, abrazarle por detrás y colocar nuestro puño cerrado, con el pulgar metido hacia dentro, sobre la parte central de su tripa, justo entre el ombligo y el esternón.

    Después hay que presionarle varias veces en este punto, haciendo fuerza hacia arriba. El pequeño empezará a toser y expulsará el objeto.

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