Estrategias para el niño poco comedor

Como ves, el apetito de tu hijo no depende de ti, sino de factores como la genética, su metabolismo o el momento vital que esté atravesando. Pero puedes aplicar estrategias para conseguir que la comida sea para él un placer y no una obligación. Quizá así no coma más, pero comerá mejor:

  • Confía en su apetito. Ya sabes que es un instinto básico y (casi siempre) infalible. Para comprobar que el de tu hijo funciona, obsérvale: ¿no pierde peso? ¿sigue creciendo? ¿juega y está alegre? Entonces, significa que está bien alimentado.
  • Evita que la comida se eternice. De 10 a 15 minutos bastan. Retira el plato en cuanto el niño gire la cabeza, escupa los alimentos o juegue con ellos. Puede que sólo haya tomado unas cucharadas, lo más probable es que sean suficientes. No le prepares otra cosa y no le des nada en la hora siguiente. Poco a poco irá aprendiendo a comer a sus horas.
  • Hazle comidas atractivas. Tú no eres responsable del apetito de tu hijo, pero sí de lo que le das. De ello depende que se acostumbre a platos saludables y nutritivos. Prepárale la comida pensando en los cuatro grupos alimenticios.
  • Comed en familia. Veros comer le hace comer (le gusta imitaros) y también es probable que le apetezca probar algo de vuestros platos. Además, déjale participar al poner la mesa.
  • Procura que esté activo. Tras una tarde en el parque tendrá más apetito que si ha estado sentado viendo la tele. Pero procura que no cene demasiado tarde, ya que el cansancio interfiere en el apetito. Opta en este caso por una merienda/cena.
  • Evita las tensiones. Tu hijo come en función de su apetito y no para agradarte o desagradarte. Si surgen tensiones por una lucha de poder la comida dejará de ser algo placentero y el niño aprenderá que actuando así obtiene tu atención. Pero si le bajas de su silla en cuanto notas que pierde interés, no habrá lugar para batallas.
  • Ojo a los chantajes. No pasa nada por que alguna vez cantes o juegues con él para que coma, o por que le prometas un helado de postre. Pero si lo haces por costumbre, cada vez pedirá más cosas y se convertirá en un pequeño tirano. Lo mejor es que, si notas que ya no tiene hambre, no insistas.
  • Sé flexible. Los niños suelen pasar por periodos en los que de repente se les antoja algún alimento, como queso rallado, salsa de tomate... Estos antojos desaparecen por sí solos, y mientras puedes aprovecharlos para introducir un nuevo alimento en su dieta, mezclándolo con ese que tanto le gusta.
  • No te agobies. Es normal que el niño tenga algún día en los que apenas le apetezca comer sin que haya un motivo. Pronto recuperará el apetito, no le des importancia.
  • Descarta un problema real. Si estás muy preocupada por el tema, habla con el pediatra para que te dé su opinión y descarte una causa física. Si todo está bien, significa que tu hijo simplemente tiene poco apetito. Tranquila: suelen ser niños delgados y vivarachos, pero igual de sanos que los demás.
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    UN ESPÍRITU POSITIVO

    Por último, conviene enfrentarse a la situación con un ánimo distinto. Piensa que casi siempre se trata de algo pasajero: normalmente el periodo de mayores problemas con la alimentación va desde el año hasta los 5 años.

    Y, aunque en los niños con poco apetito como rasgo genético puede durar más, también en ellos la situación mejora con el tiempo. En definitiva, no desesperes y fíjate más en la curva de crecimiento de tu hijo que en la cantidad de alimento que toma.

    ¿HABLO CON EL PEDIATRA?

    En ciertos casos el niño come mal por un motivo que debe ser consultado con el pediatra. Habla con él si notas alguno de estos síntomas:

    • El bebé rechaza el pecho por sistema. Puede deberse a una mala postura al mamar, a que tiene hongos en la boca, a que está resfriado o tiene dolor de oídos que se acentúa cuando come...
    • El niño pierde peso de forma brusca. O no hay una evolución adecuada en su percentil. Consulta con el pediatra para que descarte una posible enfermedad.
    • Tiene a menudo vómitos y diarreas. Puede ser síntoma de una alergia a la leche de vaca o de intolerancia al gluten. En este último caso suele haber otros síntomas: el niño no crece bien, está triste y sin ganas de jugar...
    • Sale corriendo cada vez que ve el plato. Suele ser un juego, pero si notas que lo hace con angustia, mantente atenta. Puede que viva la comida con mucha presión.
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