Un embarazo sin medicinas es posible y te decimos cómo lograrlo

¿Te duele la espalda? ¿Has cogido un resfriado? ¿Los picores no te dejan dormir? Existen remedios caseros para aliviar esas pequeñas molestias del embarazo sin necesidad de fármacos.

 

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Congestión nasal

Es un síntoma de resfriado, pero también es un trastorno habitual en el embarazo. La mucosidad clara y acuosa, ya de por sí molesta, puede tornarse verde y espesa a medida que avanza el resfriado. Si hay fiebre, dolor de cabeza o malestar general, debes acudir al médico.
Una medida eficaz para despejar las fosas nasales es lavarlas con suero fisiológico o con un nebulizador de agua marina.
Puedes comprar el suero en la farmacia o prepararlo en casa: diluye una cucharadita de sal en un litro de agua. Con la cabeza ligeramente inclinada hacia atrás, echa unas gotas en uno de los orificios, espera unos segundos y suénate. Haz lo mismo en el otro orificio.
Además, no olvides beber más de litro y medio de líquido al día (agua, zumos, caldo), pues así las mucosidades se volverán fluidas y podrás expulsarlas con facilidad.
Procura mantener un buen nivel de humedad en el ambiente poniendo un humidificador o una cazuela de agua hirvierdo. No añadas sustancias al agua, como eucalipto, mentol o las que contengan alcanfor, no son adecuadas en tu estado.

Y si se trata de sinusitis...

Ocurre por la inflamación y la congestión de los senos que están conectados con la nariz y puede provocar un intenso dolor. Tanto si se presenta con fiebre como si no, si sospechas que se trata de sinusitis, debes ir a tu médico de cabecera para su valoración y tratamiento. Para ayudar a expulsar el moco puedes hacer vahos calientes con agua (sin añadir sustancias) durante 15 minutos, tres o cuatro veces al día. Nunca utilices inhaladores ni descongestivos por tu cuenta.

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Tos y garganta irritada

La tos irritativa (sin expectoración) se calma si haces gárgaras con una infusión templada de agua de limón y miel (un vaso de agua, el zumo de un limón y una cucharada de miel). Pero no está indicado en caso de diabetes gestacional, igual que los caramelos de miel y limón. La medida que realmente mejora la tos es beber mucho líquido (más de litro y medio al día de agua, infusiones, caldos, zumos...) para mantener las mucosas hidratadas.
No olvides además colocar pequeños recipientes con agua en los radiadores de la calefacción o un humidificador para evitar el ambiente seco, que aumenta la irritación de garganta. No tomes preparados de menta o eucalipto (se desaconsejan en la gestación) y ve al médico si tienes secreciones amarillentas, verdosas o sanguinolentas, o si tienes fiebre.

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Picor de ojos y lagrimeo

Hay que distinguir un simple lagrimeo de ojos, originado por un resfriado común, de una conjuntivitis con infección. Cuando hay supuración de color amarilla o verdosa conviene visitar al médico, porque puede haber una infección bacteriana.
Si es sólo lagrimeo e irritación, conseguirás alivio al lavar los ojos tres o cuatro veces al día con suero salino.
Otra opción puede ser el agua de manzanilla. Para hacerla, compra en un herbolario manzanilla en flor y pon a hervir dos o tres motitas en un vaso de agua. Debes filtrarla varias veces con una tela para evitar que queden pequeñas partículas y aplicártela siempre con los ojos cerrados. Hazlo cuando se haya enfriado: empapa una gasa estéril en el líquido y pásala suavemente varias veces sobre el ojo cerrado, incidiendo más en la zona de las pestañas.
El colirio es un medicamento y solo puedes utilizarlo si te lo ha indicado el médico.

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Fiebre alta

Tener 38 ºC o más de temperatura de forma mantenida implica riesgos para el feto, por eso se aconseja ir al médico siempre que se detecte fiebre.
Si no puedes ir de inmediato y la fiebre llega a 38 ºC, toma un baño con el agua a un grado por debajo de tu temperatura corporal. Es decir, si tienes 38 ºC, el agua debe estar a 37 ºC.
El fármaco aconsejado para utilizar en el embarazo en caso de fiebre o dolor es el paracetamol, siempre que no exista alergia y siempre bajo prescripción médica.

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Dolor de espalda
Getty Images

En el embarazo la columna cambia la posición, por eso ahora son muy frecuentes las molestias en la espalda. Para paliar el dolor puedes aplicar calor seco durante 15 minutos en la zona dolorida, dos o tres veces al día. Utiliza paños calientes (no quemando) o una bolsa de agua caliente envuelta en una toalla.
Para prevenir las molestias musculares, mantén la espalda recta. Existen fajas especiales para este fin, que se adaptan al cambiante tamaño de la tripa.
No tomes antiinflamatorios por tu cuenta, después de la semana 28 del embarazo pueden influir negativamente en el feto.

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Hemorroides

Aparecen por la presión que ejerce el útero sobre las venas hemorroidales. El dolor se suele calmar aplicando frío en la zona. Toma baños de asiento fríos en el bidé durante 20 minutos o aplícate un cubito de hielo envuelto en una gasa estéril. Si no es por indicación médica, no utilices pomadas para bajar la inflamación, porque suelen contener sustancias vasoconstrictoras, contraindicadas en tu estado.

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Picores en la piel

Se pueden producir por las alteraciones hormonales o por el estiramiento al que se ve sometida la piel. Los picores aparecen con más frecuencia en el abdomen y la espalda. Si el picor no remite, es necesario acudir al médico para que realice un análisis y descarte algún problema hepático.
Un remedio que puedes utilizar para calmar esta molestia es añadir al agua del baño dos cucharadas de aceite de oliva y un vaso de leche (recuerda que en el último mes conviene sustituir el baño por la ducha). También puedes aplicarte en las zonas más molestas aceite de oliva con una gasa.
Utiliza en tu aseo diario un jabón neutro y, después de la ducha, aún con la piel húmeda, aplícate una crema hidratante hipoalergénica.

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Quemadura leve

Sumerge la zona afectada en un recipiente con agua fría durante 10 minutos, o coloca la parte quemada bajo el grifo de agua fría (sin que el chorro caiga directamente sobre la quemadura) para calmar el dolor. No apliques cremas, porque podrían causar una infección. Si se ha formado una ampolla, no la rompas, la piel es una protección natural contra posibles infecciones.

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Diarrea

Puede ser síntoma de una gastroenteritis infecciosa o estar causada por consumir algún alimento en mal estado. Debes ir al médico si aparece fiebre, tienes vómitos abundantes, no admites líquidos o las heces presentan restos de sangre o moco. Ten cuidado si estás más de un día con diarrea porque hay riesgo de deshidratación. De ahí que debas llevar una dieta adecuada, que te aporte los líquidos perdidos.
Bebe dos litros de suero oral al día. Puedes comprarlo en la farmacia o hacerlo en casa: un litro de agua hervida, el zumo de dos limones, una pizca de sal, otra de bicarbonato y una punta de cuchara de azúcar (excepto si eres diabética).
Toma alimentos sin fibra (arroz con zanahoria hervido, y manzana cruda sin piel). No ingieras lácteos en 24 horas y cuando vuelvas a incorporarlos a la dieta, comienza por el yogur.

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Magulladuras y dolor de piernas

Si has sufrido una torcedura (frecuentes en el embarazo, por la laxitud de los ligamentos) o un golpe en una extremidad, aplica rápidamente frío para evitar la inflamación. Sumerge la zona en agua con cubitos de hielo durante un buen rato o aplícate una bolsa de congelados. Si puedes, mantén las piernas en alto. Si pasadas 48 horas aún hay inflamación, para bajarla debes utilizar calor. Moja una toalla con agua caliente (que no queme), escúrrela, ponla sobre la zona afectada y cúbrela con un plástico para mantener el calor. Hazlo durante 20 minutos, dos o tres veces al día. No debes aplicar calor en la tripa o cerca de ella. Y vigila que tu temperatura corporal no se eleve más de 37,5 ºC.

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