La placenta, cómo es y para qué sirve

Proporciona los nutrientes y el oxígeno al bebé en gestación, recoge sus desechos y es un filtro protector frente a agentes patógenos. Descubre cómo funciona, cómo evoluciona y qué nos cuenta la placenta.

Para qué sirve la placenta en el embarazo
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La placenta es un órgano único, creado para el embarazo, con un periodo de vida limitado a los nueve meses que dura la gestación y sin el cual ésta no sería viable. Incluso antes de saber que estabas embarazada, ya había empezado a funcionar.

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A tu hijo no le falta de nada gracias a ella

Es cierto, la placenta tan sólo necesita una semana para empezar a trabajar desde el momento en que el óvulo es fecundado. Esto ocurre cuando las células del óvulo que se han implantado en la pared uterina comienzan a multiplicarse, empezando a crear por un lado todos los órganos de tu bebé y por otro, el cordón umbilical, la bolsa de líquido amniótico y la placenta.

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Labor fundamental
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Aunque durante las primeras semanas ésta apenas es visible (es una capa fina adherida al útero), su labor resulta crucial para que el embarazo pueda continuar, ya que las hormonas que secreta (gonadotropina coriónica humana, HGC, y lactógena placentaria) engañan a tu organismo para que no vuelvas a ovular y para que tu sistema inmunológico no considere al feto como un cuerpo extraño y lo rechace. Luego, a medida que vayan pasando los meses, se encargará de mantener el nivel hormonal adecuado de estrógenos, progesterona y prolactina para que poco a poco tu cuerpo se vaya adaptando a los cambios y preparándose para el parto, la maternidad y la lactancia.

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La placenta y el bebé, un intercambio esencial

Por una cara, la placenta está unida a la pared uterina por una multitud de pequeños vasos sanguíneos y por la otra, a tu hijo a través del cordón umbilical.
Éste, el cordón, tiene dos arterias y una vena, y al contrario de lo que ocurre normalmente, el feto recibe todos los nutrientes y el oxígeno a través de la vena y expulsa los desechos por las dos arterias.
Este intercambio va a continuar produciéndose durante todo el embarazo e irá adaptándose a las necesidades de cada momento.
Por ejemplo, la placenta se encargará de que sustancias que se encuentran en grandes concentraciones en tu torrente sanguíneo, como el oxígeno, pasen en menor cantidad a tu hijo, mientras que aquellas otras de las que puedas tener alguna carencia, normalmente vitaminas y minerales (como por ejemplo el hierro), pasen en mayor concentración al feto para asegurar así su correcto desarrollo.
Además, este órgano funciona como un filtro excelente que protege al feto ante los agentes patógenos e infecciosos más comunes, ya que sus moléculas suelen ser incapaces de atravesar la barrera placentaria y cuando lo hacen, llegan al bebé en una concentración mucho menor.
Aún así, recuerda que hay ciertos virus, bacterias y gérmenes que sí son capaces de atravesar este filtro (los causantes de rubéola, toxoplasmosis, sífilis y tuberculosis, por ejemplo), al igual que el alcohol, el tabaco y todos los medicamentos que no se consideran seguros durante el embarazo.

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Implantación de la placenta: el lugar importa

En algunas ocasiones la implantación es más inferior, lo que causa una placenta baja (si ésta se desarrolla cerca del cuello uterino) o una placenta previa (cuando ésta tapona la salida del canal de parto). Cuando esto ocurre, es necesario programar una cesárea, pero si la placenta no obstruye totalmente el cuello del útero, se recomienda esperar a que la madre termine de dilatar por si el bebé tuviera suficiente espacio para salir por sí solo. Aunque no se sabe por qué ocurre, suele ser más habitual en embarazos múltiples donde hay varias placentas (puede haber una por feto, aunque luego se junten) o en mujeres que han sufrido abortos previos y que tienen alguna cicatriz en la pared uterina. En cuanto a la localización, puede ser anterior o posterior, es decir, situada en el lado donde está tu ombligo o en el lado que linda con tu espalda; cuando se desarrolla en la primera posición es más difícil sentir los primeros movimientos del bebé, ya que actúa como un colchón amortiguador.

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¿Cómo evoluciona la placenta?

En el primer trimestre: Apenas visible en la ecografía, la placenta es una fina capa que se va engrosando y aumentando de peso (alcanzará los 100 gramos en este trimestre). Empezó a formarse antes que el bebé y se completará en el cuarto mes de gestación, pero por ella ya pasan 20 litros de sangre al día.

En el segundo: Adquiere su forma ovalada, con un diámetro de unos 15 cm y un peso de unos 300 g. Ahora es cuando más crece y cuando más nutrientes acumula del torrente sanguíneo de la madre para pasarlos al feto, de ahí que sean habituales los mareos por la mañana o después de horas de ayuno.

Y en el tercero: Alcanza su tamaño definitivo: unos 22 cm, con un grosor de 2 a 3 cm y un peso de medio kilo. Ya no crece más (el bebé necesita el espacio) y son visibles en las ecografías unas manchas blancas en su superficie (calcificaciones) que indican que está envejeciendo y que el parto está cada vez más cerca.

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Dos problemas que requieren reposo

Aparece un hematoma: Una posible complicación es la aparición de un hematoma retroplacentario (un coágulo de sangre entre la pared uterina y la placenta), que si no se reabsorbe puede acabar por desprender la placenta en su totalidad y provocar un aborto o un parto de urgencia. No se conocen las causas exactas por las que se produce este desprendimiento prematuro, aunque es más fácil que ocurra si la madre sufre de hipertensión arterial o si se trata de un embarazo múltiple. En ambos casos, una vez detectado el hematoma se recomienda reposo para favorecer la absorción además de seguir una dieta baja en sal.

2. Envejece antes de tiempo: Cuando la placenta envejece antes de tiempo, como les ocurre a algunas embarazadas, el feto deja de recibir los nutrientes que necesita antes de haber concluido su crecimiento. Esta complicación es más común en las madres fumadoras. Monitorizar la situación con un exhaustivo programa alimenticio y una vida tranquila suele ser suficiente remedio, aunque en casos extremos el tocólogo puede adelantar el parto si considera que el bebé no está progresando adecuadamente.

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La placenta tras el parto

Los médicos analizarán diversos aspectos de este órgano, una vez expulsado, ya que aportan información sobre cómo ha transcurrido el embarazo y si puede haber algún problema con los restos placentarios en el postparto.

La placenta, a estudio: Lo primero que estudiarán es cómo se produce el alumbramiento. Por ejemplo, si las raíces de la placenta han crecido más profundamente dentro del músculo uterino, puede ser un caso de acretismo y será más complicado que se desprenda.
Después estudiarán el tamaño y el color de este órgano: cuando tiene un aspecto opaco, puede indicar que has sufrido alguna enfermedad durante el embarazo que ha pasado inadvertida.

Los últimos restos: Una vez expulsada la placenta, el útero tardará unos 40 días en cicatrizar y regenerarse, de ahí el llamado periodo de cuarentena, durante el cual expulsarás loquios (son pequeños trozos de capilares que unían a la placenta con el útero) y en el que conviene abstenerse de tener relaciones sexuales para evitar infecciones.

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