Qué es el crecimiento intrauterino retardado

Cuando el bebé no crece bien en el útero materno, se conoce como CIR, hay que descubrir qué lo causa, corregirlo y, si no es posible, quizá decidan inducir el parto.

 

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¿Qué es el CIR?

En una de tus visitas rutinarias al ginecólogo han visto que el bebé no crece todo lo que debería. “Normalmente en el primer trimestre del embarazo no se observan problemas de crecimiento, excepto en casos de anomalías graves del embrión o del feto.
Es a partir de la segunda mitad cuando suele surgir este problema (el periodo más rápido de crecimiento es entre las semanas 12 y 36) y mucho más en el tercer trimestre, considerando que entre las semanas 32 y 36 el feto gana 200-225 gramos por semana”, explica el Dr. José Luis Bartha, jefe de Ginecología y Obstetricia del Hospital La Paz, de Madrid.

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¿Es un CIR o es un bebé pequeño?

Los ginecólogos consideran que el feto es pequeño para su edad gestacional si su peso está por debajo del percentil 10 (de cada 100 recién nacidos, 90 pesarán más que él).
Pero tranquila, sólo una tercera parte de esos recién nacidos con baja talla y peso son diagnosticados con CIR, el resto son niños pequeños por constitución y no tienen ninguna alteración.
“Lo importante no es si el bebé es más pequeño o más grande, sino descubrir si existe alguna causa que provoque ese retraso en el crecimiento.
Existen muchos fetos que son pequeños por constitución, porque sus padres también lo son, y eso no quiere decir que haya algún problema. Los bebés van creciendo a su ritmo, aunque siempre dentro de un rango de normalidad que llamamos percentiles”, indica el Dr. José Luis Bartha.
Por ello, lo primero que hará tu ginecólogo será comprobar si se trata de un feto pequeño, pero sano, o si no crece adecuadamente porque existe un problema que se lo impide.
Según la Dra. Arantza Lekuona, jefa de Ginecología del Hospital Donostia, “la causa más común es la insuficiencia placentaria, es decir, el mal funcionamiento de la placenta o de los vasos que la unen con el feto, problemas que provocan que no le lleguen bien los nutrientes.
Aunque el CIR también puede darse por anomalías en el cordon umbilical, causas genéticas, enfermedad de la madre (diabetes o hipertensión), malformaciones fetales o infecciones sufridas durante el embarazo”, añade.

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Encontrar las causas

Si tu hijo está creciendo poco habrá que evaluar las causas.
En la primera ecografía (8-12 semanas), además de descartar cualquier malformación o problema típico del primer trimestre, se intenta averiguar la fecha en la que concebiste a tu hijo, es decir, la edad del feto.
Se hace utilizando la longitud cráneo-nalga, midiéndole desde su coronilla hasta el final del coxis. Esto servirá para controlar y evaluar su crecimiento.
En la segunda ecografía (18-20 semanas), medirán al bebé teniendo en cuenta el diámetro de su cabeza, el perímetro abdominal y la longitud del fémur. Después el ecografista comparará el resultado con los percentiles y si da por debajo de 10, se sospechará de CIR.
Otra pista la dará la cantidad de líquido amniótico. Si hay escasez, es indicio de que el feto está malnutrido y la sospecha se intensifica.
A continuación se realiza una ecografía Doppler, que permitirá ver la velocidad del flujo sanguíneo en el útero, la placenta, el cordón y el feto.
Verán si no le llegan bien el oxígeno y los nutrientes, lo que significará que algo está fallando en la placenta y que esta no está aportando suficiente alimento al bebé.
Si se confirma el CIR, te citarán para más controles y pruebas (pueden ser cada 15 días, cada 7 días e incluso cada 48 horas en casos graves) y te recomendarán reposo y una dieta con suplementos de proteínas y calorías.

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Cuidar los hábitos y la alimentación

Existen también ciertos factores relacionados con hábitos inadecuados de la futura mamá que pueden influir en que un bebé sea diagnosticado con CIR. Entre ellos que siga una dieta inadecuada.
Las mamás malnutridas y que ingieren al día menos de 1.500 calorías en el tercer trimestre de embarazo tienen más probabilidades de tener un bebé con CIR.
Que la madre pese menos de 45 kilos, mida menos de 1,50 cm y no gane peso en su embarazo es otro factor de riesgo.
Tabaco, alcohol y otras drogas son sustancias que alteran los mecanismos de la placenta que transportan el oxígeno y el alimento al bebé, lo que provoca que no le lleguen los nutrientes necesarios para su correcto desarrollo. Si el bebé tiene un CIR pedirán a la madre que reduzca a cero el consumo de estas sustancias.

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Quizá haya que provocar el parto

En ocasiones y para evitar problemas mayores se recomienda provocar el nacimiento del bebé. Pero siempre habrá que distinguir entre los niños que tienen un CIR y los que son pequeñitos por factores genéticos.
Los ginecólogos deciden inducir o no el parto dependiendo de los resultados de los controles.
Cuando al feto no le llega suficiente alimento, además de crecer más lento, puede ocurrir que según avance el embarazo eche mano de su mecanismo de defensa y comience a transmitir a su cerebro el escaso oxígeno y los nutrientes que le llegan, sacrificando a otros órganos, que pueden empezar a fallar.
En estos casos, para evitar serias secuelas, o cuando el feto deja de crecer, se recomienda provocar el parto.
En cambio, si no existen estas complicaciones y el niño es simplemente pequeñito, se controla hasta que alcance la madurez pulmonar suficiente para respirar por sí solo fuera del vientre de la madre y se espera a que el parto comience de forma espontánea.
Los bebés de bajo peso no suelen resistir bien el estrés de un trabajo de parto largo y puede surgir una falta de bienestar fetal. Por ello, si los ginecólogos así lo consideran al tratarse de un parto muy prematuro (antes de la semana 32), harán cesárea.

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¿Y tras el nacimiento del niño?

Si un niño ha sufrido CIR en el vientre de su madre, es importante que en sus primeros años de vida se vigile bien su alimentación.
El 85% de los niños que han sufrido alguna restricción de peso en el útero recuperan la talla normal en los 2-3 primeros años de vida, un periodo de vital importancia en cuanto a su alimentación.
“Los niños poco alimentados dentro del útero, por malnutrición materna o por insuficiencia placentaria, desarrollan una forma de funcionamiento que hace que su organismo acumule grasas cuando hay alimentos, por si les falta posteriormente cuando no los haya. Una vez que nacen y cuando la alimentación ya es plena, tienden, si no se controla esto, a recuperar rápidamente el peso”, explica el Dr. Bartha.
Es el fenómeno conocido como “catch up” y es bueno que el niño lo experimente, es decir, que recupere su peso, pero vigilando el “efecto rebote”.

Cuidado con la obesidad

“Tanto la madre como el pediatra deben ser muy cuidadosos y observadores para darse cuenta, antes de que sea tarde, de si el niño está siguiendo un patrón de crecimiento inadecuado que le lleva no sólo al sobrepeso, sino a la obesidad”, advierte el especialista.

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