Hipertensión en el embarazo, las razones por las que hay que vigilarla

¿Te han detectado este trastorno durante tu gestación? Tranquila: si sigues las indicaciones que te dé tu médico lo más probable es que todo transcurra sin problemas.

hipertensión en el embarazo
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Los trastornos de hipertensión constituyen la complicación más frecuente de la gestación (con una incidencia del 5-10%) y requieren un control estricto, porque sin él pueden llegar a ser graves.

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Hipertensión, un trastorno que hay que vigilar

Se considera que una embarazada sufre hipertensión cuando la presión de la sangre en sus arterias es demasiado elevada. Concretamente, cuando la presión sistólica (la máxima, que se mide mientras el corazón bombea) es igual o superior a 140, o cuando la diastólica (la mínima, tomada en el intervalo entre dos latidos) es igual o superior a 90.

¿Por qué aparece la hipertensión en el embarazo?
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Se desconocen las causas por las que se desencadena en el embarazo, pero sí se sabe que hay unos factores de riesgo muy claros: haber sufrido hipertensión en un embarazo anterior (la probabilidad de que se repita es de entre el 25% y el 50%), tener antecedentes familiares, la edad (es más frecuente en futuras mamás adolescentes y mayores de 35 años), ser primípara (aproximadamente un 85% de las hipertensiones se desarrollan en la primera gestación) o tener un embarazo múltiple. Además, si ya sufrías hipertensión antes de quedarte embarazada (lo que se denomina hipertensión crónica), deberás poner a tu tocoginecólogo al corriente lo antes posible, porque tienes más posibilidades de complicaciones. También hay enfermedades asociadas, como la obesidad o la diabetes. Sin embargo, no siempre es así.

Difícil prevención de la hipertensión
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Puede que no tengas ningún factor de riesgo y la desarrolles. “Al no haber unas causas claras, es difícil prevenirla, pero lo que sí es importante es su detección precoz”, analiza Teresa Gómez, ginecóloga del Centro Médico Teknon de Barcelona. Generalmente, te la detectarán en un control de tensión. Para que éste sea fiable debe tomarse la tensión dos veces con un intervalo mínimo de cuatro horas. Si los resultados no son buenos, el médico repetirá la prueba a la siguiente semana, para descartar que el desfase se deba a nervios. Si se confirma la hipertensión, tu ginecólogo te hará un seguimiento más estricto del embarazo. Además de revisarte la tensión periódicamente, te realizará analíticas de sangre, controles ecográficos y de peso. De esta forma vigilará la evolución de la enfermedad.

Posibles complicaciones

Es un estado más grave de la enfermedad que afecta a entre el 3% y el 7% de las primigestas y a entre el 0,8% y el 5% de las multíparas.
Si la hipertensión se detecta hacia el final de la gestación disminuye el riesgo de preeclampsia. Cuanto antes empieza la dolencia, más grave puede llegar a ser”, explica la doctora Gómez. La preeclampsia está asociada a proteinuria (pérdida de proteínas por la orina) y puede manifestarse con síntomas como dolor de cabeza persistente, dolor de estómago o de hígado, náuseas, vómitos, alteraciones en la analítica (como una bajada de plaquetas), incremento de peso súbito, visión de manchas luminosas o edemas en pies, manos y cara. Cada persona desarrolla la dolencia de distinta forma, por lo que pueden concurrir uno o varios de estos síntomas.

Hipertensión y el estado del bebé
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La hipertensión también podría afectar al bebé, con complicaciones como retraso en el crecimiento, desprendimiento de la placenta, disminución del volumen de líquido amniótico o riesgo de pérdida de bienestar fetal. Por eso si llegas a sufrir preeclampsia, además de controlar tu evolución, el tocoginecólogo realizará al feto algunas pruebas, como monitorizaciones o ecografías, con el fin de comprobar su bienestar y que el crecimiento sea el adecuado.En raras ocasiones (una tasa inferior a 1/500) la preeclampsia deriva en eclampsia. Es el cuadro más grave que puede aparecer, amenazante para la vida de la madre y del bebé. Puede surgir desde la mitad del embarazo y el riesgo persiste hasta unos días después del parto. En la madre causa convulsiones, alteraciones en la retina, insuficiencia hepática y renal e incluso coma y en el feto puede significar un riesgo de muerte.

Medicamentos para la hipertensión

En ocasiones, si la tensión se eleva demasiado y no hay forma de controlarla, se administran fármacos antihipertensivos. También puede que te pauten una dieta para asegurar una alimentación equilibrada y reducir la ingesta de sal (sin eliminarla). Se ha comprobado que sólo con este control la hipertensión mejora bastante.

Si lo cree necesario, tu médico te aconsejará reposo relativo. Pese a que habitualmente se recomienda ejercicio moderado para combatir la hipertensión, durante el período del embarazo se ha demostrado que el reposo es muy beneficioso. Esto puede significar o no baja laboral, pero no es necesario estar en cama. Podrás hacer vida normal, sólo que tomándote las cosas con más calma y alargando los ratos de descanso.

En los casos más graves de preeclampsia o eclampsia, el único tratamiento posible es inducir el parto. Sin embargo, si es demasiado pronto para un parto prematuro, se intenta estabilizar a la madre y alargar lo máximo posible la gestación.

Medidas para tratar la hipertensión

Además de acudir a todos los controles y seguir al pie de la letra las indicaciones de tu médico, adopta estas medidas para contribuir así a la eficacia del tratamiento:
* Si tienes hipertensión crónica o eres diabética, consulta al médico que te está tratando antes de buscar el embarazo, para que vigile que la tensión arterial está bajo control y considere si es conveniente cambiarte la medicación.

* Del mismo modo, si sufres sobrepeso u obesidad debes preguntar al médico qué dieta y ejercicio puedes hacer para bajar de peso antes de quedarte embarazada.

* Informa al ginecólogo de tu condición de hipertensa en cuanto sepas que estás en estado, ve a todas las visitas para el cuidado prenatal y, si el especialista lo recomienda, controla en casa tu presión arterial y tu peso.

Hábitos saludables contra la hipertensión
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Intenta aumentar los tiempos de descanso y de sueño. Además, procura dormir sobre el lado izquierdo, para que así el útero aumentado no dificulte el retorno venoso.

Incrementa en tu dieta las frutas y las verduras: Y eleva ligeramente el consumo de proteínas (se encuentran en pescados, carnes, huevos, lácteos) para reponer las perdidas. Reduce el consumo de sal, grasas saturadas y de todos aquellos alimentos que te aporten colesterol, como los embutidos.

Deja de fumar o redúcelo al máximo: Ten presente que el humo del tabaco daña las paredes de los vasos sanguíneos y resulta muy peligroso para las personas hipertensas (además, puede dañar al bebé).

Además, reduce o elimina también el consumo de café y de té.

Por último, si a causa de la hipertensión se te hinchan las piernas y los tobillos, ponlas en alto siempre que estés descansando y cuando duermas, camina, realiza ejercicios suaves en el agua y date duchas ascendentes, desde el tobillo al muslo, con agua fría.

Tipos de hipertensión en el embarazo

Hipertensión crónica. Se manifiesta antes de la semana 20. Se considera en este caso que la paciente ya era hipertensa y no había sido diagnosticada. No desaparece después del parto.

Hipertensión gestacional. Aparece a partir de las 20 semanas. Hay una alteración en la tensión, sin ninguna otra sintomatología. Al estar relacionada con la gestación, lo habitual es que vuelva a la normalidad en las seis semanas posteriores al parto.

Preeclampsia. Es la hipertensión gestacional que, además, está asociada a proteinuria (concentración de proteínas en la orina) y puede ocasionar diferentes síntomas, como dolor de cabeza persistente, náuseas, vómitos, alteraciones en la analítica... Se manifiesta a mitad de la gestación, más allá de la semana 20.

¿Y después del parto?

La hipertensión causada por el embarazo vuelve a la normalidad tras el parto. Pero no es algo inmediato, suele desaparecer entre 6 y 42 días después. Por eso, si has tenido que medicarte es probable que el ginecólogo prolongue el tratamiento durante un par de semanas del postparto.
La hipertensión no supone ningún impedimento para la lactancia, e incluso si tuvieras que medicarte en el postparto, hay fármacos compatibles que no afectan al bebé.

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