Los cambios del cuerpo en el embarazo

Trimestre a trimestre, tu cuerpo experimentará una importante transformación por dentro y por fuera. Tranquila. Salvo excepciones, todos los cambios son normales y deseables.

 

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Nueve meses de transformaciones

La gestación es una época de grandes cambios físicos y anímicos a los que tendrás que adaptarte. Los más evidentes son los cambios físicos externos (aumento de peso, volumen abdominal y pectoral...), pero los más importantes son los que se producen cada día en tu interior.

Desde la reubicación de tus órganos vitales (que, generosos con tu futuro hijo, ceden espacio al útero) hasta la fabricación intensiva de hormonas que viajan por tu cuerpo anunciando “¡estoy embarazada!”, como las que permiten que se mantenga la gestación (progesterona), o que los tejidos se vuelvan más elásticos para poder dilatarse durante el parto (relaxina), o la que desencadena las contracciones (oxitocina), o la que provoca que se desarrollen los senos y se preparen para lactar (prolactina).

Ligeras molestias o dolores acusados

Todo esto trae consecuencias. El desequilibrio hormonal tiene efectos colaterales como molestias y dolores, principalmente en la espalda, que habrá que soportar o solucionar con remedios naturales (ya sabes que durante estos meses, cuantos menos medicamentos mejor). Y el desplazamiento de las vísceras, por altruista que sea, se va a traducir en digestiones pesadas, ardor de estómago, estreñimiento, micción frecuente, sensación de falta de aire, taquicardia, etc.

Para algunas mujeres apenas supone una ligera molestia y lo sobrellevan bien. Para otras, son problemas bastante acusados. Pues bien, para todas ellas, un consejo: una gestación bien controlada por el médico es la mejor garantía de que las molestias resulten pasajeras y de que el embarazo termine felizmente. Si tienes dudas, habla con tu tocólogo o con la matrona asignada.

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Las primeras molestias

Aunque al principio del embarazo los cambios son pocos, es posible que ya empieces a notar algunas molestias que anuncian la nueva vida que se está gestando en tu interior.

Dolor de estómago

Antes de conocer su estado, algunas (pocas) mujeres notan cierto sabor metálico en la boca y una sensibilidad especial a los olores, que se convierte en revoltijo de estómago (sin que lleguen a ser náuseas) cuando entran en la cocina, en ciertos establecimientos o al levantarse por las mañanas. El apetito disminuye y es fácil que piensen que algo que han comido les ha sentado mal.

Molestias en el útero

¿Tienes ya seis días de retraso? Es el momento de hacerte un test de embarazo para salir de dudas. Aunque no notes nada, el útero tiene ya el tamaño de una mandarina y dentro de él hay un embrión como un granito de arroz, con algo similar a una cabeza, tronco y extremidades como paletas.

Síntomas de regla

Aunque lleves unos días de retraso en la regla, tus síntomas son parecidos a los que experimentas habitualmente antes de la menstruación, así que no piensas en tu nuevo estado. Pero en breve, si observases tu vagina con un espejo, comprobarías que su color ha cambiado a azulado o violeta.

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En el primer trimestre

Al final del primer trimestre los cambios físicos externos se habrán hecho notables: la mujer pierde la cintura, se redondea el abdomen y gana peso.

Tensión en el pecho

Ésta es la zona del cuerpo que más va a cambiar en los primeros meses. Aumenta su volumen y sensibilidad (en el cuarto mes las cosas se calman), la areola se oscurece y aparecen en ella unos puntitos llamados nódulos de Montgomery . En algunas mujeres los pezones se vuelven muy prominentes. Todo ello es una preparación de las mamas para la futura lactancia.

Molestias en el aparato digestivo

En algunas mujeres las náuseas son acusadas, llegando incluso a perder peso por falta de apetito. Al final del tercer mes el estómago se asienta. Pero el útero crece y el intestino se desplaza ligeramente. Esto, junto al aumento de progesterona, que reduce la movilidad y el tono del intestino, puede ocasionar cierta pereza a la hora de ir al WC. El caso contrario, la diarrea, es rara en el embarazo. Si aparece, debes acudir al médico para controlar una excesiva pérdida de líquidos y sales minerales.

Incontinencia de la vejiga

El útero se encuentra apoyado en ella, lo que provoca una necesidad de orinar más frecuente de lo habitual (tanto de día como de noche). Si en cualquier momento notas picor o quemazón al orinar, debes ir al médico. Tu vejiga no se vacía bien y es fácil que se origine una infección. También debes consultarle si al reír, al toser o al caminar, notas pérdidas de orina.

Cambios en la piel

Desde el tercer mes del embarazo es primordial la hidratación de la piel dos veces al día. Insiste en el abdomen, en el interior y exterior de los muslos, en la zona de los riñones y en el pecho. Existe un riesgo muy alto de que por el nuevo volumen se rompan las fibras elásticas de la piel, por un exceso de tensión y por el desequilibrio hormonal de tu organismo. Si esto ocurre, aparecen unas líneas rojizas (estrías) que más tarde se vuelven blancas y que es casi imposible que desaparezcan. Mejor prevenir su aparición.

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En el segundo trimestre

Todas las mucosas están congestionadas, por eso es normal que te sangren las encías y que se te tapone más la nariz. ¿Quieres conocer todas las transformaciones que sufrirá tu cuerpo en este trimestre?

Manchas en la cara

No ocurre siempre, pero pueden aparecer manchas oscuras en las mejillas y en el entrecejo. Desaparecen tras el parto, igual que la línea oscura que va desde el ombligo al pubis. Paciencia, ahora no puedes usar cremas despigmentantes.

Presión en el estómago

A lo largo de este trimestre se comprime cada vez más. Esta presión y la menor producción de ácido clorhídrico hace que las digestiones sean más pesadas y que aumente el ardor de estómago. Todo el aparato digestivo se ve afectado por el crecimiento del útero. Las asas intestinales se desplazan hacia arriba y hacia los lados, por eso los gases se acumulan más y pueden resultar muy dolorosos. Curiosamente, los notarás entre el ombligo y las costillas.

Cambios en tu columna

A estas alturas el volumen del útero hace que fuerces la postura, curvando en exceso la zona lumbar. Los dolores en esta zona y en la dorsal son habituales. También lo es la ciática, un dolor muy invalidante que se produce por el pinzamiento del nervio ciático y que suele irradiarse del costado a la pierna. La solución es más fácil tras el parto. De momento, el calor seco y el descanso son las únicas opciones a tu alcance.

Presión vaginal

Notarás una gran presión bajo el pubis y, en algunos casos, pinchazos. Es el efecto de una hormona, la relaxina, encargada de dilatar los tejidos para favorecer la expulsión del niño. Es normal que notes un exceso de flujo blanquecino; no te preocupes salvo que éste sea de color verdoso y maloliente (infección). En tu higiene diaria, usa jabones neutros.

Aumento de peso

Es lógico que aumentes de peso, pero has de hacerlo de forma controlada. A lo largo de estos nueve meses debes engordar entre 9 y 13 kilos, según sea tu constitución y el peso con el que hayas iniciado la gestación. Notarás acúmulos grasos en la cintura, las caderas y los glúteos. Es un sistema del organismo que almacena energía para el niño y para hacer frente al parto. No uses anticelulíticos, ya que tienen un efecto vasoconstrictor y restan oxígeno a los tejidos.

Cambios de la circulación sanguínea

Tu volumen sanguíneo aumenta casi en dos litros. Si a esto añadimos que el peso del útero incide en las venas de las piernas, dificultando el retorno de la sangre, que has ganado unos cuantos (a veces bastantes) kilos y que aproximadamente retienes un litro extra de líquido en los tejidos, entenderás por qué tienes esa sensación de pesadez en las piernas y por qué se te hinchan tanto los tobillos.

Calambres en pies y piernas

Si además eres propensa a la dilatación venosa, es muy probable que empiecen a aparecer las primeras varices. Importante movilizar los tobillos con ejercicios de rotación y caminar una hora diaria para evitar el estancamiento venoso. Si la hinchazón no desaparece tras el descanso nocturno, debes comentárselo a tu médico. El problema puede estar relacionado con una tensión alta.

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En el tercer trimestre

No es un capricho del médico pedirte que te mantengas en un peso. Tendrás menos complicaciones en el embarazo, parirás mejor y te recuperarás antes.

Aumento de peso corporal

Es lógico que con 10 kilos de más se te redondee la cara, pero si notas un aumento acusado de peso en una semana y tienes las manos y la cara hinchadas, especialmente al despertarte, o si la hinchazón va acompañada de dolores de cabeza y trastornos de la vista, hay que vigilar que no se trate de un trastorno grave conocido como preeclampsia. Ve al médico.

Dificultad respiratoria

Las costillas se abren para dejar espacio al útero, pero a cambio comprimen los pulmones. Te agotarás más. El corazón, también desplazado de su lugar habitual, aumenta su rendimiento en un 20% y aparecen taquicardias. Calma. Si te pones de pie mejora el problema. Y si el niño baja y se encaja en la pelvis, también.

Presión en el diafragma

Los intestinos, al ser desplazados, empujan al diafragma haciendo que varíe el ritmo de la respiración que se vuelve más rápida y más corta. La sensación es de falta de aire y se acusa más al dormir. Acuéstate semiincorporada y realiza respiraciones profundas.

Vísceras presionadas

¡Mira cómo están ahora! Aprisionadas entre las costillas y el útero, totalmente ocupado por el niño. El intestino está sometido a la continua presión del niño, lo que provoca un acusado estreñimiento y la dilatación de las venas que se encuentran en la zona del recto (son las hemorroides). Es posible que sangres al ir al WC.

Más ganas de ir al baño

Aprisionada por el útero y apenas sin capacidad de retención, tendrás que vaciarla en múltiples ocasiones. Todo el aparato urinario está ahora comprimido y los riñones se ven obligados a filtrar un gran volumen de líquido. Si no lo hacen bien, es posible que aparezcan niveles incorrectos de albúmina en la orina (se detecta en los análisis de orina).

Pelvis dolorida

Las molestias ocasionadas por el peso del niño y la distensión de los cartílagos son acusadas. Además, el útero se entrena y aparecen las primeras contracciones: la tripa se pone dura, de forma más intensa a la altura del vello púbico. Son de corta duración e indoloras.

Calambres en las piernas

Son unos fuertes dolores en los gemelos de las piernas ocasionados por una contractura muscular (suele ser más habitual durante el sueño nocturno). Suelen estar relacionados con una escasez de calcio y potasio, pero también inciden en este problema las alteraciones en la circulación. Si aparecen, tu médico reajustará tu dieta y valorará si debes tomar suplementos minerales.

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