Así se forman los sentidos del feto

El bebé que crece dentro de ti está experimentando con sus sentidos y poco a poco saborea, escucha, percibe la luz, huele y empieza a notar vuestras caricias.

 

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Aprendiendo a sentir

Durante el embarazo y a medida que pasan los meses, la mamá va conociendo a su bebé. Lo que no sabe ella es que con el tiempo, ese pequeño ser que lleva dentro también comienza a conocerla mejor.
Con el transcurso de los días, el feto va empezando a oler y a saborear lo que su madre come, a escuchar la voz materna y hasta la música que suena en casa, a recibir sus muestras de amor en forma de caricias e incluso a detectar los cambios de luz en el mundo que rodea a su progenitora.

A partir de las 6 semanas de vida

Son muchas las hipótesis que se desarrollan en torno al despertar de los sentidos antes del nacimiento, pero lo cierto es que con apenas 6 semanas de vida, en el feto ya empiezan a formarse los órganos sensoriales, que le permitirán percatarse de infinidad de sensaciones durante la etapa intrauterina.

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El tacto

Gracias a este sentido podemos asimilar la realidad, y por ello es el primero que se desarrolla.

En la semana 6 de gestación comienzan a formarse las manitas del feto y el brote de los brazos sobresale del torso, y dos semanas más tarde empiezan a intuirse los dedos. Poco a poco la mano va tomando forma y en la semana 11 se pueden contar los 5 dedos. Los pies se desarrollan igual, pero tardan algo más.

Primeras sensaciones

Ya en el cuarto mes, las sensaciones táctiles comienzan a llegar a su cerebro. En el quinto y sexto mes es este órgano el que toma las riendas del movimiento. De esta forma, cuando el bebé roza con las paredes del útero, intenta separarse de ellas y encoge los dedos como reacción a esa sensación.
Además, es capaz de distinguir entre la textura de su piel y la del cordón umbilical, que en ocasiones aprieta y agita con sus manos, como si jugase con él. Y a partir del séptimo mes, como tal vez podrás ver en la ecografía, ¡el pequeño se chupa el dedo! Es un acto reflejo que le entrena para mamar, pero que empieza a ser volitivo (dictado por la voluntad), porque le produce placer.
Con este sentido el feto consigue tener dentro del útero conciencia de su mundo y del que está fuera. Son muchos los estudios que han demostrado que durante el embarazo el niño puede percibir las sensaciones táctiles del exterior y reaccionar cuando su mamá se acaricia la tripa o la presiona.

Muy desarrollado al nacer

Una vez que nacen, los bebés muestran una notable sensibilidad al tacto, aunque el pleno desarrollo de la percepción táctil se prolongará a lo largo de los primeros meses.
El sentido del tacto es una de las vías primordiales de relación de los padres con los hijos, de ahí que sea tan importante que una vez que tengas a tu bebé contigo y tras la larga espera, le demuestres todo tu amor a través de caricias, masajes o con el simple hecho de sostenerlo acurrucado entre tus brazos.

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El oído

Se trata de un sentido bastante complejo; aparte de permitirnos escuchar, regula el equilibrio corporal, lo cual lo hace aún más importante.

En la semana 5 dos pequeños orificios aparecen debajo de lo que será la cabeza, a ambos lados del cuello.
Con el tiempo, primero se desarrolla el oído interno y poco después el externo, con el canal auditivo y la parte superficial del tímpano. El oído medio y los huesos auditivos (martillo, yunque y estribo) comienzan a proyectarse hacia dentro.

El feto oye desde la semana 24

Algunas investigaciones han demostrado que a partir de la semana 24 el feto oye en todo momento. El abdomen y el útero de la madre son lugares bastante ruidosos.

En el día a día, el niño que va a nacer escucha los retumbos estomacales y el latido de tu corazón, pero no te preocupes, no le molestan, le proporcionan bienestar.

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La vista

Es el sentido que más tarda en perfeccionarse, el útero no es un lugar demasiado luminoso como para practicar la visión. El órgano de la vista se desarrolla a lo largo del embarazo y sigue haciéndolo tras el nacimiento y en los primeros años de vida.
En la sexta semana ya aparece la mancha de los ojos y poco después se forma la lente. Por encima crece el párpado primitivo, que hacia la semana 10 recubre el ojo y no se abrirá hasta la semana 26.

Ya registra la luz

Aunque los ojos del feto estén aún cerrados, desde el cuarto mes su retina registra la luz y es sensible a grandes estímulos luminosos. Si su madre toma el sol, los rayos le alcanzan. Por eso cuando una luz directa le perturba, vuelve la cara. Cuando sus ojos se abren, se habitúa a ver en un ambiente clarooscuro, enfocando la vista a unos 15 cm, de ahí que al nacer su radio de visión no sea superior a 25 cm.
Desde la semana 40 y hasta varias semanas después de nacer, el bebé tiene los ojos azules. Y en el último trimestre de gestación tiende a mirarse las manos, acto que tras el nacimiento reaprenderá.

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El gusto

El feto llega a convertirse en un pequeño gourmet gracias a este sentido. A la sexta semana aparece la lengua, aunque hasta el quinto mes no se completan el paladar y las papilas gustativas.

Con 22 semanas el niño, gracias al desarrollo de las papilas, comienza a diferenciar las sustancias que toma la madre y que pasan al líquido amniótico a través de la placenta.

Ya tiene sus preferencias

Pero no todo lo que prueba le agrada, su gusto es selectivo. Así, algunos estudios han demostrado que si la madre añade un poco de sacarina a su dieta, el feto comienza a tragar más líquido amniótico de lo habitual.

Por el contrario, si ingiere un aceite de mal sabor, el feto deja de tomar el líquido, gesticula y hace bastantes muecas.
Este carácter “gourmet” seguirá presente tras el nacimiento. Si al niño se le da a elegir entre agua o leche materna, succionará más rápido la leche. Y si prueba otras sustancias de sabor amargo, ácido o salado, cerrará los ojos como acto reflejo, apartará la lengua o incluso sentirá náuseas.

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El olfato

Íntimamente ligado al sentido del gusto, el olfato no funcionará hasta que el niño nazca y sus células olfatorias reciban aire. Cuando el feto alcanza la semana 26 de gestación se forman en el interior de los pulmones los alveolos pulmonares. Alrededor, los vasos sanguíneos. Tras abrirse las aletas de la nariz, sus músculos empiezan a realizar movimientos respiratorios.
Ya en la semana 30 su ritmo respiratorio ha madurado y los alveolos esperan el primer aliento en el mundo exterior. Sorprendentemente, ha aprendido a oler.

¿Puede percibir ya olores?

Y es que muchas teorías acerca del desarrollo del olfato defienden que al estar el feto en un medio acuático es incapaz de percibir olores. Sin embargo, debido a la presencia de líquido amniótico en la cavidad nasal, se consiguen respuestas electrofisiológicas con sustancias aromáticas disueltas en él durante distintas etapas de la gestación.
Cuando el bebé llega al mundo, el sentido del olfato es imprescindible para su supervivencia. Gracias a él podrá saber dónde está el pecho materno y se guiará hacia allí para alimentarse.
Cinco sentidos, nueve meses e infinidad de cambios que el feto va experimentando con un único objetivo: adaptarse a su nueva vida, que ya intuye fuera. Esa fascinante aventura en la que necesitará que sus papás le acompañen y le guíen por un camino repleto de nuevas sensaciones.

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Favorece su desarrollo sensorial

A lo largo de los nueve meses de embarazo es posible estimular algunos de los sentidos del feto, lo que con el paso del tiempo y tras su nacimiento, repercutirá de forma muy positiva en el desarrollo psicomotriz del pequeño.

- Habla con él. A partir de las 26 semanas el niño escucha tu voz, por ello es bueno que le hables o le cantes canciones. También es positivo que le llames por su nombre (si aún no tiene, puedes ponerle un mote cariñoso, como “mi bebé”). Si el papá se quiere dirigir al feto debe acercarse a la tripa y hablarle dos tonos por encima de lo normal para que él le escuche.
- Muéstrale luz. Pon una linterna sobre el abdomen y muévela: verás cómo el feto responde al estímulo, ya que un pequeño ápice de luz llega al interior. Eso sí, no sobreestimules al feto en el útero con esta técnica: es muy sensible y puede alterarse.
- Escuchad música juntos. Pon dos veces cada día tu melodía favorita (preferiblemente que sea música clásica), aquella que te relaje y te haga sentir bien. Esto ayudará a estimular la audición y el cerebro del feto. Cuando nazca, tu bebé reconocerá esa melodía y se calmará al oírla, lo que le hará conciliar mucho mejor el sueño.
- Acaríciate la barriga. Si lo haces, mediante el calor, el movimiento y la vibración, el niño sentirá tu mano y en ocasiones responderá a tus muestras de cariño moviéndose bruscamente o tranquilizándose si estaba nervioso o alterado.

... pero en condiciones

Practica esta estimulación dos veces al día como máximo y en periodos que no excedan los 10 minutos, para no agotarle. Y es mejor realizar estos ejercicios una hora y media después de comer, para que así el niño esté cómodo y se mueva.

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