La primera ecografía del embarazo

Mediante las ecografías, inocuas para ti y para el niño, el médico podrá valorar la evolución de tu hijo a lo largo de la gestación. Descubre todo sobre la primera que te harán.

Tal vez nunca te hayas parado a pensar por qué, al menos en un aspecto, eres más afortunada de lo que lo fue tu madre cuando estaba embarazada de ti. La respuesta se llama ecografía.

Esta técnica relativamente reciente de diagnóstico prenatal permite obtener imágenes del embrión o del feto dentro del útero mediante ultrasonidos, con la finalidad de controlar su evolución durante la gestación.

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Los ultrasonidos rebotan contra un objeto sólido, en este caso el bebé que esperas, y el tratamiento informático de los datos obtenidos construye una imagen que se muestra en un monitor. Es una técnica de exploración cómoda, sencilla, fiable e inocua para ti y para tu hijo.

Para obtener la “eco”, el ginecólogo maneja el transductor, un instrumento que lleva el cabezal emisor y receptor de los ultrasonidos y que tiene distinta forma dependiendo de que la ecografía sea transvaginal o abdominal.

Mientras tú estás tumbada en la camilla, él lo desplaza por la zona que quiere examinar. En unos casos será la vagina (ecografía transvaginal) y en otros el abdomen (ecografía abdominal).

En ambos casos se aplica un gel conductor que facilita la transmisión. Si es abdominal, te lo untará en la tripa y lo notarás muy fresquito.

ASÍ ES LA PRIMERA ECOGRAFÍA DEL EMBARAZO

Este primer control ecográfico se realiza por vía vaginal entre las 11 y las 13 semanas de gestación.

El médico introducirá con cautela el transductor (que mide 2 cm de diámetro y está cubierto con un protector de silicona o de caucho) dentro de tu vagina para acceder de forma directa al útero y a los ovarios, lo que permite un estudio más detallado, por proximidad, de los primeros momentos de la gestación.

  • ¿Qué ve tu médico? En esta ecografía, además de estudiar el útero y los ovarios, observará si el embrión está bien ubicado y si hay más de uno. También medirá su translucencia nucal (grosor del pliegue nucal), que guarda mucha correlación con la salud del bebé. Permite comprobar si el feto tiene un riesgo elevado de anomalía cromosómica (síndrome de Down, por ejemplo). Si fuese así, te daría la opción de someterte a una amniocentesis para descartar alteraciones en los cromosomas. Además, con la ecografía medirá el tamaño del fémur y del húmero y descartará alteraciones en los órganos internos.
  • ¿Qué ves tú? Un “renacuajo” que mide entre 4 y 8 cm. Puedes distinguir su abdomen, la cabeza, el corazón, la vejiga y otras estructuras corporales. Además, cuando escuches por primera vez los latidos de su corazón comprobarás que va como una moto. Y es que la frecuencia cardiaca del feto es el doble que la de un adulto: entre 120 y 160 pulsaciones por minuto.

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