¿Qué indican los análisis del embarazo?

Tienes que hacértelos en ayunas y, como mínimo, uno cada trimestre. ¿Una pesadez? Es posible, pero son vitales para controlar que el embarazo va bien.

Durante la gestación te harán varios análisis de sangre y orina que tu ginecólogo interpretará, ya que no son iguales los valores analíticos de una embarazada que los de una mujer que no lo está.

En muchos casos los resultados van directos a la consulta del médico prescriptor, pero si te los haces en un laboratorio fuera del centro, te los entregarán en un sobre cerrado. Si no has resistido la tentación y lo has abierto, verás algunas cifras disminuidas, otras desorbitadas. No las compares con otras previas, en el embarazo todo cambia.

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El primero, determinante

Aunque sea evidente, el primer análisis de sangre sirve para cuantificar la gonadotropina coriónica humana (HCG son sus siglas en inglés), una hormona que se quintuplica a la semana de la concepción y que se duplica cada pocos días hasta el tercer mes de embarazo. Su presencia en niveles elevados no ofrece duda de embarazo, ya que esta hormona la genera el diminuto ser que se está gestando en tu interior.

En este análisis también se determina el grupo sanguíneo y el Rh, los niveles de hormona tiroidea y la presencia o no de anticuerpos de rubeola, toxoplasmosis, sífilis, citomegalovirus y VIH. Estos datos son necesarios para establecer si tu gestación va a ser considerada de riesgo o no. Además de conocer, por supuesto, la cantidad de glóbulos rojos, blancos, colesterol, triglicéridos, glucosa, calcio, hierro, etc.

Los datos van cambiando

Según avance el embarazo, las cifras de los análisis cambiarán. Debido a que el volumen de plasma aumenta entre un 30% y un 50% en la gestante, es fácil que a partir de la octava semana el recuento de glóbulos rojos baje y que los valores de hemoglobina (la proteína que da el color a la sangre y que transporta el oxígeno) y el hematocrito (porcentaje de glóbulos rojos en sangre) disminuyan.

Este hecho podría interpretarse como anemia. Pero en tu caso es una bajada ficticia, ya que al haber más plasma, el porcentaje baja por estar diluido.Un ejemplo: si una mujer puede tener entre 37% y 48% de hematocrito y entre 12 y 16 g/dl de hemoglobina, en una embarazada es normal tener hasta 33% de hematocrito y 11 g/dl de hemoglobina. Por debajo de estos valores sí se consideraría anemia.

Otra cifra chocante: tus glóbulos blancos (encargados de la defensa del organismo) estarán aumentados. Si lo habitual para una mujer es tener entre 5.000 y 10.000 células por milímetro cúbico de sangre, en tu estado puedes tener 15.000 células por mm3 y hasta 20.000 mm3 el día posterior al parto. Tranquila, porque no indica que tengas una infección, salvo que durante los días siguientes se superen, tengas fiebre y los loquios (pérdida sanguínea tras el parto) huelan raro.

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Metabolismo acelerado

¡Ay, el colesterol! No te extrañe que en el segundo trimestre tengas 250 de colesterol total y en el último mes, hasta 270 mg/por cada 100 ml de sangre. Y si vas a los triglicéridos, pasarás de los 80 mg/dl del primer análisis a los 220 mg/dl en la analítica previa al parto, cifra que se mantendrá hasta seis semanas después de dar a luz.

Has de saber que estos valores no son problemáticos; responden a un mecanismo natural del organismo femenino, que realiza esta provisión de grasas para que puedas dar de mamar al niño (el colesterol de las madres que dan el pecho baja con mayor rapidez que el de las que no lactan).

Una curiosidad sobre la glucosa: en los primeros meses la glucosa basal suele estar más baja que la de las mujeres no embarazadas, casi un 10% menos (algún mareo tiene su origen en esta bajada), pero a partir del segundo trimestre se produce un aumento. Para conocer este dato, entre las semanas 24 y 26 te harán un análisis, el test de O’Sullivan, y si éste está alterado, la curva de glucosa.

Otros más especiales

Entre la semana 15 y la 18 te indicarán un análisis que se conoce como triple screening o de múltiple marcador y que permite conocer el riesgo que tiene el niño de padecer anomalías cromosómicas. En este análisis se valoran la alfafetoproteína, la beta HCG y el estriol.

Además, mediante una ecografía se mide el pliegue nucal del niño. La valoración de todo ello, más la edad materna y sus antecedentes, ofrece un indicio de riesgo que puede aconsejar realizar o no una amniocentesis (punción y extracción de líquido amniótico para su análisis).

Está previsto que en 2013 se comercialice en España un test de diagnóstico prenatal que detecta trisomías del cromosoma 21 (síndrome de Down) y de los pares 13 y 18, mediante un análisis de sangre a la madre. La técnica tiene un índice de detección del 99% y está indicada desde la semana 10 de embarazo.

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