El feto durante el embarazo

Se sobresalta cuando oye un ruido. Tu voz le calma. Le molesta la luz intensa... ¡La vida de tu hijo durante el embarazo es muy activa! Te la mostramos.

Estando embarazada de cinco meses fui a la boda de un amigo. Tras la cena empezó el baile. Aunque pasé casi todo el tiempo sentada y al poco me fui, sí estuve lo suficiente como para empezar a notar unos enérgicos movimientos en mi vientre. Al llegar a casa los movimientos se habían convertido en patadas, que no me dejaron dormir.

Publicidad - Sigue leyendo debajo

Poco después leí que un doctor relataba cómo varias de sus pacientes embarazadas habían dejado de ir a conciertos porque sus hijos reaccionaban agitadamente. ¿Mi pequeña se estaba quejando ante tanta música alta? No lo sé, pero algo quiso señalar y muy claramente.

Unos meses fundamentales

Hoy sabemos que el feto tiene una vida mucho más activa de lo que se pensaba y que estos nueve meses son importantísimos para él. De hecho, la gestación es una etapa muy significativa en nuestra vida. Condiciona nuestro temperamento y nos predispone a buena parte de las enfermedades de la edad adulta.

Dicho de otra forma: cuando tu hijo nace, lo hace con una maleta llena de información. Y la principal fuente de esa información eres tú, su madre. No sólo alimentas con nutrientes a tu hijo, también le transmites sensaciones y emociones. El bebé participa de la vida dentro del útero y lo hace junto a ti, estableciendo un vínculo único.

“Todo lo que inhale, coma o experimente la madre le llegará al bebé”, resume el psiquiatra Thomas Verny en su libro “La vida secreta del niño antes de nacer”. Las hormonas (a través de la placenta) transportan esa información, como tu estado de ánimo: si estás feliz, tu hijo se llenará de endorfinas; si estás estresada, aumentarán los niveles de cortisol en tu sangre y él lo notará.

“Los bebés son como esponjas, superdotados para la percepción de emociones”, explica Ibone Olza, psiquiatra infanto-juvenil del Hospital Puerta de Hierro Majadahonda de Madrid. Pero no te agobies pensando que cualquier preocupación repercutirá en tu hijo. Sólo le afectarán los sentimientos constantes y profundos, como la ansiedad o el estrés crónicos. Además, aunque perciba tus inquietudes, lo principal son tus sentimientos hacia él.

Publicidad - Sigue leyendo debajo