Tu aliada en el paritorio

Cuando llegues al hospital donde nacerá tu hijo comprobarás la importancia de la matrona: ella sola se puede encargar de todo el proceso del parto normal, sin que intervenga el obstetra (que sí lo hará en caso necesario).

“Lo primero que debe hacer es recibir a la mujer con cariño y darle confianza. De ella y sólo de ella depende este proceso”, recuerda Ramos.

De hecho, el parto genera en la futura mamá una situación emocional tan intensa que exige la misma atención que el bebé que está naciendo.

Tras el ingreso, la comadrona te examina para comprobar que estás de parto y te aloja en la habitación o en la sala de dilatación, encargándose de todos los aspectos técnicos y de atención psicológica durante este periodo. Realiza el tacto vaginal para saber cuánto estás dilatando y controla tus contracciones y las pulsaciones del bebé con la monitorización fetal.

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También examina la bolsa de líquido amniótico para comprobar su color (verdoso, transparente...) y actuar en consecuencia. Si has solicitado anestesia epidural, avisará al anestesista. Ella es la responsable de evaluar los factores de riesgo y detectar cuanto antes cualquier problema, ya que normalmente en esta primera etapa el tocoginecólogo aún no está presente.

En la fase de expulsión su labor es aún más importante, y no sólo como apoyo al tocoginecólogo. “Hoy muchos partos se resuelven entre la mujer y la comadrona, sin que intervenga el médico”, recuerda Cristina Martínez.

Estas enfermeras especializadas saben cómo ayudar a la parturienta a hacer los pujos durante el descenso del niño, reciben al bebé, comprobando que el cordón umbilical no está anudado en su cuello, y pueden realizar intervenciones menores como la episiotomía y su posterior sutura. Es decir, la matrona tiene todas las competencias para asistir a un parto normal. Sólo en caso de complicación (parto con instrumental, cesárea...) ha de dejar paso al obstetra.

Después, apoyando al neonatólogo, que aparece para examinar al bebé, la matrona puede encargarse de lavar al recién nacido, aspirarle las flemas y abrigarle con una toalla caliente para que no coja frío.

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