Diabetes e hipertensión

Hay que diferenciar la enfermedad genética, la hereditaria y la congénita.

Cuando están implicados varios genes que hacen que se desarrolle la enfermedad, o que haya más posibilidades de desarrollarla, se dice que es genético porque hay una predisposición.

Si hay variaciones de genes que están en el origen de la enfermedad, pero se desarrolla solo en un individuo y las alteraciones genéticas están forzadas por distintas circunstancias, puede ser hereditaria.

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Cuando se nace con ella sin que intervegan factores externos que propicien el desarrollo de la enfermedad, se dice que puede ser congénita.

DIABETES

Las mujeres embarazadas que son diabéticas deben llevar un control médico más exhaustivo porque las cifras de glucosa deben mantenerse equilibradas.

En caso de diabetes, pueden aumentar las posibilidades de aborto, parto prematuro, infecciones maternas como la cistitis, hipertensión y macrosomías (bebés extremadamente grandes).

En el caso de la diabetes gestacional, los riesgos no son tan graves, pero se deben seguir las recomendaciones del ginecólogo.

HIPERTENSIÓN

Tanto las mujeres de que padecen hipertensión antes del embarazo como las que la desarrollan durante la gestación, deben cuidar al máximo su salud porque los riesgos para el feto pueden ser graves.

Cuando a la hipertensión se suma la pérdida de proteínas en la orina hablamos de preeclampsia, una situación peligrosa que se acompaña de edema en las manos y la cara y aumento de peso repentino (medio kilo o más en un día).

Si no se trata a tiempo, la madre puede padecer daños vasculares o en el sistema nervioso, y el feto puede tener retrasos en el crecimiento o consecuencias más graves por el aumento del riesgo de desprendimiento prematuro de la placenta.

Hoy en día, las consecuencias de la hipertensión de la embarazada han disminuido mucho debido al seguimiento y control durante la gestación.

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