Enfrentarse a la presión social

Enfrentarse a la presión social

Por otro lado, sucede muchas veces que cuando la pareja tiene la expectativa de una vida de “familia con hijos”, se proyecta al futuro con esa única idea de familia.

En esos casos, la presión del entorno aumenta su frustración y su tristeza. “Todo tu entorno tiene niños y tú te dices: ‘tengo que tener hijos; los tengo que tener’. Sientes que no encajas con amigos que son padres.

Publicidad - Sigue leyendo debajo

Ves embarazadas y niños en cualquier sitio y a veces sientes hostilidad; el mundo se convierte en un lugar fértil del que te sientes excluida”, dice Rocío, mientras Luis asiente.“Aún así, yo tenía claro que no quería salir tocada de esta experiencia –continúa–, y los dos luchamos contra eso.

Seguíamos celebrando los cumpleaños de nuestros amigos, íbamos a conciertos, salíamos a menudo... No dejamos que nuestro problema de infertilidad lo ocupara todo y nos impidiera disfrutar de la vida.”

Un fracaso y un éxito

Durante el tratamiento se viven grandes altibajos emocionales. Al iniciarlo hay una gran excitación y esperanzas de éxito, y a esto le puede seguir la desilusión si no se consigue.

Estos problemas se atenúan cuando los dos miembros se involucran y reciben información sobre las posibilidades de éxito. “Nos pareció importante tomar conciencia de que el tratamiento podía no dar resultado y barajar otras alternativas, como la adopción –comenta Luis–; eso nos ayudó a sobrellevar la tensión.”

“Y Luis puso especial interés en elegir un centro con garantías, que es tanto como decir con un alto porcentaje de éxito”, añade Rocío.

Se calcula que en cada ciclo de intento, un 30% de las parejas consiguen el embarazo. “Nosotros pasamos sólo un ciclo de tratamiento, que desgraciadamente terminó en aborto a las diez semanas.

Fue terrible, nuestro peor momento, sentíamos que todo era un fraude. Me vine abajo y Luis tomó las riendas y decidió: paramos cuatro meses y en septiembre volvemos a intentarlo. Eso nos animó porque volvíamos a tener un proyecto”, cuenta Rocío.

“Después del aborto nos fuimos de vacaciones, ya más relajados, y lo pasamos fenomenal. Cuando volvimos ¡estaba embarazada de siete semanas! Ambos vivimos el embarazo con mucha prudencia, por la decepción anterior, pero hoy tenemos una niña preciosa de un año.”

Publicidad - Sigue leyendo debajo

En el caso de Rocío y Luis, la situación no socavó las bases de su relación. El eje de su triunfo: iniciar el proceso de mutuo acuerdo, tener claro que el tratamiento era de los dos y seguir juntos ese camino.

También fue acertado mantener una buena comunicación entre ellos (incluyendo el terreno sexual), tomarse periodos de distensión y permitirse otros de tristeza y ansiedad, sin que estos llegaran a bloquear su vida.

Fueron conscientes de que eran sentimientos normales, y comprobaron que el apoyo mutuo les ayudaba a superarlos.

Publicidad - Sigue leyendo debajo